Unos pies sin pasos marcados

Adan Revlon realizando una pose de Vogue / Fuente: Pilar Sariñena

Adan Revlon realizando una pose de Vogue / Fuente: Pilar Sariñena

 

El entorno de Jorge Riera (1998) -de nombre artístico Adan Revlon– no conoce la austeridad. Con unos pantalones anchos negros, una camiseta de manga corta que “nos la regaló Kase-O a todos los profesores de la academia ResisDance, porque su hija va a algunas clases”, y calcetines altos de colores, me recibe el bailarín. Unos brillantes ojos verdes destacan en su rostro fino de piel pálida. Ya se atisban rasgos de su personalidad entre su cabello corto y moreno despeinado, un pequeño aro que cuelga de su oreja izquierda y una cadena de eslabones plateados atada al cuello. Aparentemente no se intuye a un chico musculoso y fuerte, aunque la realidad pronto supera a las apariencias.

Cualquiera que le conozca podría afirmar que es un chico despreocupado, centrado en lo que a él le gusta y en la gente que le quiere. A día de hoy,  Adan Revlon se encuentra mucho mejor en la diferencia, que en lo insípido común y reglamentario. No pasa desapercibido, ni es esa su intención. Si le apetece maquillarse para salir de casa, ha aprendido a no quedarse con las ganas. Si se siente una “diva” y decide salir a la calle como si de una pasarela de modelos se tratase, tampoco esperará ninguna aprobación. Revlon es más bien la viva imagen del Carpe Diem, y de la indiferencia hacia “el qué dirán”. Como una buena estrella, lo muestra en su carisma, su forma de hablar, la libertad que plasma en su persona y la felicidad que expresa de poder ser tal y como se siente. 

Un recorrido sin pausa

“Yo no me considero bailarín, más bien artista”, así se define Adan Revlon, quien comenzó en este mundo con 6 años. “Yo empecé con los pies planos -asegura entre risas- y me apuntaron a ballet” y de esta casualidad, tras apreciarse en él una buena evolución, se presentó a una prueba para la academia ‘María de Ávila’. Aunque “no me cuadraba con el horario de catequesis” y finalmente acabó en el Conservatorio de Zaragoza. Tras diez años de duras horas entre piruetas, disciplina y mucho sudor -“uno más que de normal porque repetí por gorda”- actualmente es un bailarín profesional. Los últimos años de estrictos entrenos en el Conservatorio los compaginó con una nueva andadura explorando el Vogue, HipHop, y otros estilos que no practicaban ahí. 

A nivel internacional ha competido en París de la mano de la casa Revlon en una Ball, también lograron el segundo puesto del Voguing Festival en Barcelona hace dos años, aunque en esta ocasión acompañado del resto de bailarines de la escuela donde imparte clases, ResisDance. A nivel nacional, la casa Revlon de España ha recorrido diversas ciudades del país llevándose en numerosas ocasiones algún puesto del podio.

Entre risas, en la terraza de la casa de una de sus amigas, y con un cigarro entre los dedos, se predispone atentamente y con ilusión a responderme. 

 

Adan Revlon posando / Fuente: Pilar Sariñena
Adan Revlon posando / Fuente: Pilar Sariñena

 

¿Qué es para ti el Vogue? 

Ha sido el lenguaje con el que he entendido quién soy, cómo quería relacionarme con el mundo y cómo me veía desde fuera. Porque además coincidió la llegada del Vogue en mi vida con la etapa de salida del armario como bisexual, ante mí y ante el mundo. Esto supuso aceptar el lado femenino, quitarme prejuicios como el maquillaje en los hombres… Que me llamasen maricón por hacer ballet me provocaba muchos traumas de no querer aceptar lo que se pudiese considerar homosexual. Por tanto, el Vogue me ayudó a romper muchas barreras. Para mí ha significado más a nivel personal que técnico. 

Quizá pudo resultarte difícil este paso…

No fue nada difícil pero por la figura paterna del “father” que me ayudó bastante. Todo esto de las familias en el Vogue y el hecho de que se llamen así las casas de bailarines tienen sentido justamente para esto. Igual que para las mujeres trans el VogueFem les da las herramientas para sentirse femeninas y sentirse mujer, mi familia Revlon me ayudó mucho a entender lo que me pasaba. Lo único que fue difícil fue por parte del Conservatorio, porque no aceptaban el hecho de que yo me fuese un poco de la rama del ballet, lo veían como un hobby. Además no entendían que yo pudiese aprovechar la técnica de lo que iba aprendiendo fuera para formar algo nuevo. Por parte de mi familia también fue un poco difícil todo esto.

En febrero de 2021 hice una actuación dirigida por Alejandro Longines, en la que mezclé danza contemporánea con Vogue y fue muy importante para mí, porque pude demostrar a los profesores del Conservatorio y a mi familia que sí que se puede hacer algo con lo que había aprendido de esta nueva disciplina.

¿Y si nos remontamos a tus inicios en la danza en general? 

