España es un MEME (y lo sabes)

El único modo que tenemos para sobrellevar este impulso ultra-patrio o neo-franquista es a través de los mecanismos que la ironía nos brinda. Aplicar esa doble interrogación a España surgiendo así el extrañamiento, establecer el conjunto vacío como verdadera bandera que nos represente a todos y optar por el toldo verde como verdadero patrimonio común.

A lo largo de estos meses, sobre todo desde los días previos a los sucesos del 1 de octubre de 2017 en Catalunya hasta hoy, un fantasma recorre España y sólo hay que estar atento para poder verlo. Este fantasma no es otro que el afianzamiento de un sentimiento patrio obsceno que inunda de banderas las fachadas de gran parte de las viviendas de éste país que, en competencia desleal, ha desbancado la verdadera bandera nacional:  el verde botella de los toldos.

España?? entera y solo Ø bandera OK??

¿A qué viene este alboroto? -se pregunta Zizek- ¿Es que lo que ahora se conoce como “la cara oculta de Michael Jackson” no estuvo siempre a la vista en los vídeos que acompañaban a sus discos, repletos de imágenes de violencia ritualizada y de gestos obscenos? La verdad está ahí fuera.

Esta pintada sobre un muro es un ejemplo claro del laberinto semiótico al que se enfrenta uno al analizar la Patria. España entre interrogantes denota la duda permanente sobre qué es y cuál es su horizonte de significado. El símbolo del conjunto vacío que se introduce antes de la bandera reafirma la imposibilidad de resumir la historia de un país en un trozo de tela que satisfaga al conjunto de su población. Tenuemente el marco donde asir la experiencia se desdibuja, el fascismo que vela tras de sí para ofrecer una visión de la unidad de la patria a través del discurso mítico español. Todo ello salpicado con la intervención de la burbuja inmobiliaria y los intereses del mercado en los intereses de Estado.

Por si fuera poco, los hogares más próximos a la idea de la Unidad de España, como si esto fuese un pack indivisible, han convertido balcones y ventanas en una inmensa cuerda de tender trapos. No sé muy bien si con la necesidad preocupante de recordarse cada mañana que han nacido en España o si, por el contrario, nos hicieran recordar a los demás que vivimos aquí. Como una especie de venganza sádica en la que se obtiene placer torturando al otro en un juego perverso, algo así como: “Soy español y me jode serlo, así que jódete tu también.” Cabría preguntarse hasta qué punto una bandera colgada en un balcón de un edificio por más de tres meses altera la estética de su fachada.

Esta exterioridad, en la que la ideología se materializa de forma directa, se oculta bajo el disfraz de la utilidad. Es decir, en la vida cotidiana, la ideología anida sobre todo en la referencia, aparentemente inocente, a la pura utilidad. Pero no podemos olvidar que en el universo simbólico el concepto de “utilidad” es de índole reflexiva y siempre entraña la afirmación de utilidad como significado. Esta convicción puramente material ya la definió Althusser en el Aparato Ideológico de Estado al referirse al ritual externo en el que la ideología adquiere existencia material: el sujeto que pone la bandera se mantiene al margen de la ideología perversa que subyace tras de sí pero ignora que el ritual le domina desde dentro.

En sus últimas obras Lacan expone que el “objeto” es en sí mismo el propio sujeto: el objeto es precisamente aquello que en el sujeto es más que el propio sujeto. Por ejemplo: el objeto “bandera”, en cuanto a fantasía ideológica, es “eso que es en mí algo más de que yo”, gracias a lo que me considero a mí mismo “un hombre de bien” o “español de verdad” (digno del deseo del Otro, en palabras de Lacan)

Poco a poco se va perfilando esta idea de Patria a la que hacemos referencia. Dicho de otro modo: la Patria a la que nos referimos es aquella que ha pervivido en el tiempo desde la dictadura franquista hasta nuestros días en plena democracia y que se ha visto alentada por los mecanismos de poder que la sustentan.

