Santiago Ráfales: “Me interesa mucho la huella del pasado porque es lo que llevamos dentro”

Santiago Ráfales, dirigiendo uno de sus cortos./Fuente: S.R.

Santiago Ráfales, dirigiendo uno de sus cortos./Fuente: S.R.

 

Después de varios kilómetros de una carretera más curvada que recta, y anclada entre los ríos  Matarraña y Algars, se encuentra Nonaspe, localidad natal de Santiago Ráfales (1997). Es un joven inmerso en el mundo del cine, y concretamente en el último año del Grado en Cinematografía. Ya ha conseguido reconocimiento por sus cortos, sobre todo por Hivern -Invierno-, en el que plasma un dilema que viven todas las localidades en las que acecha la despoblación. Pero también ha recibido el reconocimiento de sus vecinos. Y basta con pasar un rato allí para darse cuenta de eso, y de lo inmerso que está en el ambiente y la vida de su pueblo: no hacemos más de pregunta y media sin que algún vecino o familiar se acerque a saludar. Admirador del cine de Paul Thomas Anderson, o la italiana Alice Rohrwacher, reconoce que saborea las distintas facetas del arte desde la infancia. Nada más comienza a hablar ya se intuyen sus raíces, con cierto acento del dialecto característico de esta zona de Aragón tan cercana a Cataluña. 

Hablemos de tu inspiración para crear. 

No creo que sea una cosa que te viene o no te viene. Puede ser algo más concreto como una experiencia o una foto. Pero sí que es verdad que estos cuatro años he mirado mucho a lo que tengo a mano, que son mis padres, mis amigos, el pueblo… que es lo importante para mí, y cómo yo me relaciono con ellos. Al principio empezaba inventándome las historias, pero sin tener referencias, entonces al final siempre acababa con un producto vacío. Y a partir de un punto empecé a buscar en mí las cosas que me interesaban de verdad. 

¿Te gusta tu pueblo? 

Hombre, claro que me gusta mi pueblo. Es que para mí lo es todo. No es por sonar romántico pero es que he vivido aquí toda la vida. Mira, yo por ejemplo nunca me he ido de vacaciones con mis padres, entonces yo he estado aquí todos los veranos. Todos los cursos los he pasado aquí, hasta que me fui a la Universidad. Pero me encanta volver, porque además me siento como si recorriera constantemente un album familiar. También me he dado cuenta de que hay algo muy particular en el lenguaje de esta parte de Aragón. Pero me interesa más aún el pueblo no como algo antiguo anclado en el pasado, sino cómo convive con lo moderno. Porque, joder, en los pueblos también hay internet. 

Además has plasmado tu localidad en algunos de tus cortos. 

Sí, de hecho a principio de curso rodamos aquí un nuevo corto que aún no hemos publicado, en el que a raíz de una leyenda que hay sobre la ermita construimos una fábula contemporánea. En Hivern, comenzó realmente el interés por el cine y de conectar con las personas y de hacer algo local, personal y concreto. Realmente no habla mucho de Nonaspe, pero sí que es una situación que pasa en los pueblos en general, es síntoma de la despoblación. Me interesa mucho la huella del pasado, porque al final es algo que llevamos dentro. 

Y en varios de tus cortos se intuye cierta nostalgia por las personas mayores. 

Sí, porque por ejemplo algo que me ha dado mucho miedo hasta ahora era trabajar con niños o remover mi infancia, y quizá por eso me sentía más a gusto trabajando en estos temas. Pero también es lo mismo de siempre, porque si hablo de los pueblos, casi todos son personas mayores. 

En el Festival de Cine de Mequinenza te dieron el premio del público ‘Antonio Blas’, por Hivern en 2020, ¿qué sentiste? 

¿Sabes qué pasa? Que con Hivern desde el principio sentí que a la gente le gustaba. Me llamó la atención que tal vez se entendía menos aquí, o era más cotidiano aquí, que en Barcelona. De hecho también ganamos un premio allí, y lo mismo pasó en Italia, ya que lo enviamos como parte de un proyecto. Esto me sorprendió porque aquí la gente me decía que le gustaban más otros de mis cortos, menos relacionadas con el pueblo, porque es su día a día. A lo mejor es una cuestión de representación, pero es curiosísimo. De hecho para mí la situación del corto no puede ser más cotidiana. Quizá está menos logrado que otros, porque lo hice en dos mañanas con mis padres y una vecina, pero me gusta mucho.

¿Has pensado volver a plasmar los sentimientos de Nonaspe en próximos trabajos? 

Seguro. De hecho el TFG trata sobre un grupo de amigos adolescentes y de cómo se transforma con la llegada del despertar sexual, que son mis recuerdos aquí en el pueblo, pero no lo rodaremos en Nonaspe. Sin embargo, me interesa mucho la tradición y la leyenda de aquí, entonces seguro que volveremos para rodar. De hecho, tengo algo escrito sobre esta zona y seguro que pronto lo retomo. 

Imagino que tus pequeños momentos de felicidad al día también estarán relacionados con este lugar. 

Tengo la suerte de que mi felicidad proviene de lo que hago, y estoy de lunes a domingo pensando en mis proyectos y en cine. Pero sí, he aprendido a vivir y disfrutar el proceso de lo que hago y no solo esperando al final. Para mí mis pequeños momentos de felicidad es hacer la vida cotidiana, porque además es lo que luego utilizo para mis trabajos, como comer con mi familia cuando vengo al pueblo.