A través de los años, las mujeres han logrado espacios en los diferentes ámbitos de la sociedad.

Siendo uno de ellos, en el deporte.

El deporte, ámbito, asignado por completo al hombre por su rol de fuerte y atlético salvador del sexo débil. La práctica deportiva le fue negada a las mujeres por siglos.

Para explicar el papel de la mujer en el deporte hay que retroceder a los inicios de los Juegos Olímpico. Esto, tenían como objetivo fomentar la habilidad atlética del hombre. Las mujeres solo eran un elemento estético siendo su única participación el de entregar el premio al ganador de turno.

Práctica que no ha cambiado mucho pues recordemos el papel de las azafatas en las carreras de motos.

Además, en 1894, un tal Pierre de Fredy realizó un Congreso Internacional para la instauración de los Juegos Olímpicos.  Ahí, concluyó que la mujer no podías participar en esto pues era «aberrante y contrario a la salud pública». Pues es obvio que si la mujer salía de la cocina podía contraer graves enfermedades incluso quedarse estéril. ¡UNA MUJER QUE NO PUEDE TENER HIJOS!

Este acontecimiento impulsó a las mujeres a fundar en París los Juegos Olímpicos Femeninos (1922). Estos juegos se fueron extendiendo a lo largo de los años en Gotemburgo y en Praga.

La UNESCO estableció en la Carta Internacional de la Educación Física y el Deporte, aprobada por su Conferencia General en su reunión número 20, que:

«Todo ser humano tiene el derecho fundamental de acceder a la educación física y al deporte, que son indispensables para el pleno desarrollo de su personalidad».

Esto ha dado lugar que el octavo principio fundamental que rige la Carta Olímpica sea la siguiente:

«La práctica del deporte es un derecho humano. Toda persona debe tener la posibilidad de practicar deporte según sus necesidades»

Cronológicamente, en 1994, fue cuando oficialmente la mujer tuvo el derecho de participar en la práctica deportiva pues el Consejo Británico, con el apoyo del COI, realizó la I Conferencia sobre la Mujer y el Deporte en ese año, en Inglaterra. En dicho congreso se examinó la manera de acabar con la discriminación que sufrían las mujeres que compiten y participan en el ámbito deportivo.

Originó la Declaración de Brighton, aprobada por 280 delegados de 82 países. Sus objetivos principales fueron que cada gobierno y organización deportiva asegurasen oportunidades a niñas y mujeres de participar. Preservando los derechos, dignidad y el respeto del individuo.

A pesar de este gran avance, aún se observa ese desequilibrio en género, pues mientras la Selección española masculina de fútbol gana, aproximadamente, unos 32 de millones de euros al ganar el mundial y se convierte ese día en fiesta nacional, la selección española femenina consigue cubrir los gastos de los viajes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *