Ilustradoras de mujeres

Exposición 'Dibujantas' en el Museo Pablo Gargallo de Zaragoza./ Fuente: Pilar Sariñena

Exposición 'Dibujantas' en el Museo Pablo Gargallo de Zaragoza./ Fuente: Pilar Sariñena

 

Hasta 1931 las mujeres artistas se veían relegadas a un segundo plano cuando lograban exponer en los salones o exposiciones de arte. No fue hasta 1931 que pudieron ser las protagonistas en uno de estos grandes eventos. En marzo de ese año el Lyceum Club Femenino abrió sus puertas y organizó el ‘I Salón de Dibujantas’, lo que supuso un punto de inflexión en el mundo del arte. Este momento histórico significaba dejar de ser las “señoritas” que pintaban por ocio, dejar de ser las que imitan el arte masculino con sus cánones, y comenzar a tener un status propio, siendo las protagonistas de su propia exposición, y empezando a ser consideradas como personas que se dedican al arte como medio de trabajo y no por puro entretenimiento.

La mayoría de ellas decidió dedicarse a la ilustración, ya que era un trabajo que se podía compaginar con el hecho de estar en casa. A su vez les proporcionaba suficientes ingresos para seguir labrándose un futuro profesional. La revista Blanco y Negro (actualmente desaparecida) y el periódico ABC jugaron el importante papel de contratar a bastantes de ellas para muchas de las ilustraciones que se mostrarían en sus páginas, así como algunas portadas de los mismos. ABC en su día absorbió a Blanco y Negro para convertirlo en su suplemento dominical, por lo que a día de hoy, este gran medio de comunicación todavía en funcionamiento guarda unos amplísimos fondos con más de 130 obras de 40 artistas. 105 de estas producciones llevan expuestas en el museo Pablo Gargallo de Zaragoza desde el 11 de diciembre y continuarán hasta el 7 de marzo. Entre sus salas podemos diferenciar cuatro etapas: las artistas que “abrieron el camino”, las “modernas”, las de “la posguerra”, y las ilustradoras que aportaron los “aires nuevos”, en orden cronológico. Estas fueron artistas que dibujaron en su gran mayoría a mujeres, pero además, también ilustraron el camino del futuro femenino. 

Ilustradoras que abrieron el camino

Las pioneras comenzaron pintando escenas de la intimidad burguesa, imágenes teatralizadas, con figuras principalmente de mujeres que transmiten felicidad por sus gestos faciales. En ellas, se puede apreciar la moda de finales del siglo XIX, en la que destacan los sombreros de verano. Algunos de estos grabados dan la sensación de estar inacabados, con finos trazados. Utilizaban principalmente el óleo, la técnica aguada y el grafito, en cartulinas y en papel. Gran parte de estas obras son retratos de mujeres. Sus miradas están cargadas de expresividad, emoción, seducción, o cierta intención de mostrarse coquetas. También se pueden apreciar algunos trajes regionales a través de ilustraciones de flamencas, también con una mirada intensa y con mucha fuerza. 

Las dibujantas modernas 

Entre los años veinte y treinta comienzan a verse nuevas tendencias artísticas como reflejo de una voluntad de apertura a lo internacional que abarcó corrientes tan diversas como numerosas. Entre ellas se pueden percibir desde el cubismo al art decó, pasando por el realismo o el surrealismo. En estos años de principios del siglo XX crecieron las revistas de gran calidad tipográfica, que contaban con un buen número de ilustraciones. Una de estas revistas pioneras  fue Blanco y Negro -convirtiéndose en un referente europeo y americano de los grandes magazines-. 

Las artistas de esta etapa protagonizaron muchas portadas de estos dos medios de comunicación que hoy nos exponen las obras de arte. Entre el grupo de “las modernas” se encuentran dos conocidas por su actividad y lucha por la visualización de la mujer, componentes del grupo ‘Las Sin Sombrero’. Estas son Maruja Mallo y Marga Gil Roësset. La segunda se caracterizaba por sus grabados con mucho sentimiento. Otra de ellas, Laura Albéniz, plasmaba la moda del momento a través de las figuras de mujeres en escenas de la vida burguesa, como es el caso de su obra ‘Almanaque de la vida breve’. Muchas de estas mujeres artistas dibujaron para la revista Blanco y Negro en su sección “La mujer y la casa”. En general, trataban el tema de la moda, o incluso se aventuraron a crear diseños de disfraces, o vestimenta para el día a día. Entre estas creaciones pueden verse los bocetos de faldones, estampados de bordados, encajes modernos de crochet, blusas bordadas, etc. Otras veces, combinan la moda con las estaciones del año y su diferentes gamas cromáticas. 

