Reseña de El sol y sus flores de Rupi Kaur

El sol y sus flores es un canto dulce a la libertad, el recuerdo constante de la lucha por aceptarse y la importancia de la voz femenina en la poesía. La carrera literaria de Rupi Kaur acaba de florecer pero va a llenar jardines enteros a versos.

Un jarrón de recuerdos.

La poesía ha de florecer, llenar los rincones de cada jardín y atrapar con sus colores nuestros días más grises. Las palabras son capaces de transportarnos sentimientos, crear en nosotros esa calidez de una soleada tarde de primavera. Nos dan el aire que necesitamos al respirar hondo.

Eso es lo que hace Rupi Kaur, llenar sus páginas de pétalos delicados, palabras sencillas cargadas de sentido. El sol y sus flores es el segundo poemario de la autora best seller en todo el mundo. La esperada vuelta de esta poeta ha calmado la sed de muchos de sus lectores. La escritora se aferra a su dolor convirtiéndolo en una poesía alcanzable para todo aquel que quiera detenerse un instante y asomarse a la ventana abierta que deja a su vida.

Kaur utiliza como gran símbolo durante toda la obra a las flores, en multitud de formas,  desde los distintos tipos de especies, hasta sus etapas de crecimiento. Esto hace que el poemario sea un todo único a pesar de estar fragmentado, crea un puzzle lleno de emociones. Está dividido en cinco partes, cinco verbos que demuestran que la vida es un ciclo y tenemos que aprender de ella. Estos son: marchitarse, caer, enraizar, crecer y florecer. La delicadeza de la escritora se transmite en cada sílaba, no necesita de formas rebuscadas ni versos complejos con rimas forzadas. No hay nada más humano que echar raíces e intentar florecer a través de las palabras. Los versos son tan libres como ella, habla sin tapujos de todo lo que esconde cada capullo de su vida. Deja en un jarrón todas las preocupaciones que han germinado en su mente y las comparte con sus lectores. La métrica que sigue no es algo que delimite su poesía, dependiendo del tema que trata o la necesidad de la historia utiliza versos más o menos largos. Nos encontramos desde poemas de apenas un par de estrofas hasta páginas enteras cargadas de dolor. Como en su anterior trabajo este también está ilustrado con los dibujos de la autora. Con el mismo estilo que sus palabras, son líneas continuas, sencillos pero muy simbólicos. Con esa delicadeza que la caracteriza.

Aunque marchitarse nos pueda parecer algo manido como comienzo de un poemario contemporáneo, lo cierto es que el desamor siempre ha sido y será el tema recurrente por excelencia en el arte. Ese dolor tan hondo es tan fundamental para la creatividad, esa catarsis es la forma de engancharnos desde la primera página. Y podemos ver cómo la autora ha madurado desde su primera obra, ya que no trata solo temas puramente personales y plasma experiencias que ha vivido, sino que va más allá. Se suma a la lista de mujeres que alzan la voz en contra del patriarcado de una forma elegante y realista.

La segunda parte, caer, es la más dura de todas. Nos lleva de la mano por los rincones más oscuros de su mente. Nos abre las puertas a su intimidad a uno de los peores momentos que ha vivido y algo que la ha dejado marcada de por vida. Se centra en la violación que sufrió y vuelve a esa terrible experiencia de forma recurrente. Nos encontramos con el poema más crudo, duro, real y lleno de una belleza desgarradora en cada sílaba. En él utiliza la metáfora del hogar como su propio cuerpo y cómo de forma salvaje se vió sintiéndose desahuciada de su propio cuerpo, deseando arrancarse cada célula que había tenido contacto con su agresor. Como ya ha contado en numerosas entrevistas Rupi Kaur se sirve de la poesía para sanarse, sin darse cuenta también cicatriza esas heridas que tantas personas también ha vivido lo mismo. Es prácticamente imposible no verse reflejada en cada página, este papel nos proporciona un lugar seguro en el que vernos reflejados, acunados y protegidos. Esa humildad con las que trata sus peores momentos hace que el lector pueda quedarse horas reflexionando, dejan un poso en el alma.

La tercera parte, arraigarse, quizás es la más floja de todas. Pero es que después de caer es difícil mantener esa intensidad. Aquí la autora nos relata la realidad de ser una inmigrante, de no sentirse cómoda perteneciendo a dos culturas tan dispares. Es este cariño parental el que hace que no mantenga el ritmo férreo, convirtiéndolo en una suave crítica. Es una carta de agradecimiento a sus padres, a todos aquellos instantes duros que tuvieron que pasar para que su familia consiguiera establecerse. También nos trae las costumbres de su cultura ascendente, la india y cómo se apagaba la voz de las mujeres.

Las dos últimas partes, levantarse y florecer, están irremediablemente unidas con el mismo tallo, el amor a una misma. Con levantarse nos recuerda la importancia de dejarse querer, de aprender a dar una segunda oportunidad al romance. Pero en florecer, como ya es habitual en la autora, su poesía da voz y empodera a muchas mujeres. Sus símbolos son sororidad, una imagen recurrente para fortalecer los corazones, una experiencia compartida.

El sol y sus flores es un canto dulce a la libertad, el recuerdo constante de la lucha por aceptarse y la importancia de la voz femenina en la poesía. La carrera literaria de Rupi Kaur acaba de florecer pero va a llenar jardines enteros a versos.

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