Ecoaldeas: un modo de vida en contacto con la naturaleza

La ecoaldea de Pennine, en Scammonden, Inglaterra. Foto de Humphrey Bolton. Licencia Creative Commons

 

El diccionario Oxford eligió el término «microplásticos» como palabra del año 2018. La intencionalidad reivindicativa y la preocupación ecológica que motivaron esa elección a finales del año pasado sentaron los precedentes de un movimiento que en pleno 2019 parece avanzar con más fuerza que nunca.

La cuestión ecológica cada día ocupa más espacio en la agenda pública internacional, y las reivindicaciones que inició la estudiante sueca Greta Thuntberg (que se materializaron en España con la huelga ecológica del día 15 de marzo) y las medidas que proponen los políticos estadounidenses del Green New Deal son muestras de ello. De manera paralela a estos fenómenos, numerosas comunidades en todo el mundo han decidido pasar a la acción para desarrollar un modo de vida sostenible, en las llamadas ecovillages ecoaldeas.

¿Qué es una ecoaldea?

A grandes rasgos, una ecoaldea (o ecovillage, en inglés) no es más que una comunidad conformada por miembros que persiguen encontrar un modo de vida que cause el menor impacto ambiental posible. La Global Ecovillage Network, que es la red de ecoaldeas más grande del mundo, presenta la siguiente definición:

An ecovillage is an intentional, traditional or urban community that is consciously designed through locally owned participatory processes in all four dimensions of sustainability (social, culture, ecology and economy) to regenerate social and natural environments.

Una ecoaldea es una comunidad intencional, tradicional o urbana organizada de manera consciente a través de procesos de participación local que regulan las cuatro dimensiones de la sostenibilidad (social, cultural, económica y ecológica) para regenerar los ambientes sociales y culturales. 

Sobre estos pilares, se han levantado numerosas comunidades con sus particularidades: mientras que algunas solo buscan el establecimiento de modelos sostenibles, otras muchas indagan en la espiritualidad o abrazan la medicina alternativa. A parte de esgrimir esta definición, la Global Ecovillage Network  (GEN) establece una distinción entre comunidades tradicionales, que desde siempre han compartido los valores en torno a los cuales se vertebran las ecoaldeas, y comunidades funcionales, fruto de la iniciativa de un grupo dispuesto a abrazar este modo de vida.

Uno de los primeros exponentes de este segundo grupo lo encontramos en la cooperativa de Miccosukee Land, en Florida, fundada en el año 1973 por James Clement y Anna Coble Van Pelt y Chris y Carol Headley. En 140 hectáreas de terreno, los habitantes establecieron un modelo que reconocía la propiedad privada de la tierra sobre la que se encontraban las casas y también el carácter común de la mayor parte del terreno, cuya explotación y beneficios se compartían. A día de hoy, todavía existe esta comunidad de amigos del país (denominación que empleó la propia cooperativa) que el año pasado cumplía medio siglo de existencia. Sin embargo, estos proyectos de vida en común vienen de mucho tiempo atrás.

Modos de vida en común

De manera innata, el ser humano siempre se ha organizado en comunidades. Sin embargo, con el desarrollo de la Revolución Industrial estos modos de vida se fueron diluyendo con el crecimiento de las ciudades y el progresivo éxodo rural que se intensificó en la segunda mitad del siglo XX.  Como reacción al nuevo modelo de vida urbano, surgieron propuestas a favor del retorno al campo y al modo de vida en común. Los denominados socialistas utópicos, entre los que destacan Saint-Simon, Charles Fourier y Robert Owen, abogaban por la creación de sociedades igualitarias con mejores condiciones de vida para la clase obrera.

Mientras que Fourier teorizó acerca de los falansterios, establecimientos agro-comerciales que generarían beneficios compartidos por todos sus habitantes, Owen propuso la creación de granjas colectivas de características similares, a la vez que mejoraba las condiciones laborales de los trabajadores de su fábrica. Las ideas del socialismo utópico tendrían una fuerte influencia en el movimiento obrero, y más especialmente dentro del movimiento anarquista, que encuentra sus principales ideólogos en Proudhon o Bakunin.

Ilustración de un modelo de falansterio. Fuente: Biblioteca Nacional de España

Sin embargo, los auténticos antecedentes del actual fenómeno de las ecoaldeas los encontramos en las experiencias derivadas del neorruralismo que se extendió por Europa y Norteamérica como una de las ideas contraculturales que se popularizaron tras los acontecimientos de Mayo del 68. Este deseo de volver al campo no tenía motivos económicos; los partidarios de este movimiento Back to the Land buscaban una mayor calidad de vida en un entorno alejado de las sobrepobladas y contaminadas ciudades. Muchas de las comunas que se fundaron se ajustaban al ideal de vida de la cultura hippie, y también surgieron movimientos religiosos y sectas que se establecieron en el campo.