En esta misma línea, la ilustradora Ángeles Tomer Cervera no solo plasmaba el estilo de vestir de su época, sino que además mostraba algunos trajes regionales a través de sus dibujos. Pero a parte de estas ilustraciones, realizó muchas otras sobre momentos cotidianos de la alta sociedad, como pueden ser los encuentros en una cafetería, el golf, la caza o unas vacaciones en la playa. Estas escenas las protagonizaban mujeres. Para ello se servía de colores vivos y caras sin rostro. 

Tanto Ángeles Tomer como Piti Bartolozzi participaron en suplementos infantiles con dibujos más caricaturizados y en algunas ocasiones trazando escenas de cuentos de fantasía. Otro tema bastante recurrente en esta etapa de artistas es la mujer en las tareas de hogar, tales como el cuidado de los niños, ir a por agua con el botijo en la cabeza o ir al mercado. En esta serie de ilustraciones las mujeres aparecen con trajes populares. Sin embargo, la exquisita ilustradora de los trajes regionales era Delhy Tejero, con sus retratos ‘Madre zamorana’, ‘Madre gallega’ o ‘Carbajalina’. 

Con Viera Sparza, este periodo toma cierto dinamismo, ya que introduce la moda americana, retratos de mujeres conduciendo, modelos posando… todas ellas para portadas de la revista Blanco y Negro. 

Mujeres de la posguerra 

Tras la guerra civil española queda un ambiente nebuloso en el que se divisa una sociedad deprimida y aislada. En este panorama, las mujeres artistas y dibujantes del momento tuvieron el importante papel de volver a trazar el camino que ya habían hecho. Sin embargo, entre sus cuadros se percibe un sentimiento contrario, con colores vivos. 

La moda, en este caso más cosmopolita, vuelve a ser uno de los temas más recurrentes. En el caso de Coti Feduchi, es el tema principal de sus obras expuestas, en las que dibuja perfiles inacabados y plasma las tendencias vistas en las colecciones de moda de París. ‘Así se visten las francesas’ es una de sus series de ilustraciones de dicho estilo. En otras, se dedica a dibujar con detalle diversos tejidos vistos en esas modelos. 

Menchu Gal rompe esta tendencia, aunque sigue sirviéndose de la figura de la mujer como protagonista de sus obras. En su caso, utiliza pinceladas anchas y colores cálidos para pintar a las mujeres del campo envueltas en un atardecer. Vuelven las escenas del cuidado de niños y de las tareas del hogar, a veces con una mirada perdida o con poca expresividad. Xelia, sin embargo, da vida a un tipo de mujer ideal que utiliza para las portadas de novelas o narraciones breves.

Artistas que aportaron aires nuevos

Los nuevos estilos en las ilustraciones que siguieron las mujeres artistas de esta etapa se debieron principalmente a la irrupción de nuevas tecnologías y de los medios audiovisuales y digitales. Estos se colaron en la vida diaria de los individuos alterando los paradigmas establecidos. Hasta tal punto cambió la vida y forma de relacionarse de la gente, que las artistas no dudaron en introducirlos en sus obras. Aitana Martín ilustró durante un tiempo la sección de música de ABC, en la que en contratos dibujos donde predomina la línea, y se perciben diversos músicos: un hombre tocando el violonchelo, un director de orquesta, una cantante con una mirada llena de emoción, un pianista… 

La sección de pensamiento de ABC la ilustró Isabel Uceda, con temas como la desigualdad y la crisis económica, o las diversas “expediciones” del cerebro. Para ello se sirvió del dibujo abstracto, siendo la única en utilizar este estilo de toda la exposición. Ana Muñoz, sin embargo, utiliza una técnica de depurada realización, con colores fríos y formas que inspiran soledad y hasta casi producen escalofríos. La tradición y vanguardia se aúnan de la mano de Mar Ferrero, quien se ha lanzado incluso al mundo de internet, donde ejemplifica claramente esas nuevas tecnologías que ya son parte del día a día.