PRECEDENTES: EL CONFLICTO DE NAGORNO-KARABAJ

La pasada semana conocíamos que el talentoso mediapunta armenio del Arsenal, Henrikh Mkhitaryan, no disputará la final de la Europa League esta noche frente al Chelsea. No se ausentará por lesión. Ni por acumulación de tarjetas. Ni tampoco por decisión técnica de su entrenador, Unai Emery. La realidad es que el jugador es armenio y la final se disputa en Bakú (Azerbaiyán).

Ambos países mantienen un conflicto político que perdura durante años. Sin ánimo de entrar en demasiados detalles, el foco de tensión es el área de Nagorno-Karabaj. Esta región montañosa, de mayoría armenia, fue atribuida en su día a Azerbaiyán. Sin embargo, desde la caída de la URSS, Azerbaiyán y Armenia se disputan el dominio territorial de esta zona. El conflicto se recrudeció y Nagorno-Karabaj fue autoproclamado república independiente, aunque sin reconocimiento internacional. Pese a que la guerra entre Azerbaiyán y Armenia terminó, hoy en día la zona continúa siendo conflictiva y armenios y azerís siguen reclamando este territorio. La tensión persiste y ambos países permanecen enemistados.

Fuente: politicaexterior.com

En este contexto, el gobierno azerí restringe la entrada al país a armenios y, en particular, si han estado vinculados con el territorio Nagorno-Karabaj. Para más inri, la prensa internacional se ha hecho eco de que Mkhitaryan ha visitado este enclave en dos ocasiones y ha llegado a donar fondos para financiar el mantenimiento de dicha zona.

RESOLUCIÓN DEL CASO MKHITARYAN

Con todos estos ingredientes en la coctelera, y pese a que la UEFA y el gobierno de Azerbaiyán garantizaron la seguridad del jugador, Mkhitaryan y su familia, de conformidad con el Arsenal, han decidido no arriesgarse a pisar el país. No es la primera vez que la estrella armenia rehúsa visitar Azerbaiyán, ya que hace 7 meses no viajó con el Arsenal para enfrentarse en la fase de grupos al Qarabag. Tampoco en 2015, cuando jugaba en el Borussia Dortmund, se enfrentó al Gabala FK, otro de los clubes punteros de Azerbaiyán.

Ya hay precedentes. Y es que en caso de decidir disputar el encuentro, no sería la primera escena tensa que vive un deportista armenio en Azerbaiyán. Por ejemplo, en los primeros Juegos Europeos de 2015, celebrados en Bakú, un luchador armenio obtuvo la medalla de plata y recibió una notable pitada de la afición local. Mientras el presidente azerí le otorgaba su persea, tuvo que pedir que cesaran los silbidos al deportista extranjero.

El embajador azerí en Reino Unido fue crítico con la decisión del jugador, deslizando que estaba más preocupado de hacer política que de jugar al fútbol, su verdadera profesión. No puedo estar menos de acuerdo. La de Mkhitaryan es una opción legítima, habida cuenta del riesgo personal que su presencia podría suponer para él y su familia. Además, garantizada o no la seguridad del jugador, en todo caso quien ha politizado la final es la UEFA y no el bueno de Mkhitaryan, que bastante tiene con perderse un partido con el que sueña cualquier futbolista.

Fuente: @HenrikhMkh

La mercantilización que lleva por bandera el fútbol moderno nos trae finales a sedes tan “exóticas” como Azerbaiyán. Y llega la polémica. Es cierto que no es la primera manifestación de apertura a través del deporte de un país que está bajo la lupa de la comunidad internacional. Pensemos en el ya asentado Gran Premio de Fórmula 1, en los I Juegos Europeos de Bakú en 2015, o en la Olimpiada de ajedrez de 2016. Tampoco la UEFA tiene que condicionar la elección de una sede en función de la probabilidad de que el equipo de un jugador armenio llegue a la final. Pero una vez ocurre la situación, tienes que poner remedios. Remedios de verdad, que convenzan a las partes y den confort al jugador. Desde Reino Unido incluso se planteó trasladar la sede. No sé si era una buena solución… Ni siquiera sé si con tan poco margen de tiempo había una alternativa razonable. Lo que es innegable es que el Arsenal sufre un perjuicio comparativo respecto al Chelsea y que la UEFA ha vuelto a quedar en evidencia. Comprando papeletas previamente, claro, para que algo así suceda.

LA POLITIZACIÓN DEL FÚTBOL: UN FENÓMENO HISTÓRICO

Pero no es la primera vez que el fútbol se politiza. En lugar de tender puentes, en muchas ocasiones es utilizado como vehículo para encender conflictos políticos o para ignorarlos. Y hagamos memoria, porque es un tema que viene de lejos

Resulta complicado hacer una compilación de episodios de politización del fútbol a lo largo de la historia. Y todavía más contarlos aquí, pues cada uno de ellos bien se merecería un artículo propio. Pero vamos a intentar dar una pincelada de algunos de los que considero más destacados, a nivel internacional y en España también. Por cierto, que en la selección de estos conflictos ha sido una gran fuente de conocimiento el libro “Futbolistas de izquierdas”, de Quique Peinado, cuya lectura recomiendo.