De las estrellas a la tierra

El astrofísico estadounidense Robert Gilman es el principal ideólogo del movimiento de las ecovillages,  y fundador junto a su mujer de la revista In Context y el Context Institute, destinados a la investigación y difusión de ideas ecologistas. Tras trabajar 25 años para la agencia espacial estadounidense, Gilman pensó que «las estrellas podían esperar, pero el planeta no» y fue desarrollando un ideario que expondría en su artículo ¿Por qué ecoaldeas? que presentaría dentro del ciclo de conferencias Ecovillages and sustainable communnities: models for the 21st century del año 1995, celebrada en las instalaciones de la Fundación Findhorn, en Escocia.  En su ponencia, Gilman se refirió a las ecoaldeas de la siguiente manera:

«una ecoaldea es la escala humana», o sea, un lugar donde conoces a los demás, un «asentamiento integral», no sólo una estructura de viviendas, agrícola o empresarial sino todo ello a la vez, un asentamiento donde las actividades humanas están integradas en el medio natural de manera inocua.

Esta conferencia albergaría también ponencias de otras figuras importantes en el movimiento, como la activista Glen Ochre o la  directora de la Sociedad Internacional para la Ecología y la Cultura Helena Norberg Hodge. Ese mismo año, se creó la Global Ecovillage Network, la principal red de ecoaldeas a nivel mundial, cuya base de datos alberga información de más de diez mil ecoaldeas en todo el mundo. El organismo funciona como nexo común entre comunidades de todos los tipos: ecologistas, partidarias de la vida en común, religiosas… De entre las numerosas tipologías, cabe destacar las transition townemplazamientos que si bien aún no son totalmente sostenibles, están en proceso de convertirse totalmente en ecoaldeas.

Mapa que muestra la distribución de las ecoaldeas registradas en la Global Ecovillage Network. Fuente: Global Ecovillage Network

Pese a la variedad de visiones y estructuras presentes en las comunidades que integran la red, existen tres características comunes en todas ellas, según la Global Ecovillage Network:

  1. La existencia de sistemas de participación rotatorios.
  2. La integración de los aspectos sociales, culturales, económicos y ecológicos en modelos que persiguen la sostenibilidad total.
  3. La restauración y regeneración de los ambientes sociales y naturales.

Ecoaldeas en España

La Red Ibérica de Ecoaldeas (RIE) , que incluye aldeas también de Portugal, celebró su asamblea fundacional en el año 2011 y a día de hoy cuenta con 13 comunidades miembros y otras tantas aldeas y asociaciones colaboraciones. Con ideales similares a los de la GEN, la RIE no busca solo crear un modelo de comunidad sostenible, sino elaborar un proyecto que también cambie el modelo social existente hacia uno nuevo basado en la cooperación . En uno de los vídeos promocionales de la RIE, Kevin Lluch, miembro de la ecoaldea Los Portales, que se encuentra en Sierra Morena, dice lo siguiente:

La comunidad o la ecoaldea es un gran laboratorio en todo lo que concierne a la dimensión social. Lo social quiere decir: cómo nos estructuramos, cómo nos gobernamos como grupo. Y eso realmente es un laboratorio en el que aprendemos todo a desarrollar nuevas habilidades, nuevas formas, nuevas estructuras para manejar nuestros grupos de una manera creativa y de una manera satisfactoria para todos nosotros.  

La mayoría de las ecoaldeas de la RIE se encuentra o bien en el norte de la península (como Arterra Bizidomu en Navarra o Amalurra Arcentalles en Bizkaia) o en la zona del sur (Calabacino Alájar en Huelva, Amalurra Caparacena en Granada o Los Portales en Sevilla). Con todo, en el este Madrid se encuentra la Ecoaldea de Valdepiélagos. Victor Torre Vaquero, uno de sus fundadores, cuenta que la comunidad la crearon un grupo de amigos de la ciudad de Madrid hace ya 25 años, con el objetivo de intentar llevar una vida lo más ecológicamente posible y tener una buena relación entre ellos. Además, opina que progresivamente el humano irá adaptándose a este modelo, pues el número de proyectos en esta línea va en aumento, pese a la falta de interés de los medios de comunicación. Acerca de los beneficios de la vida en ecoaldeas, afirma:

Una vida de baja huella ecológica contribuye a frenar el cambio climático y, en general,
el cuidado de los espacios donde vivimos redunda en una mejor calidad de vida.

Ecoaldea de Valdepiélagos, en Madrid. Fuente: Wikipedia. Licencia Creative Commons.

En un futuro ennegrecido por la contaminación y los efectos del cambio global, quizá las ideas de la comunidad neorrural de los años 70 o las de los ecoaldeanos adquieran la relevancia que para los miembros de la RIE y la GEN siempre han tenido. No sabemos si el futuro será de las ecoaldeas, pero está claro que será verde (o no será).

 

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