El centro en la ensalada política

La palabra «idiota», como la mayoría de vocablos del arsenal lingüístico que esgrimimos de manera despreocupada, presenta un significado distinto al que tenía su término padre, ιδιωτης (idiotes), que los griegos utilizaban para designar a las personas que no se interesaban por la política. A día de hoy, la implicación en las luchas sociales y en la militancia y su importancia para el desarrollo de una sociedad democrática son temas susceptibles al debate, pero es indiscutible que la política tiene una gran relevancia en nuestras vidas.

Entonces, ¿por qué tanta gente reniega de ella? ¿a qué se debe la baja participación en las elecciones que se celebran cada 4 años en España? Más allá de las propuestas políticas tradicionales, gran parte de la sociedad no se identifica con las ideas «de izquierdas» o «de derechas». De esta dicotomía, de este «espacio en blanco» surge el ideal del «centro político», que busca aunar medidas tanto de un lado como de otro. Sin embargo, en una sociedad con una tradición política tan asentada, ¿es posible la existencia de un «centro político» realmente equilibrado?

El origen de la división

Aunque hoy en día la oposición entre «derecha» e «izquierda» se asume de manera natural, lo cierto es que ambas concepciones son propias de la política contemporánea. En las reuniones de la Asamblea Constituyente creada durante la Revolución Francesa, el sector revolucionario más conservador, el de los Girondinos, acostumbraba a sentarse en los asientos de la zona derecha, mientras que los Jacobinos, de vocación más popular, se sentían más cómodos en la zona izquierda de la sala. Los indecisos ocupaban la zona conocida como «La Marisma», primera representación de un centro político que, más allá de defender un sistema político concreto, simplemente no había adoptado ninguna posición partidista.

Grabado de Alexandre Debelle (1805-1897) que representa una hipotética sesión de la Asamblea Nacional Constituyente en 1789. Fuente: Wikimedia Commons

A día de hoy, la disposición de los grupos parlamentarios también refleja las distintas posiciones ideológicas. En España, los 123 políticos del grupo parlamentario socialista ocupan todo el sector izquierdo del hemiciclo, mientras que el sector de la derecha está ocupado por los diputados del Partido Popular. Curiosamente, el resto de formaciones ajenas a este clásico bipartidismo, ocupan posiciones más centradas en la sala, rompiendo con esta tradición.

Más allá de esta curiosidad, resulta imprescindible entender, huyendo de etiquetas y prejuicios vagos, qué defiende cada postura política y en qué principios se apoyan la izquierda y la derecha.

Derecha, izquierda, centro

La política, el arte de administrar la ciudad, es la herramienta del ser humano para mejorar la vida en sociedad, que solo es posible gracias a la obtención de recursos más o menos necesarios para la supervivencia. En la concepción de la distribución de estos recursos (que no tienen que ser solamente materiales) radica la diferencia entre ambas posturas políticas. Por un lado, la izquierda persigue una igualdad real en el acceso a los recursos, no conseguida en ningún modelo ni país del mundo, como la que defendía el famoso filósofo y pensador alemán Karl Marx (1818-1883) que propuso la abolición de la propiedad privada como solución a la desigualdad entre clases. La siguiente frase, rescatada por Marx en su obra Crítica al programa de Gotha, y empleada anteriormente por otros autores como Louis Blanc o Ettiene Cabet, resume esta filosofía a la perfección:

De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus capacidades

Las ideas de la derecha, por otro lado, aceptan la existencia de estas desigualdades al considerar las jerarquías y la distinción en clases como un fenómeno natural y, según sociólogos como Kingsley Davis (1908-1997) y Wilbert E. Moore (1914-1987) , que publicaron una conocida teoría en el año 1945, una condición imprescindible para el desarrollo de la sociedad. Bajo este prisma, las diferencias entre individuos motivan a estos a trabajar más y acumular méritos para conseguir más bienes de consumo o un mayor prestigio social.

¿En qué consiste el «centro político» entonces? Por su ambigüedad es normal que existan confusiones respecto a esta postura. Mientras que el reformismo es la posición que defiende la implantación de medidas que se encuentren entre la izquierda y la derecha, el centrismo persigue el progreso de la sociedad proponiendo medidas desapegadas de cualquier posición política. Así, podemos entender el centrismo como una especie de «apolitismo político» que huye de las etiquetas. No se debe confundir el centrismo con la denominada como tercera posición, término empleado en los círculos de extrema derecha para definir las propuestas de carácter fascista.

