Vista aérea del edificio de El Ruedo. Fuente: https://es.wikiarquitectura.com

 

El complejo urbanístico de viviendas sociales de la M-30 más conocido como El Ruedo fue inaugurado en el año 1989 con el objetivo de acoger a 346 familias de ingresos bajos, muchas de ellas realojadas desde el antiguo poblado chabolista de El Pozo del Huevo.

Con la llegada de los primeros inquilinos en 1990 se comenzó a forjar una leyenda negra en torno a una comunidad que, a lo largo de los años, se ha ido conformando en torno al edificio proyectado por el famoso arquitecto Francisco Javier Sáenz de Oiza en el barrio madrileño de Moratalaz. Programas como Callejeros han contribuido a reforzar la consideración popular del complejo como zona marginal. ¿Realmente es así? ¿Qué pasa en El Ruedo?

La semilla: el Pozo del Huevo

El traslado de las familias que actualmente viven en el edificio se realizó desde el ya extinto barrio de chabolas de El Pozo del Huevo. Este se encontraba dentro de la zona conocida como El Pozo del Tío Raimundo, cercana a la zona de Puente de Vallecas y a las líneas de ferrocarril de Barcelona y de Entrevías-San Diego habitadas principalmente por emigrantes procedentes de zonas rurales.

Pese a que hoy es una zona integrada en la ciudad de Madrid, durante muchos años El Pozo contó tan solo con los servicios e infraestructuras que los propios habitantes (entre los que había albañiles) desarrollaron, destacando la conexión clandestina con un servicio de tratamiento de aguas residuales.

Las circunstancias en El Pozo mejoraron con la intervención del sacerdote jesuita José María de Llanos (1906-1992), el mayor exponente de los aproximadamente 800 curas obreros o curas rojos, un grupo heterogéneo y disperso en el tiempo compuesto de figuras de la Iglesia Católica próximas al Movimiento Obrero que actuaron de primera mano contra la pobreza y la injusticia social.

El Padre Llanos irrumpió en el barrio en 1955, y abrazando tesis izquierdistas y comunistas organizó la creación de cooperativas y colegios en una labor que sería reconocida con una placa conmemorativa que le fue concedida en el año 1991. Pese a que la calidad de vida en el barrio fue mejorando algunas zonas como la de El Pozo del Huevo, cuya población sería trasladada masivamente al conjunto de viviendas sociales de la M-30 en 1990, mantuvieron un umbral de pobreza bastante alto.

Monumento al padre Jose María de Llanos en el distrito de Puente de Vallecas
Monumento homenaje a José María de Llanos ubicado en el distrito madrileño de El Pozo | Zarateman. Extraído de https://es.wikipedia.org/wiki/José_María_de_Llanos

La legislación propulsora del traslado

El traslado se llevó a cabo bajo el gobierno de Felipe González, concretamente en 1986 tras la aprobación del Convenio de Colaboración para el Realojamiento de la Población Marginada Madrileña por parte de la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento de Madrid y la Administración Central del Estado. El CPM (Consorcio de Población Marginada) se encargó de velar por su cumplimiento y puesta en marcha.

Se trató del primer convenio que consideró el realojamiento de familias de etnia Gitana (los planes anteriores no las tuvieron en cuenta por su consideración de “lacra social”). El plan incluyó medidas tanto de carácter urbanístico como de carácter social, equipándose todos los asentamientos creados con una unidad de trabajo social formada por un equipo multidisciplinar.

Una muralla en la M-30

Su estilo y su autor

Dentro del entramado arquitectónico de Madrid el edificio de El Ruedo destaca por su tipología de influencia brutalista, dentro de la cual el arquitecto Francisco Javier Sáenz de Oiza (responsable de otros edificios como las Torres Blancas de Madrid o el Palacio de festivales de Cantabria) diseñó una fachada de gran espesor que, discurriendo de manera circular, dotó al edificio de una apariencia de plaza de toros que buscaba proteger a los habitantes del ruido y humo procedentes de la autopista.

La polémica con su diseño

Pese al reconocimiento que ha recibido el edificio, materializado en la obtención del Premio del Colegio de Arquitectos de Madrid, la polémica respecto a su diseño siempre ha estado a la orden del día: la presencia de ventanas falsas en la fachada sumada al recogimiento y proyección del edificio ha llevado a muchos a comparar el complejo con una cárcel. Respecto a esta polémica, el doctor en Arquitectura por la Universidad Politécnica de Madrid José Ramón Hernández Correa opina lo siguiente en su blog ¿Arquitectamos locos?

«La idea matriz y motriz del proyecto es que la M30, una «autopista urbana» a la que da la parcela, es muy hostil y genera mucho ruido y contaminación. Por eso, el edificio se hace un ovillo y adquiere una postura fetal defensiva. A la agresiva autopista le da la espalda, le ofrece una muralla muy sólida y árida, perforada por pequeñas ventanas, mientras que genera un acogedor espacio público interior, un parque-patio-plaza alegre, tranquilo, luminoso, al que abre su intimidad.
El edificio es un ser tímido, que al exterior se muestra arisco pero que esconde un tierno corazón y una secreta alegría de vivir.
(Pero luego eso no es del todo cierto: Hay dormitorios que dan a la fachada exterior y se tienen que tragar el ruido de la M30, y las viviendas tampoco se abren tanto al patio interior)«.

Sáenz de Oiza respondió con hostilidad a estas y otras quejas respecto al edificio en el programa de Televisión Española Ochéntame Otra Vez – Soy Gitano, en el cual increpaba a uno de los vecinos que si quería un edificio mejor se hiciera arquitecto y lo diseñase.