Semiótica de la Patria

Los tres ángulos del triángulo representan las tres dimensiones fundamentales que, según Lacan, estructuran el universo humano: lo Real, lo Simbólico y lo Imaginario. La “J” que figura en el centro designa la juissance, el abismo de goce traumático/excesivo que amenaza con devorarnos y respecto del cual el sujeto trata desesperadamente de mantenerse a distancia. Los tres objetos a los lados del triángulo especifican las tres formas en las que cabe “domesticar” o “normalizar” esa horrible Cosa que hay en el medio, percibirla para que no resulte aterradora: S (A) es el significante del Otro barrado (Autre) y señala la consistencia inherente al orden simbólico, el hecho de que hayalgo que se resiste a la simbolización y provoca disparidades y rupturas en el orden simbólico; a, el objeto parcial que pone en marcha el movimiento metonímico del deseo; Phi mayúscula es la imagen fascinante que representa la Cosa imposible.

 

A partir de este esquema que propone Lacan hemos intentado adivinar cuál sería estas relaciones entre lo real, lo imaginario y lo simbólico en la concepción de la patria en España y cuales son las relaciones de poder que las gobiernan. Vemos en el siguiente ejemplo que el plano de lo simbólico  está representado por la bandera, objeto que, en principio, tiene un carácter de significación política en tanto que Nación o Estado, es decir, representa la totalidad del Reino de España en su ámbito político (derechos y obligaciones de sus ciudadanos). En el terreno de lo real se encuentra el mapa político de España puesto que es a esto a lo que la bandera hace referencia y no al mapa físico. En cuanto al imaginario vemos la interpretación que se hace de lo real y lo simbólico, la Patria surge inexorablemente de manera grotesca:

 

Pero este surgimiento de la Patria es, de forma velada, el ocultamiento obsceno de una realidad emotiva. Esta realidad emotiva suele, en la mayoría de los casos de sentimiento patriótico, conducir al odio y a la violencia. La idea que subyace en las imágenes que más abajo se reproducen es que los sujetos demuestran devoción por la patria, no sólo haciendo cosas nobles por ella, sino también estando  dispuestos a cometer o alentar actos horribles, es decir: dando preferencia a las exigencias de la patria frente a mezquinas preocupaciones sobre la honradez y la integridad personal.

Es erróneo aseverar que, cuando uno expulsa lo negativo del fanatismo patriótico, hay que tener cuidado con no perder la “saludable” identidad nacional. No se trata de trazar una línea de separación entre el grado suficientemente apropiado de nacionalismo “saludable” –el mínimo necesario para que exista una identidad nacional- y el nacionalismo “excesivo” que es xenófobo y agresivo. Hay, pues, que esforzarse por eliminar esa pureza espiritual de identidad nacional para revelar el soporte fantasmático que estructura el goce extraído de la Cosa nacional.  Umberto Eco enumeró los rasgos definitorios de la actitud fascista: tenacidad dogmática, ausencia de humor, insensibilidad a la argumentación racional…Pero hoy día los mecanismos ideológicos de la derecha son otros, son cada vez más “posmodernos”, civilizados, juguetones… sin que por ello sean menos fascistas.

España es un MEME (y lo sabes)

Vamos a poner en relación la teoría del MEME con la idea de la Patria en tanto que ambas son representaciones de la Cosa en sí. Para establecer la relación vamos a exponer en tres puntos qué es un MEME y como ha de comportarse para considerarlo tal:

  • El MEME no puede reducirse a la propia imagen, ni siquiera a su representación.
  • Debería diferenciarse de otros conceptos aparentemente afines (humor gráfico, viñeta, imagen humorística…)
  • Y en su condición de posibilidad ser solamente el proceso emisor de un mensaje concreto.

¿No es acaso la Patria algo similar a un MEME?