Lo viví un poco raro porque no está bien visto y además de niño era un poco difícil estar en un colegio católico y hacer ballet porque todo el mundo practicaba otros deportes más normativos. Para mí era un desafío por la falta de concentración y la hiperactividad que tenía, porque debía centrarme, estar callado y quieto en una posición. Yo había nacido para el “artisteo», entonces fue fácil en el sentido de que se me diera bien, pero difícil en cuanto a afrontar los problemas de los insultos por bailar. Pero eso mismo luego me dio fuerza y me hizo amarlo todavía más.

¿Entonces dirías que a día de hoy todavía hay muchos prejuicios sobre los hombres bailarines?

Sí, un poco menos pero gracias a la labor que hacemos nosotros desde dentro, como las sesiones de puertas abiertas que organizábamos desde el Conservatorio para enseñarles al resto de niños y niñas qué es el ballet. La mayoría de ellos, ya sean los del pueblo o los del colegio de Zaragoza, piensan que vamos con puntas, con tutú rosa, y que haces “plié”, “relevé” y que giras un poquito. Hay muchos prejuicios en cierto sentido por lo que se ve en la televisión. No saben ni qué es el ballet, ni qué pasos hay, ni lo que cuesta. 

¿Cómo es el ballet en cuanto a dureza física? 

A nivel de ejercicio muscular, se compara con el deporte de élite. Mi hermana pequeña, por ejemplo, tiene 14 años y está entrenando 4 horas diarias, y más adelante hará 6. Aunque muchas niñas lo acaban dejando porque son muchas horas lectivas  y mucho cansancio mental además del cansancio físico. El ballet es la búsqueda de la técnica perfecta, por tanto es lo antinatural, y eso cuesta mucho y crea frustraciones. De esta forma, los bailarines tenemos que luchar contra nuestro propio cuerpo para conseguir la técnica acertada, con mucho trabajo, pero resultados muy lentos. Para perder esa forma física basta con una semana de vacaciones, porque el cuerpo se cura. 

¿Y está poco valorado todo este esfuerzo? 

Muy poco, no está pagado. Yo entiendo que se cobre mucho más en otros deportes como el fútbol o el baloncesto por el dinero que genera. Pero aún así no está valorado en absoluto por la sociedad. Posiblemente nos iría mejor con el rey Luis XIV cuando todos los nobles practicaban ballet -bromea-. 

¿Qué es lo que más te gusta de bailar? 

Yo he nacido artista. A mí lo que me gusta son los aplausos. El “feeling”, el “glamour” de la escena, no sé… ¡muchas cosas! La satisfacción de finalizar una actuación. Porque cuesta mucho, pero cuando la acabas te sientes como después de haber subido una montaña. Y para los artistas es mucho, porque no es lo mismo lo que puede sentir alguien bailando en una discoteca que lo que puedo sentir yo en un escenario haciendo una pieza de introspección personal. Yo he estado bailando en un escenario y me he emocionado, con los pelos de punta y llorando. Es como meditar. Cuando bailamos, aunque sigamos una coreografía, no son solo movimientos, vamos sintiendo lo que hacemos, por lo que es más bien un viaje emocional. Y eso es lo bonito del arte, sentir lo que haces. Los actores, por ejemplo, se meten en la piel de otros personajes y nosotros nos introducimos en emociones y las representamos con movimientos. Además todo esto ayuda a encontrarse a uno mismo y a aprender de los sentimientos.

¿Cómo te ha ayudado el baile a lo largo de tu vida? 

A nivel personal lo ha sido todo. Probablemente acabe debajo de un puente porque económicamente es un poco precario. Pero de manera individual va mucho más allá. Si no fuese bailarín, ¿qué sería la vida? Porque lo que aprendo en el baile luego lo utilizo en todos los entornos de mi vida, y siento cada aspecto de una manera mucho más sentimental que otra persona que no sabe sentir emociones como por ejemplo yo, que al bailar las he experimentado y las he desmontado para explorarlas. Además las sensaciones de todo lo que hago luego me las llevo al baile. 

  • La cultura Ballroom

La escena Ballroom surgió a modo de escape para la comunidad negra y latina LGTB+ de Nueva York desde los años 80 del siglo pasado. El objetivo era permitir la libre expresión de personas que en la sociedad heteronormativa -o por cuestiones de raza- se sentían rechazadas y marginadas. Muchas de estas personas encontraban -y siguen hallando a día de hoy- aceptación y una familia en la comunidad Ballroom, dentro de las “houses”, tras haber sido expulsadas o haber escapado de su propia casa.  Y en la actualidad sigue siendo una cultura que enlaza en baile con la diversidad sexual. Estos espacios con significado más allá que el de un club de baile, se estructuran como una familia -un padre, una madre, y hermanos- de manera que entre ellos se ayudan y guían a los nuevos.

Las balls son los eventos, a modo de competiciones, que organiza la escena ballroom y en estos se mezcla la moda, la pasarela y otras categorías, a parte de las de danza -la cual es el Vogue-. Las kikiballs se inventaron posteriormente como pequeñas competiciones más informales para prepararse para las balls, de más repercusión. El nombre de esta disciplina procede de la revista de moda con el mismo nombre, ya que los primeros pasos representaban poses como las de las modelos que aparecían en estas revistas.