 

EL MUNDIAL DE MUSSOLINI: ITALIA 1934

El fascismo italiano fue uno de los primeros en utilizar el fútbol como arma política. Tras el éxito del primer Mundial de Uruguay 1930, Mussolini decidió organizar en Italia el Mundial de 1934. El temor al dictador conformó un campeonato que contaba con Italia como ganador ya antes de su comienzo. La victoria azzurra estaba escrita e Italia bordó la primera estrella de su camiseta. Para ello eliminó a España en cuartos de final y a Austria en semifinales, y venció a Checoslovaquia en la final –con decisiones flagrantes del estamento arbitral en todos los choques, para asegurar el éxito de Mussolini–. El Duce consiguió así un arma propagandística muy efectiva, que recordó al mundo la grandeza de su nación. Un peligroso precedente en la historia del fútbol.

Fuente: elcomercio.pe

En 1938 Italia repetiría título mundial, esta vez con sede en Francia y en un torneo marcado por el ambiente prebélico que se vivía. Más allá de la victoria italiana, en este periodo destaca la figura de Hitler, cuya injerencia también alcanzó el fútbol. Este mundial contó con la participación de solo 15 países, ya que Austria –una de las selecciones más potentes de la época– no pudo competir al ser anexionada por el Führer. Algunos miembros de ese combinado nacional pasaron a la selección alemana, mientras que otros fueron lamentablemente malogrados.

 

MUNDIAL DE ARGENTINA 1978 “PANEM ET CIRCENSES”

Y en la misma línea siguió Argentina, varias décadas después. Ya nos lo descubrió el Imperio romano: “pan y circo” para distraer al pueblo de los verdaderos problemas y alejarlo de la vida política. El Mundial de Argentina 1978 es otra de las grandes obras de instrumentalización del deporte al servicio de la política. Y es que tras el golpe de Estado de marzo de 1976, Argentina comenzó una etapa de dictadura de la que han quedado acreditadas numerosas desapariciones, torturas, ejecuciones ilegales de opositores, etc.

Ese Mundial suscitó muchísima polémica y algunas selecciones se replantearon su participación. No obstante, finalmente las protestas se realizaron más a nivel individual –se habla de la visita de jugadores a las Madres de la Plaza de Mayo– y no tanto como política de Estado. El ejemplo más claro fue Holanda, que finalmente jugó y, de hecho, acabó perdiendo la final contra Argentina. Hoy, décadas después, algunos jugadores argentinos de la época son más conscientes de lo que entonces ocurría en su país. Fueron títeres políticos utilizados para encubrir los crímenes de lesa humanidad que allí se estaban cometiendo. Y es que, ¿qué mejor que un Mundial? Panem et circenses

 

LA LEGALIZACIÓN DE LA IKURRIÑA

Trasladándonos ya a nuestro país, toca abordar los nacionalismos. Vamos en primer lugar al País Vasco. Corría el año 1976 y la ikurriña era considerada una bandera ilegal, alegándose que se ideó con fines separatistas. En este contexto, aprovechando el derbi vasco del 5 de diciembre, el futbolista de la Real Sociedad, Josean de la Hoz, propuso que al saltar al campo, ambos equipos mostraran la bandera.

Tras conseguir la aquiescencia de las dos plantillas, el guipuzcoano logró colar la bandera –con el estadio de Atocha plagado de policía nacional–, y junto a los capitanes Kortabarria e Iribar, firmaron una foto para la historia. La ikurriña se exhibió en público sin represalias. Tal y como se reconoce en “Futbolistas de izquierdas”, este derbi prácticamente legalizó la ikurriña, pues fue antecedente del 19 de enero del 1977, día en el que ondeó en la Plaza de la Constitución de San Sebastián y, por ende, quedó legalizada de facto.

INDEPENDENTISMO CATALÁN

Finalmente, llegamos ya a nuestro siglo. Y por cercanía, probablemente lo primero que nos viene a todos a la cabeza es la cuestión catalana. Las pitadas al himno de España en varias finales de Copa del Rey, la prohibición de esteladas de la UEFA, el partido entre Barça y Las Palmas del 1 de octubre de 2017 que se jugó a puerta cerrada por motivos de seguridad, el posicionamiento de club y jugadores en el conflicto… Todos estos son también ejemplos de la instrumentalización del fútbol para fines políticos.

A lo largo de las décadas, el fútbol ha supuesto y supone un escaparate tremendo, es un gran fenómeno social. Es por ello que el de Mkhitaryan no constituye un caso único y, en la defensa de unos intereses u otros, sigue al servicio de la política. Todavía en el siglo XXI, la politización del fútbol sigue ocupando portadas. Pero el fútbol es demasiado bonito como para alinearlo con causas que no le corresponden. Por eso, desde aquí aludo a la cordura, pido evitar las designaciones de sedes polémicas y rechazo el traslado de las cuestiones políticas al césped. No necesitamos polémicas extra deportivas, esta noche nos bastará con el partidazo entre Arsenal y Chelsea.

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