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Llega el momento de acabar ESO, bachillerato, selectividad e incluso estudios superiores. Podemos tenerlo clarísimo o nadar en la incertidumbre. ¿Por qué? Es posible que la información proporcionada no sea suficiente. Tal vez, lo que proyectamos no se corresponda con lo que nos cuentan. La trayectoria de la educación española tiene mucho que ver con este sentimiento.

La industrialización española tardía

La permanencia del Antiguo Régimen hasta 1834 interfirió en el desarrollo industrial español, retrasando la Revolución Agraria y dando lugar a la Revolución Industrial Tardía. Este desfase con países como Reino Unido influyó tanto en la economía, en la demografía como en las bases de creación de la Formación Profesional.

Según Wollschläger y Reuter-Kumpmann (2004), la Revolución Industrial cambió drásticamente el «reabastecimiento de recursos humanos». Lo hizo desde el modelo de estratificación estamental a clase social y otorgando a la política la alfabetización sobre tres pilares: la consolidación de la nación, la burguesía como clase dominante y los derechos de la ciudadanía (Archer, 1979).

  • La consolidación de la nación a partir de los «sistemas educativos modernos nacionales». Implementados para tal fin.
  • La burguesía como clase dominante. Que reclamaba con urgencia el control político del estado desde una ideología liberal de interés propio.
  • Los derechos de la ciudadanía y su reconocimiento. De amplitud progresiva.

Para poder adaptarse al trabajo fabril, la formación obsoleta de los trabajadores desde finales del siglo XVIII tuvo que adecuarse. Se compuso, pues, de dos dimensiones: la moral respecto a los valores capitalistas y la técnica, según Martínez García y Merino (2011).

La Ley Moyano

En 1857, el Estado se hizo cargo de la educación de la población. Dividió el sistema educativo en tres niveles: primario, medio y superior; con la obligatoriedad de 6 a 9 años. Únicamente era gratuita para los pobres de solemnidad previa inscripción y con la promesa de un mayor número de centros escolares por población. La consecuencia, por Martínez García y Merino (2011) fue «la separación de las enseñanzas medias entre la vía académica orientada a la universidad y la vía profesional con destino al mercado de trabajo, de ocupaciones de baja y media cualificación».

Únicamente era gratuita para los pobres de solemnidad previa inscripción

La Ley General de Educación (LGE) de 1970

Lo que iba a ser «un tronco común y unificado con salidas profesionalizadoras al final de cada nivel» pasó a instaurarse, como decían Baudelot y Establet (1976), una doble red. Una primaria de corta formación y baja cualificación (PP) y una segunda de larga escolarización, incluyendo secundaria y superior (SS). Con ello, la formación profesional tomó cabida en el sistema educativo.

Sin embargo, los estudiantes que se embarcaban en estos ciclos formativos partían de bajas calificaciones en la Educación General Obligatoria (EGB), aproximándose a las inglesas “comprehensive schools”. A tales escuelas se accedía sin la formación básica completada, idea “adaptativa” que se extendió a la Formación Profesional 2, cuyo origen era para bachilleres.

Años posteriores de la educación española

Se han sucedido una serie de reformas educativas hasta la actualidad mediante leyes orgánicas. La Ley Orgánica del Estatuto de Centros Escolares (LOECE, 1980) por la Unión de Centro Democrático (UCD), que nunca llegó a aplicarse. Después de ella, la Ley Orgánica del Derecho a la Educación (LODE, 1985) desde el PSOE, con la gratuidad de los colegios concertados.

En 1990 se promulgó la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE) por el PSOE y aún con González. Finalizó con la LGE tras 20 años de vigencia y creó los Programas de Garantía Social (PGS), para dar paso a leyes orgánicas posteriores. La Ley Orgánica de Participación, Evaluación y Gobierno de los Centros Docentes (LOPEG, 1995). Dicha ley pretendía completar a la LOGSE mejorando la organización interna de los centros educativos. Esta precedió a la Ley Orgánica de Calidad de la Educación (LOCE, 2002) con Aznar en el PP. Aunque solo se implantaron unos puntos, puesto que en 2006 el PSOE de Zapatero aprobó la Ley Orgánica de Educación (LOE). Derogó todas las leyes anteriores, exceptuando la LODE y manteniendo el sistema estructural de la LOGSE.

Hasta 2013, cuando llegó la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) o llamada “Ley Wert” con el PP. Entre las críticas más conocidas se encuentran las reválidas después de ESO y Bachillerato. Además de ellas, están el funcionamiento de la FP Básica y la prioridad a las asignaturas contempladas en el ranking de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Sin olvidar las lenguas cooficiales como “especialidad” y la elección del director por la Administración y no por los consejos escolares.

La educación española en el 2019

En el año vigente se aprobó la Ley Orgánica para la reforma de la LOE (LOMLOE), también conocida como “Ley Celaá”. Este proyecto de ley del PSOE no ha llegado al Congreso de los Diputados debido a las elecciones, por lo que aún no está en vigor.

Después del repaso por la historia de la educación española, podemos hacernos una mejor idea del porqué de la actualidad educativa. Han sido muchos los cambios “orgánicos” sin establecer un pacto de Estado, con la consecuente desestabilidad. Con una tasa de 17,9% de abandono escolar en 2018 según Eurostat, la educación española se ha puesto a la cola de la Unión Europea en este sentido. Algo sigue fallando y sin respuesta.

1 pensamiento sobre “La educación española. Origen y sinfín de cambios

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