Una visión actual

 Adan Revlon considera que en la actualidad este baile procedente de la cultura Ballroom se está volviendo “mainstream”. El primer “boom” tuvo lugar con el videoclip de Madonna “Vogue”, momento en el que comenzaron a popularizarse sus pasos y sus poses. “A día de hoy yo veo vídeos en la red social TikTok con esta canción y con gente bailándola con pasos de Vogue”, asegura el bailarín. Sin embargo, considera que aunque la sociedad introduzca este baile en sus modas, no conoce todavía la cultura Ballroom, de donde procede el Vogue.

En cuanto a la visión que tiene la sociedad sobre este baile, Revlon considera que aún queda mucho por avanzar, “como pasó con las personas Trans”. Sin embargo, reconoce que en ambos casos, diversas producciones cinematográficas como las series ‘La Veneno’ o ‘Pose’ favorecen a que los adolescentes y la sociedad en general empiece a tener referentes con los que aprender nuevas perspectivas.

 

¿Y en cuanto a su perspectiva dentro del mundo de la danza?

Dentro del arte en general se está viendo mucho mejor, porque se están dando cuenta de que muchas de las corrientes artísticas de moda, por ejemplo, surgen del BallRoom. Aunque no lo sepamos, hay muchos diseñadores, como Jean Paul Gautier, que han participado en Balls y han sacado de ahí sus ideas para la moda. Hay una frase muy famosa de un diseñador que dice “si lo has visto en una pasarela de moda, ha ocurrido antes en una Ball”. 

¿Alguna vez te has planteado dejarlo?

No, es que en realidad tampoco sirvo para otra cosa. No me refiero al hecho de ser bailarín, sino artista. Todo lo que sea artístico o tenga un viaje artístico es lo que me mueve. Obviamente podría trabajar en una oficina y sobreviviría igual, pero no me llenaría. Si lo dejo es por una lesión e incluso ni aún así, trataría de ser coreógrafo, profesor o lo que pudiese relacionado con el arte. Yo creo que nunca voy a dejar de bailar. Y si eso pasa, será porque me ha caído una maceta en la cabeza. Hay una frase que dice “que el fin del mundo me pille bailando”, pues así me siento yo.

¿Te gusta tu vida ahora con lo que dedicas tu tiempo? 

Ahora mismo con la situación de la pandemia un poco mal, porque me falta el hecho de poder viajar y bailar por otros países. Sin embargo, también pienso que aún soy joven para meterme en una compañía y bailar por el mundo, tengo el alma más joven aunque se me esté pasando el arroz de mi edad real. Quiero experimentar un poco más con el baile, antes de que me impongan lo que debo bailar. Aún así, prefiero no pensarlo, porque en este mundo el futuro de un bailarín es un año, después de eso no se sabe nunca qué puede pasar, como el cambio del cuerpo, la desaparición de compañías, etc. 

¿Cómo surge tu inspiración inspiración para bailar? 

De mis propias experiencias. De mis propios sentimientos de momentos pasados, a través de una canción, etc. Muchas veces son momentos en los que analizo qué me hacen sentir y los represento en movimientos. Mi proceso creativo son sobre todo emociones, sentimientos y experiencias personales. 

Hemos hablado de esos prejuicios que hay todavía hacia los hombres bailarines… 

En realidad son solo hacia los bailarines de ballet o de algo clásico, porque además ahora con las redes sociales y, sobre todo con ‘TikTok’, se han puesto muy de moda otros tipos de bailes y están bien vistos. Entonces estamos hablando de prejuicios en a lo que no entienden, sobre todo en cuanto a la homofobia, porque la gente ve el ballet como algo femenino. Aunque realmente se nos exige mostrar una imagen del hombre antiguo, sobre todo por los personajes que representamos, que muchas veces son príncipes o figuras de ese estilo, donde se busca la masculinidad. Pero como todo, creo que hay que darle tiempo. Por ejemplo, antes las personas Queer llevaban las uñas pintadas y se veía mal. Ahora lo lleva el cantante Harry Stiles y muchos chicos lo empiezan a llevar sin que suponga feminidad. Esto me hace gracia, porque en cuanto se pone de moda todo el mundo lo acepta y lo sigue, pero hasta entonces lo critican mucho. 

¿Y qué le dirías a un chico que quiera introducirse en el mundo del ballet pero que le dé miedo por estos prejuicios? 

Pues que si le gusta, que lo haga. Que no piense en cómo le van a tratar, porque la gente es tan estúpida y tan borrega, que solo admiten lo que está de moda. ¿Quién te dice que dentro de 20 años no va a estar de moda practicar ballet? Pues no lo sabemos y no tenemos que dejarnos guiar por eso. Entones, mi recomendación es que no piensen tanto en eso, porque si les gusta es porque son especiales, aunque solo sea por salirse de la norma, y porque les interesa algo más artístico o más profundo. Si una persona es distinta lo va a ser siempre, por tanto no hay que negarse a cómo es uno mismo.