La revolución Netflix

Dos de los estrenos televisivos más esperado de este último mes han sido las quintas temporadas de «House Of Cards» y «Orange Is The New Black», las dos series más pioneras de Netflix. Lo que empezó como videoclub online se ha convertido en una de las más prestigiosas fuentes de contenido propio con producción que han gozado tanto de un éxito de crítica como de público.

Si bien la última temporada de «House Of Cards» ha dado muestras de cansancio, con un Frank Underwood cada vez más impopular y más amenazado con que todos sus oscuros métodos que ha empleado para llegar a presidente se hagan públicos, «Orange Is The New Black» se ha mantenido en un estado de forma excelente combinando humor y la denuncia social.

La plataforma ha cambiado la forma de ver televisión. Atrás queda tener que aguantar hasta altas horas de la madrugada para poder ver finalizar el capítulo de tu serie favorita o soportar interrupciones publicitarias situadas aleatoriamente, y muchas veces, en medio de diálogos. Ahora, se puede ver todo y cuando se quiera. La clave ha sido concebir Internet como una oportunidad y no como un rival, como ocurrió al principio con muchos grupos televisivos. Este modelo ha resultado como exitoso hasta en países con un alta «cultura del pirateo» como España que ha valido para renovar hasta la tercera temporada a «Las chicas del cable», su primera producción española.

Además, otro componente de su éxito ha sido la valentía. Temas tan presentes en nuestra sociedad y tan tabúes como el acoso escolar o la anorexia tienen cabida en su catálogo de producción original. Hasta continuaron la fantástica «Black Mirror» en la que se muestra la cara menos amable del desarrollo tecnológico.

No todos son luces. La cancelación de «Sense 8» ha sido muy criticada por finalizar una de las series que mejor tocaba temas como la homosexualidad o la transexualidad sin un final conclusivo. A esta, hay que unir la cancelación de «The Get Down». Ante todo, no hay que olvidar que Netflix es una empresa privada y su criterio a la hora de decidir si una serie merece una nueva temporada o no es puramente económico. Ambas eran producciones muy caras y que contaban con un número de seguidores reducido si se compara con sus dos éxitos más recientes: «Strager Things» y «13 Reasons Why».

Junto a ello, el poder ver todos los capítulos del tirón nos ha privado de los debates y teorías, iniciadas con Perdidos, en las que se analizaba qué significaba lo que había pasado en el capítulo y, más importante, como iba a se iba a desarrollar la temporada. Esa misma circunstancia también impide crear nuevos hilos argumentales de cara a nueva temporada puesto que es imposible prever, a priori, si la serie va a ser un éxito o un fracaso.

 

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