En mayo de 2018, el CIS llevó a cabo un sondeo en el cual un 36% de los españoles se situaban a si mismo en el 5 dentro de una línea imaginaría que situaría la extrema izquierda en el 0 y la extrema derecha en el 10.

Espectro político que representa todas las posiciones posibles partiendo de dos ejes: el horizontal representa la intervención del estado en el mercado y el vertical. su influencia en la sociedad civil. Fuente: Wikimedia Commons.

Centrismo en España

Según los datos del CIS, España parece ser un país de centro-izquierda. Sin embargo, solo un partido que se haya identificado con esa posición ha gobernado el país: la extinta Unión de Centro Democrático, que nació en el año 1977 como una coalición de numerosas formaciones, fue el primer partido en ganar unas elecciones democráticas en España. Desde 1977 hasta su dimisión en 1981, Adolfo Suárez ocupó la presidencia representando a UCD, la propuesta centrista más exitosa en el país hasta el momento, que se disolvió en el año 1982.

Unión, Progreso y Democracia (UPyD) es una formación política liderada por Cristiano Brown considerada por numerosos politólogos como centrista, que tuvo representación en el parlamento español entre 2008 y 2015. Durante su auge existió un amplio debate sobre la naturaleza ideológica real de la formación, que a día de hoy no se ha esclarecido.

El partido político Ciudadanos, en sus inicios se autodenominó como formación de centro-izquierda. Sin embargo, la evolución de las políticas de la formación ha llevado a que, tal como refleja el barómetro del CIS de junio de 2019, el 49,2% de los encuestados consideren a la formación liderada por Albert Rivera como un partido situado entre el 6 y el 8 en una escala que representa a la extrema izquierda en el 0 y a la extrema derecha en el 10.

Adolfo Suárez González (1932-2014), líder de la UCD y presidente de España entre 1977 y 1981. Fuente: Wikimedia Commons

Dentro de las propuestas políticas de centro sin representación parlamentaria cabe destacar el partido Unión de Ciudadanos Independientes, fundado en el año 2012, con presencia en los ayuntamientos de municipios como Albox, Fuencaliente o La Calzada de Oropesa. Esta formación, sin posicionarse claramente en ninguna posición, presenta rasgos centristas y, sobre todo, municipalistas, al centrar toda su acción política en el gobierno de ayuntamientos.

Dardos al centro

Aunque han existido numerosos exponentes y partidos representantes del centro, este movimiento ha recibido numerosas críticas por su ambigüedad. Entre estas críticas destacan la de los sociólogos Seymour Martin Lippset y Stein Rokkan, que opinan que un partido de centro, al ser tan solo un compendio de ideas de izquierdas  y derechas puede autodenominarse  así de manera estratégica, únicamente para atraer votantes indecisos. El politólogo italiano Norberto Bobbio (1909-2004) no cree realmente en la existencia de un centro político, y así lo afirma en su obra de 1994 Left and right: The Significance of a Political Distinction cuando habla de la derecha y de la izquierda:

En cuanto términos antitéticos son, respecto del universo al que se refieren, recíprocamente exclusivos y conjuntamente exhaustivos: exclusivos, en el sentido de que ninguna doctrina ni ningún movimiento pueden ser al mismo tiempo de derechas y de izquierdas; exhaustivos, porque, al menos en la acepción más rigurosa de ambos términos, tal y como iremos viendo más adelante, una doctrina o un movimiento únicamente puede ser de derechas o de izquierdas.

En la época de la posverdad, de la demagogia y el populismo, a veces es  complicado distinguir la derecha, la izquierda y el centro. En este mareo político, más que las denominaciones, apellidos o etiquetas que un movimiento quiera asignarse, lo realmente importante es conocer nuestros derechos como ciudadanos, para defenderlos de los ataques de algunos políticos que, en muchas ocasiones, no actúan con la nobleza que los atenienses, creadores de la democracia, esperaban de todos nosotros.

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