Los habitantes de El Ruedo: algunas estadísticas

Según las estadísticas presentadas en el Plan Integral de Barrio El Ruedo Polígonos A Y C – El Vandel, llevado a cabo por el Ayuntamiento de Madrid en enero de 2018,  la población de El Ruedo está compuesta de un total de 99 personas extranjeras procedentes de China, Colombia y Venezuela. Además, el 50 % de sus habitantes tiene una edad comprendida entre los 30 y los 65 años.

Más allá de los datos demográficos son los referentes al ámbito socioeconómico y laboral los que más llaman la atención. Las estadísticas detallan que sus habitantes presentan una tasa media de desempleo del  21, 3 % frente al 7, 9 % que supone el promedio de toda la ciudad de Madrid, y que solo el 6, 3 % de los hombres y el  8, 5 % de las mujeres son titulados en estudios superiores no obligatorios.

El Ruedo desde dentro y desde fuera: visiones y líneas de intervención social

Al igual que el Padre Llanos en los años 50, numerosas asociaciones trabajan cada día para insuflar vida a los barrios. La organización sin ánimo de lucro Caminar, que se autodefine como apartidista y aconfesionial, se configuró en el año 1988 para realizar labores comunitarias y cívicas en El Pozo del Huevo. Tras el realojo de la población, la asociación continuó su actividad (vigente a día de hoy) en el edificio diseñado por Saénz de Oíza.

La visión de algunos miembros de Caminar

Javier Romero Sevillano se unió recientemente a Caminar, y opina lo siguiente acerca de la reputación de la comunidad:

«La gente que no tiene dinero y no encuentra curro por cuestiones de racismo recurre al trapicheo, no al narcotráfico, sino a pasar droga y demás cosas. No porque quieran y hayan elegido esa vida, sino porque no se les han dado más oportunidades. El Ruedo es considerado socialmente como un gueto dentro de un barrio, un submundo dentro de un mundo. Afincar a tanta gente como si eso fuera un corral de animales da paso a que la gente cree una especie de gremio, da lugar a ese sentimiento de unión entre gitanos y gitanas, entre la cultura, entre la etnia». 

Laura Pérez (19 años) colaboró brevemente con la asociación realizando un voluntariado de apoyo escolar a los niños de El Ruedo que organizó su instituto en colaboración con Caminar cuando iba a Primero de Bachillerato. Sus impresiones fueron las siguientes:

«Básicamente creo que el modelo familiar no es el idóneo, afecta mucho a la educación de los niños, es un entorno bastante complicado. Hace mucha falta el apoyo escolar, porque son niños que en su casa no tienen ambiente de estudio. Les obligan a casarse con 18 años, y en cuanto acaban la E.S.O. se van a buscar trabajos que den dinero fácil. Es otro mundo. Y se nota mucho en gran cantidad de aspectos, es una microcultura por así decirlo». 

La visión de los vecinos

Pablo Peinado (estudiante de 19 años) tiene una opinión más positiva respecto a la situación de El Ruedo:

«Llevo viviendo los 19 años aquí y nunca he tenido ningún problema. Son gente normal, gente como todas las personas, que si les tocas las narices pues te responden. El edificio se compone de pisos de protección oficial. Son pisos que ha costado muy poco hacerlos y que los han vendido a bajo precio para meter ahí a mucha gente en muy poco tiempo. ¿Esto es bueno, que hayan metido a mucha gente? Pues no porque lo que han hecho ha sido traer a toda ese gente de otra zona, básicamente como si fueran basura. Siempre hay policías rondando porque dicen que son problemáticos, y nunca ha pasado nada . Es exclusión social claramente, porque lo único que quieren es que estén apartados del resto de la sociedad y si hay algún problema mandan a la policía a que amenacen un poco y ya está.  Son buena gente, yo tengo amigos que son de allí. El Ruedo tiene mala fama por la prensa, no es un gueto ni es un barrio marginal. Su gran problema es que haga lo que haga no va a poder quitarse ya esa mala imagen de encima». 

La visión de los que lo vieron nacer

El vecino de Alcalá de Henares Luis Lisón (59 años) vivió al lado del edificio en el momento de su inauguración, y alega lo siguiente:

«Hubo sobre todo al principio conflictos con la gente del barrio y en el interior del edificio. El conflicto vivido, si se puede decir así, era la gran preocupación que se tenía por esa nueva gente, sobre todo por los niños. Y el error fue que se trasladó a casi toda la población al mismo sitio. Si se hubieran hecho grupos más reducidos y se hubieran repartido mejor, la integración habría sido más fácil y efectiva». 

En conclusión: las políticas de realojo como caramelos envenenados

El favorecimiento del aislamiento y la exclusión ha sido una tónica general en las políticas de realojo que se han llevado a cabo en nuestro país a lo largo de la historia. La ubicación de las familias trasladadas en los mismos espacios y en la periferia de los barrios más desfavorecidos parece ser uno de los puntos débiles y modificadores de unas medidas inicialmente cargadas de buenas intenciones, que en consecuencia nunca llegan a ser efectivas.

A todos estos aspectos hay que añadir el estigma al que este tipo de familias se enfrentan en su día a día. Los prejuicios presentes en la sociedad y debidos en gran medida al tratamiento mediático de la cuestión incrementan este aislamiento con creces. La solución parece pasar por la realización de un trabajo cooperativo entre las entidades sin ánimo de lucro, la población de a pie y la propia población implicada, pues son ellas las que verdaderamente pueden crear un movimiento que logre una relevancia suficiente para que los medios hagan eco del mismo. 

Día tras día la vida prosigue en el interior de El Ruedo, bajo la sombra de una reputación que comparte con otros complejos como Las Tres Mil Viviendas, La Coma o Valdemingómez. Todos estos casos demuestran que la calidad social, la integración social y sobre todo el derecho a la vivienda no se garantizan únicamente con la construcción de edificios.

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