Todas los movimientos culturales siempre vuelven, el ser humano es cíclico y acabamos repitiéndonos ya que las dudas existenciales son siempre las mismas.  El beat del marginado es constante.

La generación beat en España no es tan conocida, o al menos la gran mayoría no sabemos reconocerla. Esta se refiere al conjunto de escritores estadounidenses pertenecientes a la década de los cincuenta y a todo el movimiento cultural que se generó en esa época sobre el cual escribieron.

Los autores más sonados son Jack Kerouac, Allen Ginsberg y William S. Burroughs. Todos ellos presentan las mismas características y son muy reconocibles. La generación beat estaba desgastada por la guerra y la inevitabilidad que esta conllevaba. El futuro no era imaginable. Debido a esto, esta generación quiere seguir adelante, encontrar un grupo al que pertenecer y tener fe en algo.

Durante esos años los valores americanos eran muy clásicos. Se esperaba de los jóvenes que tuvieran un trabajo tranquilo, de oficina, que se casaran y tuvieran hijos pronto, e incluso la típica casa unifamiliar de valla blanca. Estos escritores rechazaban todos estándares, querían ser libres, experimentar. El uso de las drogas y la libertad sexual estaban a la orden del día, como bien reflejan sus obras.

Todos ellos aspiraban a entender la filosofía oriental de tal forma que pudieran alcanzar la plenitud a nivel personal. Esta búsqueda individual de libertad y de crecimiento fue la propulsora del posterior movimiento hippie, que se fraguó con estas ideas revolucionarias y contraculturales. Quieren disfrutar de su individualidad pero sin descartar formar parte de un grupo que haya pasado por lo mismo que ellos. No quieren nada que genere conflicto, como es natural después de sufrir la desolación de la guerra. No quieren cambiar las cosas, ni identificarse con un ideal en concreto.

Y pensaréis, ¿Qué tiene que ver esto con los millenials? Os pongo un ejemplo muy claro, hay un capítulo en los Simpsons en los que aparecen los padres de Ned Flanders. De hecho ellos dicen que no creen en las leyes, que el niño tiene que ser libre, no le pueden poner disciplina. Demostrando así su fe ciega en la libertad del individuo.Las vestimenta con la que aparecen es la típica con la que se cataloga la moda de la generación beatnik, que hace un par de años adoptaron los hipsters.  Hay mucha similitud con la generación millenial en la que vivimos actualmente. En la que los jóvenes nos planteamos todos aquellos requisitos que se supone que debemos tener para ser unas personas felices y completas. Comprender que cada uno podemos tener unas aspiraciones distintas y que no por ello somos personas infelices.  

   La generación millenial también necesita creer en algo, y es por eso que surgen iconos de la cultura pop con los que la gente real se puede identificar. No quieren adorar a un dios al que no han visto nunca. A diferencia de la generación beat, este grupo busca dejar huella y que todo lo que haga tenga un sentido. No son conformistas.

Gracias a las redes sociales se ha satisfecho la necesidad de conectar con gente de sus mismos gustos sin tener que verse en persona. Lo cual es un gran avance ya que así todo el mundo puede encontrar personas que hayan pasado por sus mismas experiencias sin tener que buscar en su propia ciudad. Se dice que es una generación muy narcisista e individualista, pero yo creo que es un grupo mucho más expresivo que los anteriores debido a todos los medios de los que dispone y, como la generación beat, busca conectar con gente afín aunque por medio de sus publicaciones en redes sociales, que no dejan de ser expresiones de su identidad.

 

Está demasiado sobrevalorada la normalidad.

El planteamiento de esta dicotomía es original de Paula Suarez.

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