Las redes sociales y el camino hacia la desconexión digital

Las redes sociales han pasado de convertirse en lugares de desconexión donde podías expresar todo aquello que no era permitido en el mundo "no digital" a producir el efecto contrario. Cada día son más los usuarios que deciden ocultarse en el anonimato por miedo a represalias. Un miedo que termina desembocando en la autocensura, la antítesis de lo que en su día fue la idiosincrasia de las redes

La llegada de las redes sociales a la sociedad contemporánea ha creado un nuevo estudio. Un estudio basado en cómo los usuarios se han amoldado a un nuevo estilo de vida. Hablamos de la variación de los comportamientos que se plasmaban en la red en comparación a aquella identidad que se tenía fuera de esta, en el mundo «no digital». Entender las redes no es sencillo. Describirlas tampoco. Desde redes de contactos e información hasta conexiones globales que facilitan la búsqueda de empleo. 

Fue allá, a principios de siglo, cuando se comenzaron a observar los primeros vestigios de una nueva época digitalizada. Cuando, tecnológicamente, nos íbamos deshaciendo de los conceptos inalcanzables e inteligibles, las redes pusieron la guinda a un cambio completo de la mano de las nuevas tecnologías. Accesibilidad y sencillez fueron las palabras que marcarían la línea a seguir dentro del proceso innovador en el que nos encontrábamos. Un proceso que desembocó en el punto actual, las redes de comunicación. Las redes sociales.

Para entenderlas, debemos cambiar la manera en que comprendemos, hoy en día, el concepto de redes. Retrotraernos al pasado. Entendámoslas como el oasis dentro de la vida cotidiana. Un lugar donde la desconexión con tu presente era posible gracias a la existencia de estos espacios. Espacios inundados de libertad de expresión (mucho más que de información), fácilmente utilizables. El bloc de notas o las fotos que cuelgan en el corcho de tu habitación, pero públicas. El pensamiento de que tu información, tus pensamientos, tus ideas o tus comentarios jocosos solo quedarían accesibles a aquel grupo de personas que las entenderían. Y sí, los tuyos. La utilización del posesivo para entender lo que simboliza la restricción de tus pensamientos. Nos encontrábamos en un mundo donde no se planteaba la desconexión digital, sino la utilización de las redes como desconexión del mundo terrenal, como si de una disertación filosófica se tratase.

Sin embargo, nada es alternativo si lo hacemos todos. Nada es privado si lo compartimos en un mismo lugar. Si existe un espacio común visto por todos, no será privado para nadie. Aquí encontramos la existencia de la huella digital. O, mejor dicho, cómo el rastro que se deja en internet sobre tus pensamientos o razonamientos pone en riesgo la libertad de expresión, la máxima idiosincrasia de lo que en su momento fue este oasis con la realidad.

Entendiendo mejor este concepto, con la entrada en juego del análisis de redes sociales y aceptación popular por parte de aquellos que serán decisores de tu vida laboral, aparece la restricción de la libertad de la expresión. Se llega, pues, a un punto determinante en la evolución de las redes sociales: la autocensura. Esta, tan necesaria para unos para el funcionamiento de la sociedad o como reclusión contranatural de ideas para otros.

Discutible o no, parece ser que existe un sentimiento general en la búsqueda de nuevas maneras para garantizar el anonimato en caso de no querer hacer frente a las consecuencias del conocimiento público. Creación de cuentas secundarias, dejando la principal con un aspecto más profesional y público para no “llamar la atención” de manera negativa, cuentas privadas, links ocultos… Nuevas maneras no tan novedosas, pues solo buscan retornar al momento en el que las redes sociales tenían esa misma razón de ser.

Pasando al apartado más estadístico, según el informe de este año 2021 por parte de IAB Spain, el 81% de los usuarios de redes sociales lo eran debido a que buscaban entretenerse, ya sea mediante contenido multimedia, juegos o publicando contenidos. El 72% y 66%, respectivamente, afirmaban que la finalidad principal era la interacción con otros usuarios y la información, como amplio concepto. Llama la atención que solo el 25% de los encuestados se encuentran en la red para seguir el mercado laboral. Siendo de respuesta múltiple esta pregunta, destacamos que, dentro de este porcentaje, un 72% buscaba empleo y un 70% para fines profesionales o de estudio.

En otras palabras, un 25% se encuentra en la red con el objetivo principal de obtener un rédito profesional. El resto, pese a no tener ese objetivo, no se escapa de que sus actos online sigan siendo analizados por las empresas. Siguen teniendo respercusiones.

La existencia de un análisis previo de las redes sociales que repercute fuera de estas, en el mundo «no digital» reduce, a mínimos, la veracidad, la libertad y los aspectos fidedignos de los perfiles en redes sociales. Se pone en duda el carácter representativo de la sociedad de los perfiles en redes sociales.

Y no nos olvidemos, unas redes sociales aparentemente gratuitas pero con una inapelable necesidad de acumular datos para dirigir una publicidad precisa, adaptada a todos los comportamientos. La pregunta que se nos queda, en este punto, sería la siguiente… ¿es igual de sencillo modificar conductas, crear necesidades, dirigir pensamientos, adaptar publicidad y miles de estrategias más dirigidas a su antojo por parte de las redes sociales si los perfiles ya no son representativos de la sociedad?

Estos hechos, con aspectos positivos y negativos, dejan al descubierto la imperante necesidad de los usuarios de encontrar un espacio seguro y privado. Un lugar puro donde expresarse, sin un miedo constante a que aquello que decidan comunicar les perjudique. Volver, de facto, al momento donde las redes sociales eran un verdadero oasis de libertad de expresión. Un Oasis, como aquellos que cantaban canciones como Wonderwall o Live Forever, solo de privacidad y libertad de expresión que cambiará de forma pero, eso sí, nunca, nunca se secará.