SuperLiga europea: ¿El siguiente episodio de la pesadilla del fútbol moderno?

Cobra fuerza la creación de una nueva SuperLiga europea que sustituya la actual Champions League. Y, desde entonces, la Premier y la Liga han mostrado su oposición. ¿Será un nuevo episodio del fútbol moderno que estamos viviendo?

Hace ya meses saltó a la palestra la creación de una nueva SuperLiga europea de fútbol, que vendría a sustituir a la actual Liga de Campeones y cuyo homólogo sería, por simplificar, la actual Euroliga de baloncesto. Filtraciones de Football Leaks, la reunión de marzo entre la ECA (European Club Association) y el ejecutivo de la UEFA, las reacciones de las Ligas nacionales… En las últimas semanas, los rumores se están intensificando y aparecen nuevos titulares: entrada en vigor en la temporada 2024-2025, plazas garantizadas, creación de varias divisiones, intención de jugarse los fines de semana desplazando a las jornadas domésticas a horario intersemanal… Una continua tormenta de ideas que, de momento, aporta pocas certezas, pero cuya disrupción bien merece una reflexión.

¿Por qué una SuperLiga europea?

Los grandes clubes europeos pretenden crear una nueva competición sobre la que tendrían un mayor control y que les reportaría mayores ingresos –vía marketing y sobre todo, a través de derechos televisivos–. Y es que es cierto que la actual Champions League es ya un modelo caduco. Las eliminatorias directas tienen la máxima emoción y obtienen el mayor share televisivo de toda la temporada en Europa, pero los 3 meses de fase previa se hacen a menudo tediosos. Un formato que maltrata a los equipos pequeños y regala salvavidas a los grandes –cada año vivimos un déjà vu, dado que se repiten prácticamente los mismos equipos entre los 16 clasificados para la segunda fase–. La intención de los gigantes europeos es que en la renovada SuperLiga todos los encuentros sean de alto nivel y conseguir así un producto televisivo más atractivo que el actual. Una liga más reducida y más elitista, que llene aun más los bolsillos de los más ricos.

Detrás de esta idea están algunos de los equipos más clásicos del viejo continente, como son el Real Madrid, FC Barcelona, Bayern de Münich, Milan… Se trata de una nueva fórmula más eficiente en términos económicos, pero que surge también como reacción al contexto actual del fútbol europeo. Un fútbol cada vez más dominado por clubes en manos de inversores millonarios (Manchester City, Chelsea, PSG…), con Ligas domésticas muy polarizadas (Juventus y PSG se pasean en sus respectivos países) y con un poderío económico abrumador del fútbol inglés (el nuevo contrato televisivo millonario hace que, a modo de ejemplo, el último clasificado de la Premier ingrese más en este concepto que el Atlético de Madrid). Precisamente este último hecho puede explicar que los más vetustos equipos ingleses estén haciendo menos ruido en el impulso de esta novedosa competición.

Sin embargo, el germen de esta SuperLiga se encuentra muchos años atrás. Clubes y organismos europeos han mantenido históricamente un tira y afloja en defensa de los intereses de los primeros. Tras la sustitución de la Champions League por la antigua Copa de Europa surgiría un lobby que comenzó siendo un G-12 de los clubes europeos más poderosos y crecería hasta ampliarse a un G-14 y finalmente, un G-18. Este grupo de presión ha ido consiguiendo numerosos beneficios, desde el cambio de formato hacia fases de grupos para evitar el riesgo monetario de que los grandes cayeran pronto eliminados, hasta la última ampliación de plazas directas para la Champions en las grandes ligas, entre otros. La última amenaza es hoy, con la ECA como brazo ejecutor, la creación de la SuperLiga europea.

Oposición de las ligas europeas

A raíz de las noticias que surgen en torno a la SuperLiga, las grandes Ligas nacionales se están posicionando en contra de este nuevo proyecto. La reacción más sonada ha sido la de la Premier League, que  emitió un comunicado el pasado viernes del que destaca lo siguiente:

“En Inglaterra, el fútbol juega un papel importante en nuestra cultura y en la vida cotidiana. Millones de seguidores asisten a partidos en todo el país, con lealtades y rivalidades locales que a menudo pasan de generación en generación. (…) Ahora trabajaremos con la FA y otras ligas para garantizar que los organismos europeos de fútbol entiendan la importancia de esto. Su obligación es mantener la salud y la sostenibilidad del fútbol nacional”.

Por parte de la Liga española, saltó al paso Javier Tebas el mismo viernes, agradeciendo la oposición de la Premier y señalando:

“La Liga no va a permitir que proyectos como la SuperLiga prosperen”, sosteniendo que “se está hablando por detrás y sin transparencia” y que “son proyectos perjudiciales para los propios clubes que pretenden organizarla y para la competición”. Finalmente, añadió que “la Liga de Campeones es un competidor nuestro y si le das más jornadas a los grandes clubes habrá más trasvase de dinero a ellos”.

NO a otro triunfo del fútbol moderno

Como aficionado al fútbol, son dos comunicados esperanzadores. Y es que esta nueva competición otro símbolo más de la mercantilización que guía desde hace años al conocido como fútbol moderno.

Del posicionamiento de la Liga española, destacaría que deja claro que el nuevo proyecto de SuperLiga abriría aun más la brecha económica que separa a los más poderosos del resto de equipos locales, lo que mermaría el nivel de nuestro fútbol nacional.

Pero mención especial merece el posicionamiento inglés. Llamadme romántico, pero la liga inglesa está recordando la magnitud de su competición doméstica, los valores del fútbol local. Evocan la pasión de unos aficionados que abarrotan cada campo inglés en todas y cada una de las jornadas de su campeonato, pues la Liga inglesa sí es un ejemplo de cuidado al aficionado y a su competición. Porque la peregrinación cada tarde de domingo al estadio es sagrada, esa aura que rodea al matchday es la auténtica esencia del fútbol.

Además, quedan en el tintero otros aspectos. Más allá del acentuado desequilibrio económico que se produciría, aquellos que tuvieran plaza fija en la SuperLiga probablemente menospreciarían –todavía más– el valor del campeonato doméstico. Si ya actualmente parece que se da más valor a la Champions que a la Liga propia –pensamiento que a mi juicio es injusto e incorrecto–, se haría todavía mucho más evidente en la cúpula de los poderosos si se potencia la nueva elitista liga europea.

Por otra parte, se está hablando de trasladar los partidos europeos al fin de semana, relegando las ligas nacionales a jornadas entre semana. De hecho, en baloncesto es algo que la Euroliga lleva años buscando, sin éxito. Obviamente, el valor del producto televisivo de la SuperLiga se multiplicaría, pero es una línea roja que no se puede traspasar. Competir los lunes y los viernes ya es una aberración, como también lo es pensar en disputar partidos de Liga en Estados Unidos. Expulsar las jornadas de Liga de los fines de semana sería ya la puntilla final. Un maltrato al aficionado intolerable, que mataría el fútbol nacional.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *