Vivimos en una sociedad sin descanso. Podemos hacerlo todo y nos fustigamos por ello. La mejor cara y la conexión constante. ¿Sobreviviremos a nosotros mismos? ¿Nos ayudará el «hygge»?

CUANDO EL DESCANSO NO EXISTE

Así es la sociedad del ahora. El estrés y la disponibilidad 24/7 alientan un estado que se aleja sistemáticamente de la paz y Byung-Chul Han cree haber encontrado el porqué. En La sociedad del cansancio explica que la negatividad: el yo, el tú y la diferencia; ha desaparecido. En su lugar se encuentra un exceso de positivismo, donde los límites externos ya no existen y el ser humano es preso de su propia autoexigencia y “poder ser”.

Vive en la «sociedad del rendimiento», huyendo de la contemplación y de la autocontemplación, de cara a la galería y con una presión social constante que no acaba cuando llega a casa. Ello ha derivado, según Han, en dolencias actuales como la fatiga crónica, el síndrome de desgaste profesional (SDO) y el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), mientras que en la época industrial las enfermedades inmunológicas eran las más frecuentes, relacionadas con su paradigma de actividad.

QUÉ ES EL «HYGGE»

En estas circunstancias nace el «hygge». Meik Wiking, director ejecutivo del Instituto para la Búsqueda de la Felicidad de Copenhague y autor del libro «Hygge. La felicidad en las pequeñas cosas», tomó esta palabra de su Dinamarca natal para exportarla al mundo en 2016. Con su título como definición podría recordarnos a Horacio y su «Carpe diem». Lo que lleva al «hygge» a un concepto más allá del presente danés. Dada, pues, su adaptabilidad y la atracción por el estilo de vida nórdico de los últimos tiempos, ha llegado hasta nuestras casas. Pero, ¿cuáles son las bases del «hygge»?

PASOS PARA VIVIR EN EL «HYGGE»

La Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN) ha elaborado un Informe Mundial de la Felicidad, en el que Dinamarca encabeza el listado como el país más feliz del mundo. Junto a los factores socioeconómicos y culturales se halla el estilo de vida, más cercano a nosotros, adaptable al presupuesto y al tiempo. ¿Qué podemos hacer para sentirnos un poco más felices, sin caer en el exceso de positivismo expuesto por Han?

Son muchas las aproximaciones a este concepto tan atrayente. Louisa Thomsen Brits, autora del libro «Hygge. El arte de vivir bien», también en 2016 en su lengua natal, lo describe en los siguientes pasos:

Pertenecer

Sentirnos a nosotros mismos y a los demás, creando una conexión mutua y armónica.

Cobijo

Un lugar que aporte comodidad y seguridad. Un hogar.

Sosiego

La calma que no se tiene en el día a día y que tan necesaria es para seguir adelante.

Bienestar

El sentimiento que reconforta y deja fluir los pensamientos.

Simplicidad

En los pequeños detalles está la esencia y la diferencia.

Observancia

Solo observar. Sin teléfonos ni multitareas.

«HYGGE» VS «COCOONING»

El «hygge» adquiere distintos nombres según la cultura. Nesting e Ikigai son solo dos, desde el inglés y el japonés. No obstante, hay uno con el que no debe confundirse: el cocooning.

En los años 90, en pleno auge de la venta a distancia, Faith Popcorn acuñó el término Cocooning, definiéndolo como un estilo de decoración que invitaba más a quedarse en casa que a salir. Nutrido de las nuevas tecnologías, el mal tiempo y la menor socialización, este fenómeno se convirtió en tendencia.

Sin embargo, al contrario que el «hygge», se centra simplemente en la estética de las estancias. No practica la reflexión ni invita a nadie más al bienestar que supone el intercambio. Aun así, las redes se ven desbordadas y no sería difícil confundir los términos, quedándose en unas cortinas y no en el mensaje.

El «hygge» es un estilo de vida ancestral danés que hasta hace poco era desconocido para el resto del mundo. Algo parecido a la dieta mediterránea. Al igual que ella, está tan interiorizado que no siempre se lleva a la práctica. Por ello, no podemos olvidar que un concepto no define a un país y que el «hygge», como elección propia, puede ser la cura del siglo XXI.

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