El triunfo de los pequeños

La Super Bowl LII enfrentó a NE Patriots y Philadelphia Eagles. Este evento pone fin a la temporada de fútbol americano. Es, sin duda alguna, uno de los más grandes eventos que se celebran, además de mover una gran cantidad de dinero. Un espacio publicitario a lo largo del encuentro supone una mayor expectación por el público, de ahí que los precios sean elevados. Sin embargo, lo importante es lo que sucede en el campo.

Celebrada en Minnesota, la gran fiesta del fútbol americana enfrentaba a dos equipos de dispar palmarés. El equipo de Filadelfia disputaba una final que todavía no había ganado. Los Patriots buscaban su sexto título y segundo consecutivo, ya que llegaban como defensores del título de la Super Bowl, el preciado trofeo Vince Lombardi. Además, en todas las encuestas partían como favoritos y ya contaban con un antecedente en 2005 de arrebatarle el título a los Eagles.

Pero la historia tenía un hueco reservado para las águilas. El equipo de Filadelfia se había plantado en la gran final partiendo siempre como el underdog. La temporada regular la terminaron en primer lugar en la conferencia NFC (junto a la AFC, una de las dos grandes conferencias de la NFL). En las semifinales de conferencia tuvo que hacer frente a Atlanta Falcons, equipo derrotado en la pasada edición de la Super Bowl. La final de conferencia fue contra el segundo de la misma, un equipo que partía como favorito por la temporada que había realizado, los Minnesota Vikings. Contra todo pronóstico, la final de conferencia fue un paseo en un resultado de 7-38 para las águilas. Así pues, certificaban su presencia en la final frente a los temibles Patriots de Tom Brady.

Este equipo llegaba a la fase final de la temporada con la esperanza de convertirse, aún más si cabe, en el equipo más laureado de la historia reciente de la NFL. Tras acabar la temporada regular como primeros de conferencia, se deshicieron sin problemas de los Tennessee Titans en las semifinales de conferencia. En la final sufrieron frente a los Jacksonville Jaguars, a los cuales vencieron por cuatro de diferencia. Con la final decidida, todo parecía apuntar a que saldrían vencedores una vez más. Sin embargo, la realidad fue muy distinta.

Este año el honor de cantar el himno recayó en la cantante Pink. Una vez finalizadas todas las preparaciones, se dio lugar al inicio de un emocionante partido. Tras un total de catorce jugadas y siete minutos de posesión, los Eagles abrieron el marcador con un field goal (pateo que, si se convierte, suma tres puntos) que no tardarían en contestar los Patriots. La siguiente posesión del equipo de Filadelfia terminaba con un pase de 34 yardas que recibía a la perfección Jeffery para anotar el touchdown. Con un resultado de 9 a 3, las águilas cerraban el primer cuarto con ventaja.

El segundo cuarto comenzó con posesión para los Patriots, pero su línea ofensiva no conseguía crear grandes problemas a su rival. Esta fue la tónica general durante la primera mitad del encuentro, una situación similar a la vivida en la pasada edición de la Super Bowl, aquella misma que terminó con una remontada imposible y un nuevo título para Brady y sus Patriots. Aunque en este caso, la diosa Fortuna no les sonrió.

La ventaja de los Eagles siguió ampliándose con un touchdown de Blount, tras una carrera de veintiuna yardas. La ofensiva de los Patriots trataba de reducir la ventaja de su oponente, primero con Field Goal y luego con un touchdown que no tardaría en responder el equipo de Filadelfia.

Al descanso el encuentro se marchó con un resultado favorable de 22-12 para los Eagles y todo parecía apuntar que podría repetirse la misma historia que el año pasado. La edición anterior terminó con un Brady inmenso que llevó a su equipo a una remontada memorable. La víctima, los Atlanta Falcons.

La segunda parte mostró una mejor imagen de la ofensiva de los patriotas, y en especial de Brady. El touchdown de Gronkowski y la conversión del pateo metía presión al rival, que no podía fallar. Y así fue, no falló. En los casi cinco minutos que tuvieron la posesión, las águilas consiguieron volver a establecer una diferencia de diez. Sin embargo, el tercer cuarto terminó a sólo tres de diferencia, 29-26.

La historia estaba cerca de repetirse. Los Patriots se acercaban a la remontada. Y así lo hicieron. Porque remontar, llegaron a remontar. Durante el último cuarto la ofensiva de New England volvió a ser temible y eficiente, como ya había demostrado. Las opciones de los Eagles pasaban por realizar una jugada lo más larga posible y una buena defensa.

En esta tesitura, y con un marcador 32-33 para los patriotas, sus rivales tenían que alargar su posesión el mayor tiempo posible, convertirla en puntos y dejarlos sin posibilidad de actuar. Tras siete minutos de posesión, el equipo de Filadelfia volvía a ponerse por delante, en una ventaja de cinco y con dos minutos todavía por jugar. Dos minutos. Tiempo suficiente para que Brady hiciera la magia.

Pero falló. En el momento más culminante del partido falló. Perdió la posesión balón a la hora de realizar un pase, sufriendo lo que se conoce como sack. La siguiente conversión de Filadelfia sería definitiva, 41-33.

La historia más curiosa es que este partido no dejó de batir récords, entre ellos, el de mayor número de yardas recorridas en un partido entre ambos equipos. Además, el quaterback de los Eagles pasó de ser suplente a ser MVP en toda una final de Super Bowl. Sin duda alguna, este encuentro no dejó de ser más que un claro ejemplo de como el esfuerzo de los más pequeños puede ser gratamente recompensado.

 

Estudiante de periodismo. Aficionado al fútbol y al patinaje artístico e interesado en todo tipo de deporte. Amante de la cultura japonesa, las series y la animación.

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