Con tan solo menos de dos meses para el comienzo de uno de los mundiales más atípicos de la Historia, la FIFA continúa dando la espalda a la reiterada vulneración de los derechos fundamentales que tienen lugar al este de la Península Arábiga. Sin embargo, esto no es nada que no se haya visto antes en el mundo del fútbol. Ya tuvimos que aguantar un Mundial en tierras brasileñas hace 8 años donde los estadios llegaron a medio hacer y cuya elección como sede del Mundial no escapaba del misterio. Poco queda decir también del Mundial conseguido por Putin en 2018 para Rusia. Ahora resulta curioso ver como la FIFA y la UEFA tratan de camuflar y expulsar a los equipos rusos de todas sus competiciones…

Sin embargo, el caso de Qatar resulta aún más incomprensible. Un país con nula cultura futbolística, con temperaturas que pueden llegar hasta los 50º y donde los derechos humanos son más que cuestionables. Definitivamente, una gran elección por parte de la FIFA, de nuevo.

La incompatibilidad con las altas temperaturas

En un primer momento, resulta razonable aplazar el campeonato a los meses de noviembre y diciembre debido a las altas temperaturas en los meses de verano. Sin embargo, esta teoría se desmonta cuando el pasado 13 de junio, unas fechas por las cuales debería haber comenzado el Mundial en condiciones normales, se celebra en el Al Rayyan Stadium de Qatar el partido clasificatorio para el Mundial entre Australia y Perú. Repito, el 13 de junio.

Según nos habían vendido, sobre esas fechas era imposible practicar el fútbol en el Estado de Qatar. No solo rompen con una tradición de casi cien años de historia, sino que, además, se ríen de nosotros enviando a Qatar un partido clasificatorio en pleno mes de junio sin ningún tipo de justificación. En definitiva, este apartado lo podríamos definir de la siguiente manera: incoherencia y circo en búsqueda de la “novedad”.

Los muertos de Qatar

Según The Guardian, unos 6.500 trabajadores de entre 30 y 40 años han perdido la vida en las construcciones de los estadios para el Mundial de Qatar desde el año 2010. Sin embargo, es posible que este número sea aún mayor. Ante esto, Qatar solo ha reconocido unas pocas muertes alegando “causas naturales” o “insuficiencia cardíaca”. Teniendo en cuenta que estamos hablando de trabajadores de entre 30 y 40 años, resulta poco creíble lo transmitido desde las autoridades qataríes. La realidad es que muchos de estos obreros han estado trabajando en situaciones extremadamente precarias, sin utensilios de seguridad suficientes y teniendo que aguantar durante largas jornadas de trabajo los incesantes rayos del sol.

La gran mayoría de estos obreros provenían de países extranjeros, como Kenia, Nepal, India o Bangladesh, con la intención de ayudar económicamente a sus familias. El no reconocimiento de la gran mayoría de las muertes ocurridas por parte del Estado de Qatar evita que los familiares de los trabajadores fallecidos puedan si quiera reclamar alguna indemnización, lo que agudiza aún más los problemas económicos de estas familias.

Machismo y homofobia por bandera

A los hombres del desierto qatarí les gusta mandar, y si no obedeces, ponen en práctica una serie de medidas que podrían considerarse cuestionables al otro lado del mundo. La libertad de expresión brilla por su ausencia. Incluso, leyes recientes limitan aún más la práctica de este derecho. La discriminación a la mujer está avalada por la ley. Las mujeres deben solicitar permiso a su tutor (siempre hombre) para casarse, viajar o acceder a la Universidad, entre otras cosas. Sin embargo, los responsables del Mundial de Qatar 2022 afirman que, a diferencia de otros países, en Qatar las mujeres no tienen restricciones sobre el acceso a los estadios.

Por otro lado, la homosexualidad está prohibida por ley, llegando a penas de siete años por “sodomía” o “disipación”. El presidente del comité organizador del Mundial, Nasser Al Khater, aseguraba en una entrevista que el país daba la bienvenida a los homosexuales, aunque les recomendaba no mostrar su afecto en público.

Qatar lleva años tratando de blanquear estas ideas y acciones mediante la organización de eventos, como el propio Mundial de Qatar 2022 o la llegada de la Fórmula 1 al país árabe, o mediante patrocinios de clubes europeos, siendo el ejemplo más claro el Paris Saint-Germain, equipo al que en la actualidad se le conoce como “club Estado” ante la cantidad de millones invertidos en la entidad por parte de jeques qataríes.

En definitiva, en algo más de mes y medio dará comienzo el auténtico Mundial de la vergüenza. Pero no nos equivoquemos. La culpa de que el campeonato más importante del fútbol mundial se celebre a las puertas del invierno no es de Qatar. La culpa de que hayan muerto 6.500 trabajadores en situaciones precarias no es de Qatar. La culpa de que las personas homosexuales no puedan expresarse libremente durante la competición tampoco es de Qatar. La culpa de todas estas barbaridades es única y exclusivamente de la FIFA, el organismo más corrupto del fútbol, al que, una vez más, el olor a billete recién planchado le ha sido suficiente para cerrar el hocico ante la vulneración de los derechos humanos. No nos equivoquemos. Esto no es fútbol, esto es negocio.

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