La exhumación de Francisco Franco: la última batalla

A pocos días de que (al fin) tenga lugar la exhumación de Francisco Franco, dictador que ha pasado más de 40 años de eterno y cómodo letargo casi divino, la prensa se prepara para la batalla. En estas líneas analizaremos las similitudes plásticas que tienen un producto periodístico y una obra de arte. Y cómo este círculo se cierra gracias a unas líneas rojas y a través de metáforas e ironías militares.

La líneas que siguen están motivadas por un afecto formal. El encuentro inesperado con una similitud que no es casual. De todos es sabida la querencia y tendencia de la prensa escrita de utilizar metáforas, expresiones y tecnicismos bélicos y militares. En muchas secciones de los diarios y revistas, los frentes abiertos, las batallas legales o los bombardeos mediáticos pueblan las noticias y los reportajes. En el caso que nos ocupa, la exhumación del dictador Francisco Franco, esta tipología de titulares se carga de un sentido muy curioso y difícil de detectar. El diario El País publicó, el pasado 25 de septiembre, la siguiente infografía, en una noticia que explicaba el procedimiento para trasladar los restos del dictador al cementerio de El Pardo.

Exhumación Franco

Inmediatamente me vino a la cabeza esta otra imagen:

Exhumación de Franco

Pese a separar a ambas más de 40 años (y a pertenecer a discursos muy alejados entre sí) las similitudes formales son más que evidentes. Aunque este cuadro no tiene como temática la exhumación de Francisco Franco, sí que nos ofrece un subtexto relacionado con el infame caudillo. Ambas utilizan las líneas rojas como vector del sentido.  Pero vayamos por partes.

Blanco, rojo, negro

A l’attaque (Al ataque) es un cuadro de los artistas pop españoles Equipo Crónica. Se trata de un tríptico pintado a técnica mixta sobre lienzo, cada pieza de un tamaño diferente: 100×80 cm; 110×68 cm y 65×45 cm respectivamente, perteneciente a una colección privada. Esta obra, pese a estar dividida en tres, presenta un mismo tema que se desarrolla a diferentes niveles tanto narrativos como estilísticos y temporales. Es decir, independientemente no tendrían el significado que adquieren en conjunto, por lo que se muestran como una terna fragmentaria.

A l’attaque (Al ataque) está enmarcada en la serie «La Trama», iniciada por Solbes y Valdés en 1976 tras haber expuesto en la edición de 1974 de la Bienal de Venecia su serie anterior “El paredón”. El también artista pop y neofigurativista Eduardo Arroyo, exiliado en Francia, les ofreció la posibilidad de exponer por segunda vez sus obras en París, esta vez con su galerista personal, Karl Flinker (que ya había organizado exposiciones de Paul Klee, Yves Klein o Kandinsky). Se trataba de una galería de prestigio en la capital que sin embargo estaba bastante apartada de la escena artística francesa. “La Trama” supuso una de sus series con los trabajos más crípticos y complejos de Crónica, en la que optaron por la tripartición de sus obras, como también vemos en “Blessé au champ d’honneur”.

Tal y como explican los propios autores en las memorias y cronologías del colectivo, esta serie está compuesta por doce trípticos que hacen referencia a diversos acontecimientos de la biografía conocida de Francisco Franco. Todos siguen la misma estructura: un documento biográfico, una interpretación del lenguaje de códigos de las vanguardias clásicas y una pieza que representa a un visitante mirando el segundo fragmento. En estas obras también solían incluir fotografías serigrafiadas y elementos superpuestos inconexos que buscaban acentuar esa ruptura del hábito visual del espectador.

Llorens afirma que esta “complicada estructura” invitaba al espectador a reflexionar y reformular cuestiones  sobre su mirada, la naturaleza de las obras de arte o su relación con la realidad. El título de la serie proviene de esa complejidad conceptual y estructural, un “entramado” que aúna al observador, al artista, a la obra y a su contexto, unos roles “fundamentales” con los que quisieron “transgredir con la subversión” de esos papeles.

Análisis plástico

Esta obra se compone de tres cuadros que siguen la dinámica utilizada en “La Trama” descrita anteriormente: observador, artista, obra y contexto. En “A l’attaque” identificamos el papel que juegan esos elementos en las tres piezas del tríptico. Además de esto, hay dos claras referencias, una artística y la otra histórica, a dos acontecimientos muy importantes en el transcurso de la historia de la pintura y de España en el siglo XX.

