Antena de telecomunicaciones - Pixabay

El teléfono móvil. Lo usamos a todas horas: para trabajar, para descansar, para ver, para escuchar. Atrás quedan los noventa o los dos mil, en los que necesitábamos decenas de aparatos distintos para poder hacer todo lo que hoy nos permite un solo smartphone. Sin embargo, ¿sabemos cómo funcionan?

Aunque a lo largo de los años, los dispositivos han evolucionado y adquirido más prestaciones, no hay que olvidar el propósito con el que nacieron: hacer llamadas telefónicas. Para que esto sea posible, es necesaria una infraestructura de telecomunicaciones de la que normalmente, no somos conscientes. Nos imaginamos sofisticados satélites o antenas en postes elevados a decenas de metros que irrumpen en el horizonte urbano, sin embargo, las instalaciones que permiten las llamadas móviles pueden estar en el tejado de su propio edificio.

Cuando realizamos una llamada, la antena de nuestro móvil se comunica con la antena o estación base más próxima, las que se sitúan, por ejemplo, en los edificios altos de las ciudades. De aquí, la señal pasa a un switch, que redirige el paquete de datos codificados en 0 y 1 a otras estaciones base. Entre estas, se elige la más próxima al destinatario de la llamada. Todo esto, ocurre en tan solo unos segundos.

Cada antena, soporta una cantidad de llamadas limitada, y tiene un alcance específico. Por ello, en las ciudades, donde el tráfico de usuarios móviles es mucho más alto que en las zonas rurales, se requiere una mayor cantidad de antenas. Los edificios altos que poblan las ciudades se convierten en el mejor sitio para instalarlas. Seguramente, cada día esté pasando por debajo de varias de ellas sin darse cuenta.

Solo en el entorno de la Purta del Sol de Madrid encontramos más de diez antenas diferentes. En la Plaza de Cataluña de Barcelona hay instaladas hasta 20 antenas. En Zaragoza, en las inmediaciones del Paseo Independencia también hay cerca de una decena de estos dispositivos. Se pueden consultar las localizaciones de todas las antenas en la página web del Ministerio de Economía y Empresa. Además, el portal permite obtener información de la compañía operadora, los niveles de radiofrecuencia, la banda o la inclinación.

Instalar antenas en las comunidades de vecinos se ha convertido para muchos en una fuente de ingresos para reducir los gastos de la escalera. No obstante, Facua advierte de la necesidad de un estudio técnico independiente que garantice que el edificio aguanta el peso de la antena. La asociación también informa en su página web de los derechos de los vecinos y de los procedimientos y cuidados a seguir si un operador se interesa por nuestro edificio.

Las antenas y sus pantallas no emiten normalmente hacia todas las direcciones. La mayoría de ellas se centran en un área de alcance concreto limitada en lo vertical y en lo horizontal. Normalmente, las pantallas están inclinadas ligeramente hacia el suelo, para cubrir el área de forma efectiva. Las antenas poblan las ciudades, y han surgido movimientos que denuncian sus posibles efectos nocivos.

La International Agency for Research on Cancer ha señalado la radiación electromagnética no ionizante, la que producen las antenas de telefonía móvil, como agente cancerígeno de categoría 2B. Esto quiere decir que se ha identificado una correlación entre estas emisiones y la enfermedad en estudios con animales. Sin embargo, no existen motivos reales probados para la alarma. Los estudios con animales no se han podido realizar con tiempos equivalentes reales, y no justifican que en humanos tengan la misma incidencia.

Otras voces señalan que la proximidad a las antenas de telefonía estaría detrás de problemas de insomnio o cefaleas. Nuevamente, no existe evidencia científica alguna de que las emisiones de las antenas telefónicas sean perjudiciales para la salud de las personas. Además, los expertos del sector recuerdan que la exposición a esta radiación es muy limitada debido a la propia orientación de las antenas: habría que vivir cerca y en frente de una para que su radiación nos llegara de forma directa.

Para profesionales del sector, que haya más antenas permite que la antena del teléfono móvil, que es la que tenemos junto a nuestra cabeza, tenga que hacer menos esfuerzo para establecer la conexión. Por tanto y pese a lo que se pudiera pensar, más antenas pueden hacer que recibamos menos radiación directa. Este «esfuerzo» que la antena de nuestro teléfono tiene que hacer para establecer conexión con antenas lejanas se nota especialmente en las zonas rurales, resintiendo notablemente además la batería del terminal.

Las antenas son una parte necesaria en nuestro sistema actual de telecomunicaciones. Ahora ya sabes como funcionan y donde están. La próxima vez que llames por el móvil, no olvides que será gracias a ellas.

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