La playa en la playa

Del mismo modo que en muchas ocasiones escuchamos conscientemente música triste cuando estamos tristes, o música muy alegre cuando irradiamos felicidad por nuestra cara, a veces fusionamos nuestras acciones con el lugar donde las llevamos a cabo. Esto me ocurrió el pasado fin de semana en la playa, cuando decidí coger un libro ligero y cortito para leer en los tiempos muertos, entre baño y baño. Con las prisas de un domingo por la mañana, las del que se cuida de no olvidarse la toalla, la crema o las gafas de sol, me acerqué a las baldas de la habitación, y casi sin mirar estiré el brazo a la zona de las novelas. El ojo crítico que había preparado se centró inmediatamente en un grupito de libros de fino grosor y tapa blanda, de una misma colección, y mi mano derecha cogió el que más sobresalía, sin apenas mirar las letras que suelen figurar en el borde de las portadas.

Una vez llegado a la playa, abrí la mochila y allí estaba. La playa, de Cesare Pavese, con unas enormes letras azules marinas sobre un fondo amarillo de tono arena. Parecía una broma, pero así era. Además se trata de un libro que llevaba un tiempo en mi biblioteca, del que tenía muchas ganas de leer, pero nunca me había animado. Aquel momento era el ideal para hacerlo. Y entonces me vinieron a la cabeza algunas películas, como Call me by your name, esta principalmente porque encuentro algunas coincidencias con el tono, las situaciones y los lugares donde se desarrollan ambas obras. Pero también por esa consonancia disonante de leer sobre algo en ese algo.

Por todo ello, a partir de esta anécdota literaria, quiero proponer cuatro singulares películas (todas ellas en Filmin) que para mis ojos de espectador transcurren en veranos también singulares. O al menos en escenarios, sensaciones y acontecimientos que remiten a esa época del año vaga, lenta y a la vez rápida, donde un año entero se suspende para querer hacer muchas cosas y a veces acabar no haciendo nada. Aunque oficialmente haya llegado el verano, y las vacaciones de muchos estén en el horizonte, este año se nos ha planteado una nueva normalidad. Ante esta novedad, junto a esa consonancia disonante de la que hablaba, el cine nos ofrece ejemplos divertidos, reflexivos, exigentes para disfrutar antes o después de pisar la arena, o para aquellos que, por el momento, se tengan que quedar en casa.

Zama

Ambientada en un verano interminable, en una tierra calurosa, húmeda y sofocante, Zama enfrenta al espectador con los momentos más tremendos de habitar la costa. Pese a que la vida de un oficial español en Sudamérica durante el siglo XVII no tenga nada que ver con nosotros, las sensaciones capturadas por la cámara de Lucrecia Martel se pegan a nuestros ojos y cuerpo. A partir de planos estáticos con una cuidada composición, con un interesante juego de lo enfocado y lo desenfocado, la argentina atrapa a Diego de Zama en un encuadre opresivo, en una espera eterna. El cuidado trabajo en el sonido también aumenta esa sensación de calor y agobio, de ruidos ambientales que marcan el lento tic tac de un día inacabable y aburrido. Zama mira al horizonte como en esos momentos de niñez en los que al salir del agua nuestra mirada se quedaba clavada en el horizonte. Fríos, empapados, cansados. Sin saber si éramos felices o nos estábamos planteando nuestra existencia allí donde el sol hila el cielo y el mar.

Cuentos cinematográficos para el (nuevo) verano

 

Cuento de verano + El rayo verde

En los antípodas de Martel, Éric Rohmer también fue un maestro a la hora de crear historias estivales. Es el caso del tercero de sus cuentos sobre las estaciones, donde se complementan a la perfección sus extensos y naturales diálogos con esos momentos de silencio que rompen el flujo de palabras. El joven Gaspard vive un verano de ensueño, entre dos chicas, envuelto en fascinantes colores y baños de luz. En El rayo verde, por su parte, Rohmer se vale de la leyenda de este fenómeno (aquel que dice que en un atardecer, al juntarse el amarillo del sol con el azul del mar se produce una luminaria con poderes mágicos) y su habitual preocupación y dedicación por la significación cromática lo apuesta todo ya desde el título. Dentro de la serie «Comedias y proverbios», hay que destacar el uso que el cineasta francés hace del vestuario de sus personajes. Al final, la expectación por que Delphine encuentre el amor y que el anunciado raya aparezca convierten el filme en una liviana intriga atmosférica.

Cuentos cinematográficos para el (nuevo) verano

 

Querido diario

El filme más autológico y narcisista (siempre en el buen sentido con el cineasta italiano) de Nani Moretti contiene algunos de los episodios más divertidos y estivales de su carrera. Por ejemplo, esa vagancia por una ciudad desierta, esos tranquilos trayectos en moto entre reflexión y reflexión, pensamientos en voz alta a los que nadie hace caso. Homenajes a sus padres maestros, como al Stromboli de Rosselini, en el que Moretti resuelve liquidar el drama de Ingrid Bergman para representar una hilarante conversación a distancia entre dos seguidores de una telenovela estadounidense. Y cómo no, porque el verano no solo brinda alegrías, el eterno plano-secuencia de Moretti viajando en moto a la playa de Ostia donde fue asesinado Pier Paolo Pasolini.

Cuentos cinematográficos para el (nuevo) verano

 

En otro país

En verano tenemos tiempo para todo. Hasta para aburrirnos y para fantasear. Incluso hay quienes cumplen esa promesa autoimpuesta de emprender la escritura de un libro o un guion que durante el año se vuelve imposible. Es el caso de la niña protagonista de este filme coreano con Isabelle Huppert. El siempre juguetón y metacinematográfico Hong Sangsoo parte de una original premisa para esta playera comedia: la estructura narrativa se basa en los tres cortometrajes que la joven idea y escribe durante su sopor veraniego. Esas historias que vemos escribir se materializan en imágenes, en tres enredos muy similares con diversas variaciones. Equívocos, alcohol, sorpresas, largos diálogos y sus enfáticos y rupturistas zooms. Como en el verano de verdad, hay tiempo para perderse en los vericuetos de nuestra imaginación

 

Cuentos cinematográficos para el (nuevo) verano

*Para otras historias de arte veraniego puedes entrar aquí o aquí.

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