El fragmento principal (“recreación de los lenguajes codificados de la vanguardia clásica”) es una reinterpretación de la mítica obra del artista soviético El Lissitzky “Golpead a los blancos con la cuña roja” (1919), al que ya “homenajearon” en 1974 con el cuadro “Heartfield-El Lissitzky, dos frentes”. “La Cuña Roja” es un cartel propagandístico que utiliza la técnica de la litografía, enmarcado en el movimiento del suprematismo ruso. El cuadro representa a la cuña roja (ejército rojo comunista) que ataca a los blancos (ejército blanco de los zares y conservadores), en un mensaje de apoyo a la Revolución de octubre de 1917. La recreación del Equipo Crónica mantiene los colores, las palabras y los elementos del original, añadiendo una cuadrícula superpuesta, una foto en la esquina inferior izquierda (“pequeña fotografía serigrafiada”) y una regla dibujada que remite al la intervención del artista, su huella. El cambio más drástico son las formas, se pasa de lo geometría perfecta y rectilínea de Lissitzky a lo curvilíneo y blando, con una morfología e iconografía que recuerdan a Miró.

Exhumación Franco

La segunda parte es un mapa militar que representa una especie de táctica de ataque sobre ese territorio, con una carta u orden firmada por Francisco Franco, en cuadrícula y con la misma regla que aparece en la anterior. Es una explícita alusión al Desembarco de Alhucemas, acontecimiento histórico clave en la España del siglo XX. Fue un desembarco militar que tuvo lugar en Alhucemas (Protectorado español en Marruecos) en 1925 que condujo a la conclusión de la Guerra del Rif. En este conflicto bélico, la España de Alfonso XIII había perdido gran parte de su territorio a partir del desastre de Annual, hasta que el general Miguel Primo de Rivera dio un golpe de estado en 1923 y recondujo la situación con esta exitosa operación. La victoria supuso recuperar el control del protectorado, de vital importancia. Entre los jefes que organizaron la acción se encontraba un tal coronel Francisco Franco al mando de la Legión, que fue ascendido a general por su contribución. Todo muy parejo, salvando las distancias, a la noticia de El País.

Por último, el tercer fragmento constituye un juego de niveles narrativos y de la realidad. Presenta al observador externo de la imagen, es decir, el espectador, dentro del primer cuadro, la copia de Lissitzky, en este caso con la imagen original en blanco y negro en la parte superior izquierda. Este juego entre diégesis es muy común en la obra del Equipo Crónica. Incluyendo a este espectador interno invitaban al espectador real a que fijara su atención en todos los aspectos de la obra, para reflexionar y entender realmente lo que está viendo.

Rompiendo filas

En definitiva, “A l’attaque” presenta una doble metáfora crítica con el franquismo y sobre todo con Franco, una espada que blandieron durante toda su batalla artística. Con la revisión de Lissitzky le dan la vuelta a la tortilla: en este caso la cuña sería blanca (ejército español) que golpea a los rojos (ejército rifeño marroquí de Alhucemas). Equipo Crónica hipotetiza y deja en el aire qué hubiese pasado si el desembarco de Alhucemas hubiese sido la segunda parte de la película de terror que se presenció en Annual. Lamentablemente, la historia continuó por el acontecimiento real: victoria española en Alhucemas, ascenso a general de Franco, la conspiración golpista contra la República de las guarniciones del ejército que apoyaban a los falangistas. Esa ascensión militar de Franco se ve como un desencadenante que pasa desapercibido pero que, involuntaria y discretamente, es una de las causas de la Guerra Civil española y por tanto de la dictadura franquista.

Asimismo, en su cruzada por ridiculizar la exaltación de la pintura clásica española como estandarte del regreso del gran Imperio en el que nunca se ponía el sol, la recuperación de esas obras de Goya y Velázquez invalida el valor de las mismas. No había nada más verdaderamente español en aquella época y nada que llegase tan fácilmente a los ojos de un pueblo ya de por sí ciego por la sangre. Una vergonzosa utilización propagandística de algo tan identificativo y grande como la pintura española. El Equipo Crónica supo cómo reírse de eso y lo representó con lo que le quitaría el sueño al caudillo: hacer un símil entre su éxito de Alhucemas y la revolución comunista. No se puede dar mejor en el clavo.

Por una vez, la prensa se alía con el arte, quién sabe si conscientemente o por casualidad, para dar el tiro de gracia a este largo proceso. Poco importa resolver esta duda cuando se está a las puertas, más cerca que nunca, de ganar esta batalla.

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