  • La Patria no puede reducirse a la propia imagen, ni siquiera a su representación.
  • Debería diferenciarse de otros conceptos aparentemente afines (Estado, País, Nación, Territorio…)
  • Y en su condición de posibilidad ser solamente el proceso emisor de un mensaje salvífico/unificador/protector…

La ironía o antífrasis «no quiere la literalidad, expresa una cosa para entender el contrario del sentido literal de esta expresión» (Carrere y Saborit, 2000). Hay que tener en cuenta que existe un peligro en la utilización de la ironía: que no se entienda. Una ironía se puede malinterpretar; por eso, es vital saberla remarcar bien, buscar el punto justo de exageración, de tono. En caso contrario, podemos provocar un alejamiento inmediato del espectador, incluso el enfado. Se ha de considerar que hay culturas y sociedades que tienen la ironía muy arraigada, mientras que en otras es casi inexistente. La ironía tiene un alto componente crítico y también humorístico; se utiliza mucho en publicidad y también en el humor gráfico. Dependiendo del contexto cultural en el que nos movamos, tendremos que decidir si una ironía puede funcionar o no.

La ironía se ha vuelto fundamental en nuestra cotidianidad, los contrarios se presentan juntos por todas partes a manera de mercancía y los consumimos como plus del goce. Vivimos plagados de ironía en tanto que consumimos objetos negados en sí, ideologías que aparentemente no compartimos, somos capaces –algunos- de reconocer la contingencia de nuestras creencias pero sin embargo seguimos eligiendo funcionar con base en ellas (no vamos a la iglesia, no somos practicantes reales del catolicismo, pero elegimos casarnos por la iglesia, bautizar a los hijos, etc.),

España, España. Bandera, Bandera

Lo que Bajo Ulloa pretende con esta escena es subvertir las relaciones ideológicas de la derecha española que especulan sobre el buen gusto y lo políticamente correcto y afronta la misión de escandalizarlos. Mientras la derecha manipula las afinidades políticas y aboga por las identidades estandarizadas y la defensa de las tradiciones patrias –aquí Ignatius Farray lo sintetizaría en lo que podríamos llamar la triada nacional-católicista“cocaína-putas-misa”-, Bajo Ulloa busca conectar con el goce de los “oprimidos”. En lugar de invocar el derecho a no ser ofendidos, invoca el derecho a ofender y a que nos ofendan. Nada como el humor, el cinismo y el ridículo para echar abajo los pilares de lo establecido y romper y remover, así, con las lógicas asentadas en las entrañas de la ideología.

La mejor forma de entendimiento cultural no se consolida cuando se pacta dentro las leyes civilizadas sobre el respeto y la empatía, sino cuando se comparte un oscuro secreto, un goce común. La política se encarga de establecer justicia pero  sólo a través del humor  podemos satisfacer las exigencias de goce obsceno  que demandan las minorías. Zizek llama a esto sobreidentificación, en lugar de enfrentarse al imaginario y la simbología del enemigo (los códigos de la ideología franquista en este caso), Bajo Ulloa asume  dichos códigos para romper desde dentro las redes de poder en las que se insertan. Esto nos trae de nuevo a Ignatius Farray que propone en sus espectáculos corear lemas como fascismo del bueno para referirse a pequeños tics o “microfascismos” de la ideología de la derecha haciéndolos de este modo evidentes y ridiculizando dichas acciones.

El modo optimo de subvertir la ideología se basa en la sobreidentificación con ella y así revertir el potencial ideológico original, vaciarlo  y apropiárselo para dar como resultado una especie de goce blanco o aséptico. Se trataría de sustraer a la iconografía franquista todo su potencial  y llevarlo hasta un punto de vista preideológico, donde sólo está funcionando el goce  en su forma más pura. En definitiva la reivindicación y el humor de la escena de Bajo Ulloa desenmascara las estructuras de poder a través del rechazo de su suplemento transgresivo, esto es: identificarnos con su mensaje literal y dejar fuera las pequeñas píldoras de benevolencia condescendiente que nos apacigua. La escena no busca el placer sino la exaltación del goce, hay algo insoportable y molesto  que justamente por su dimensión negativa mueve a la complicidad.

El único modo que tenemos para sobrellevar este impulso ultra-patrio o neo-franquista es a través de los mecanismos que la ironía nos brinda. Aplicar esa doble interrogación a España surgiendo así el extrañamiento, establecer el conjunto vacío como verdadera bandera que nos represente a todos y optar por el toldo verde como verdadero patrimonio común.