Detroit: el derrumbamiento distópico de la joya automovilística americana

Los años 20 de Detroit

Célebre por el gran esplendor de la industria automovilística de principios del Siglo XX, la ciudad estadounidense de Detroit, en Michigan es el ejemplo perfecto a las secuelas de la rauda evolución y la modernización. Desde los años 50, se declara en bancarrota y se transforma en un agujero encerrado en la miseria y el crimen.

LA GLORIA AUTOMOVILÍSTICA

Henry Ford (1863-1974), fundador de la compañía Ford Motor Company, apuesta por Detroit para establecer su primera sede relacionada con la producción de automóviles. Poco a poco, gracias al apoyo de su familia ve recompensado su esfuerzo y la empresa alcanza unas cifras favorablemente altas.

La bonanza económica de la población estadounidense se ve reflejada cuando, en 1908, la Ford Motor Company lanza el modelo Ford T. En 1910 una inesperada demanda obliga al traslado de la producción a una planta de mayor capacidad situada en Highland Park, previa a la inauguración del gran complejo de River Rouge.

Henry Ford y el modelo Ford T

En este mismo año nace General Motors. La sede se muda al área metropolitana de la ciudad para convertirse, junto a Ford, en el segundo fabricante más grande del país. Finalmente, en 1295, llega Chrysler para cerrar el marco de los “Big Three” en la producción automovilista de la época.

El creciente éxito de estas tres entidades abrió las puertas a la creación de miles de puestos de trabajo dependientes del sector. La población en Detroit estalló desde los 285.000 habitantes a comienzos de Siglo XX hasta los 1.850.000 en el máximo de su triunfo.

LOS HECHOS DESENCADENANTES DE LA MISERIA

El caos producido por el Crack del 29 y la Gran Depresión suponen un bache para el desarrollo del sector automovilístico, del que pronto se vuelve a estabilizar sin haber sufrido graves problemas. Tras haber superado este contratiempo, la industria se embarca en la fabricación de equipamiento para la Segunda Guerra Mundial.

Durante la década de los años 50, provocada por el cierre de la fábrica más grande abandonada en el mundo, la de Studebaker-Packard, y la gradual desaparición de otros fabricantes exitosos hasta el momento, se empiezan a detectar los primeros indicios de decadencia en la ciudad. Detroit quedó subordinada a los tres grandes, sumergida en una preocupante crisis.

La fábrica abandonada de Studebaker-Packard, Detroit

Los altos precios, las superficies de mayor terreno, el fomento de una producción más lineal y la descentralización de la producción dejaron en la ciudad únicamente las sedes centrales de los “Big Three”, moviendo todas sus fábricas a otros núcleos, estados, e incluso países.

De la mano de esta crisis, han de mencionarse los conflictos raciales que protagonizaron la situación social de Michigan, principalmente Detroit. Durante los años 50 y 60, las leyes segregacionistas provocaron que la población afroamericana buscara trabajo en el sector industrial de la ciudad. Supuso el traslado a la zona centro, que comenzaba a verse cada vez más vacía, silenciosa y desglosada por un muro que separaba a los barrios blancos de negros. Detroit llegó a convertirse en la ciudad más segregada de EE. UU. entre 1973 y 1979.

El muro que separaba los barrios blancos de los negros 80 años después

LA CRISIS DEL PETRÓLEO

En el año 1973, en pleno proceso de deslocalización, Estados Unidos sufre otro de los golpes más brutales para su economía e industria con consecuencias desastrosas a nivel internacional, la crisis del petróleo. Este acontecimiento presiona a las fábricas a reestructurar sus modelos y buscar opciones más eficientes y de menor consumo para lanzar al mercado. Para llevar a cabo este proceso se acelera la búsqueda de países que ofrezcan una mano de obra más barata para fabricar. Entre estos, destacan México, Brasil y China. La quiebra y la pérdida de miles de puestos de trabajo alrededor de todo el país, especialmente en Detroit, era cuestión de tiempo.

Así, una de las ciudades más exitosas a nivel económico e industrial a nivel mundial, en menos de 100 años, se convirtió en un escenario propio de guerra con una deuda de 18.500 millones de dólares en el momento más álgido de crisis.

ACTUALIDAD:

Se han llevado a cabo varios intentos para volver a traer prosperidad en el sector automovilístico a la ciudad de Detroit. Entre estos planes, solo se considera que han prosperado la apertura de las fábricas Detroit-Hamtrack de General Motors y la Jefferson North Assembly de Chrysler, ambas subvencionadas por el Estado. Las tres grandes sedes se mantienen en la ciudad tras haber superado momentos de alta incertidumbre y penurias, en especial General Motors y Chrysler, que llegó a quebrar parcialmente.

Se estima que entre una tercera y cuarta parte de la ciudad está completamente vacía, con una población muy dispersa. Existen casas, en su época consideradas mansiones, cuyo valor de mercado se estima en un dólar.

Más de un 30% de la población vive bajo el umbral de pobreza. Con alrededor de 700.000 espacios vacíos, Detroit es considerada la ciudad más peligrosa de EE. UU. Contando con la mayor tasa de crimen per cápita. La ciudad promueve una imagen triste y decadente, con más de cuarenta rascacielos abandonados e incluso un antiguo teatro de inspiración barroca utilizado como parking.

Actualmente las tres sedes disfrutan de una mayor estabilidad habiendo superado duros procesos de quiebra y reestructuración. La ciudad, con ánimo de crecer y evolucionar, trata de elaborar buenas políticas económicas e industriales que lentamente favorezcan su situación y vuelvan a traer prosperidad e inversión a sus calles.

Un teatro hoy en día utilizado como parking