Retablo de un corazón dividido: las dos caras del barrio de Malasaña

Marta Sanz nos muestra en «Retablo», con la ayuda de las ilustraciones de Fernando Vicente, la mezcla de lo castizo y lo hípster del barrio de Malasaña.

Ilustración de Fernando Vicente para «Retablo».

 

Todos los que lo han pisado lo saben: el barrio de Malasaña, en pleno centro de Madrid, es una mezcla un tanto peculiar de lo castizo y lo hípster: de los bares de toda la vida, en los que se sirve tortilla de patatas, torreznos, bocadillos de calamares y vermú, y de las cafeterías pijas que se llenan a la hora del brunch. En Retablo (Páginas de Espuma, 2019), Marta Sanz (Madrid, 1967), habitante de este barrio tan querido por los vecinos y los turistas de la capital, recoge esta dualidad tan compleja y conflictiva en dos pequeños relatos: «Extraños en un tren (versión amarilla)» y «Jaboncillos Dos de mayo». El libro cuenta con las ilustraciones de Fernando Vicente (Madrid, 1963), que añaden mayor color y vida a las palabras de Sanz y que reproducen un espacio y unos personajes reconocibles para muchos.

 

Ilustración: Fernando Vicente.

Dos cuentos en un libro. Dos mundos enfrentados. Habitantes de dos universos que están obligados a ocupar las mismas calles. Aquellos que siempre pasearon por ellas y aquellos que transitan de nuevas. La atmósfera castiza, tradicional, las personas de toda la vida frente a la fauna vintage, hípster, la gente de moda. La pequeña frutería o mercería frente a la barbería en la que sirven champán o la galería de arte de objetos imposibles. Las ciudades y los ciudadanos de los países evolucionan bajo las condiciones de los fenómenos de gentrificación, de turismo desbordante o de outlet masivo comercial. Un tono satírico, esperpéntico, crítico cubre esta realidad en manos de Marta Sanz, una de las escritoras indispensables de la actual literatura española.

Sinopsis: Páginas de Espuma.

Extraños en un tren (versión amarilla)

El primero de los relatos de Retablo está protagonizado por dos señoras mayores, Matilde y Ana María, que son aparentemente muy normales. Quedan caracterizadas desde el principio a través del contenido de objetos tan cotidianos como son el botiquín y la nevera: al igual que todas las señoras de cierta edad, padecen ciertas afecciones para las que toman ciertos medicamentos, guardan ciertos alimentos en su nevera, acumulan ciertos folletos en sus buzones. Una de ellas vive con su perro pachón, Felipe IV, y la otra con su hijo de cuarenta años, divorciado y en paro.

 

Ilustración: Fernando Vicente.

Este relato es un homenaje a la novela Extraños en un tren, de Patricia Highsmith, así como a su adaptación cinematográfica, dirigida por Alfred Hitchcock, y, de manera más abierta, al género negro, que tanto atrae a Sanz. Con la ayuda de Vicente, la escritora traslada a sus lectores del salón de una de las viejecitas protagonistas al tren de Highsmith.

En la mesilla de Matilde, hay un libro de Patricia Highsmith. Extraños en un tren. En la mesilla de Ana María, hay una biografía novelada de Wallis Simpson. Ni Matilde ni Ana María son grandes lectoras. Pero las dos coinciden en que leyendo les entra sueño y en que leer es bueno. Por definición.

Si bien Matilde y Ana Mari llevan siendo vecinas durante muchos años, nunca han sido grandes amigas, pero un encuentro casual cambia su relación. La primera invita a la segunda a tomar café en su casa, sin haberlo planeado, y esa invitación hace que sus caminos queden cruzados para siempre.

Jaboncillos Dos de mayo

En «Jaboncillos Dos de mayo», el segundo de los relatos que configuran Retablo, Sanz habla de lo que ocurre en las calles de Malasaña, en las que conviven los viejos negocios, que huelen a fritanga, con los nuevos, que huelen a cupcake. Blas, el narrador, es un anticuario que no soporta a los hípsteres que invaden su barrio, que llaman vintage a lo viejo y que convierten Malasaña en algo completamente distinto a lo que era.

 

Ilustración: Fernando Vicente.

«Jaboncillos Dos de mayo» dialoga con un cuento de Ambrose Bierce titulado «Aceite de perro». Así, mientras que el primer relato de Retablo es un homenaje al género negro, este segundo, también cercano a dicho género, está más apegado al terror.

Paco y yo no vamos a quedarnos de brazos cruzados mientras nuestro territorio es invadido por seres y costumbres alienígenas. En lo que a nosotros respecta se está acabando el mundo. […]. No se trata de nostalgia, sino de repeler al invasor de este barrio de héroes de la guerra de la independencia.

El protagonista siente especial aversión hacia el muchacho que ha abierto una tienda de jabones artesanos al lado de su negocio. Contra él y los suyos (esos chicos con la barba arregladita, camisas de leñador y gafas de pasta) comienza, con la ayuda de otros dos amigos antihípsteres, una batalla campal.

En Retablo, Marta Sanz escribe apegada, como de costumbre, a la realidad y a sus pequeños detalles, sin olvidar el humor y la crítica social que caracterizan su ficción. Reflexiona sobre las contradicciones que se dan en una sociedad y en un barrio en los que todo está cambiando a una velocidad vertiginosa. Cambian las tecnologías, pero también las mentalidades. No se trata de quedarse con lo castizo o de abandonarlo para abrazar lo hípster, sino de comprender la complejidad del proceso de gentrificación. Las ilustraciones de Fernando Vicente siguen fielmente la narración de Sanz y explotan las peculiaridades del estilo de la autora, de por sí descriptivo y visual. El resultado es una obra unitaria y coherente, cuidada al detalle, donde texto e imagen se unen para representar la realidad del barrio de Malasaña.

 

Título: Retablo
Autora: Marta Sanz
Ilustrador:
Fernando Vicente
Editorial:
Páginas de Espuma
Fecha de publicación:
mayo de 2019
Páginas:
96
Precio:
17 €

ISBN: 978-84-8393-260-5

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