La figura de la mujer en los ámbitos sexuales siempre se ha tratado como un tema tabú. Existe muy poca educación sexual además de desconocimiento sobre el cuerpo femenino.

Esto da lugar a que muchos aspectos sociales e íntimos aún no estén aceptados con total normalidad en la sociedad.

Sexualidad y sexología de la mujer en la historia

Haciendo historia sexológica con el “Sal de dudas”, por Santiago Frago Valls y Silberio Sáez Sesma. Asesoría sexológica del Ayuntamiento (CIPAJ) y de la Universidad de Zaragoza.
La sexología es la ciencia que estudia la conducta sexual humana. No es una disciplina actual, aunque sí ha sufrido grandes cambios en el último medio siglo. Aun así, existen principios que han calado en la gente y siguen vigentes a día de hoy. Cada uno de ellos en detrimento de la libertad y diversidad sexual, especialmente de las mujeres.

Si miramos hacia atrás en el tiempo, en la Edad Antigua (siglo VIII a. C – siglo V d.C), pensadores como Aristóteles y Galeno invirtieron su tiempo en el estudio del cuerpo humano desde una concepción androcentrista. Ello suponía que toda diferencia entre mujeres y hombres se considerara un déficit para las primeras.

La dinámica siguió en el tiempo hasta las disecciones de Leonardo da Vinci (1452-1519) y la descripción de la anatomía femenina comenzando por Gabriele Falloppio. No fue hasta 1953, con Alfred Kinsey y Wardell Pomeroy, entre otros, que se centraron las investigaciones en la sexualidad de la mujer. Sin embargo, las reticencias morales se mantenían.

En 1870, la “histeria femenina”, término acuñado por Galeno en el siglo II, se consideraba una enfermedad proveniente del útero, en mujeres sin pareja y por falta de satisfacción sexual. Se estableció la masturbación del médico, que no la de las mujeres, como cura a tal mal, pero era demasiado cansado. Por ello se diseñó el vibrador. Dadas las circunstancias, podría considerarse más una violación que una terapia.

En los años 70, Masters y Johnson siguieron el camino de Kinsey. Con la sexología ya como disciplina independiente por Iwan Bloch, contemplaron las dificultades de Kinsey en la sociedad americana. No todo el mundo quería contar sus problemas sexuales. Ni siquiera eran conscientes de que pudieran tener solución.

William Masters y Virginia Johnson entrenaron a una serie de mujeres como ayudantes en su trabajo sexológico de erradicación disfuncional, las llamadas “partenaires sustitutas”. Eran mujeres que vivían solas o con hijos, no vinculadas a la prostitución. No obstante, la sociedad no tardó en catalogarlas en ese campo.

Por otro lado, Helen Singer Kaplan, la primera en definir el “deseo sexual hipoactivo”, relacionó los aspectos psicológicos a los problemas sexuales, estableciendo que la terapia que se había de llevar a cabo era la psicológica. Una de las bases de la buena sexualidad es la autoestima sana y el autoconocimiento y valor individual, como comprendieron Masters y Johnson más adelante.

Rosemary Basson, por su parte, aclaró que la experimentación sexual en hombres y mujeres era diferente: la excitación de los hombres era lineal y las de las mujeres circular, otorgando especial importancia al deseo. Con ello proclamó un gran mito: las mujeres son más románticas que los hombres. Los preliminares son necesarios para ellas.

Aunque no todo es pasado, pues la teoría de los sexos de Efigenio Amezúa, (1999), se inclina al estudio de la sexología basándose en la pareja. Esto repercute negativamente en la sexualidad del individuo autónomo y aumenta la presión a la soltería.

Actualmente, la sexología se compone de muchos estudios y teorías relacionadas. No obstante, se ha de destacar la implicación en la vivencia de la sexualidad libre y sana desde la infancia, como explica Mirta Granero, (2014), considerando la ansiedad el principal problema sexual no reciente.

Mitos de la sexualidad y la orientación sexual

Para poder explicar cómo se ha mitificado la figura de la mujer en estos ámbitos, primero debemos diferenciarlos.

En primer lugar, la sexualidad es el conjunto de características físicas y psicológicas propias de cada sexo.

Y la orientación sexual se refiere a un patrón de atracción sexual, erótica, emocional y amorosa a un grupo de personas definidas por su sexo.

Sexualidad

Existen numerosos mitos y falsas creencias alrededor del cuerpo de la mujer:

Las mujeres tienen menos vello o un vello menos denso. Incluso no tienen en zonas que no sean las axilas, las piernas y el pubis.

En realidad, la cantidad de vello corporal es igual en hombres y mujeres. La única diferencia es que la testosterona que generan los hombres hace que su vello corporal sea más denso.

Existen mujeres que padecen hirsutismo o síndrome del ovario poliquístico, lo que significa que tienen más testosterona de la común en el cuerpo de una mujer y ello les produce un aumento del vello corporal.

El mito de que la mujer tiene poco vello corporal radica en que antiguamente, las mujeres se depilaban para exponer más sus atributos, de forma que se las consideraba más atractivas.

Este icono de belleza continuó, y es por eso mismo por lo que las mujeres sienten que deben depilarse en lugar de hacerlo por comodidad, e incluso si lo hacen porque ellas mismas lo vean más bonito, este pensamiento va a ir condicionado por el ideal de belleza impuesto por la sociedad.

Otros mitos que encontramos en torno al cuerpo de la mujer, los encontramos en algo tan natural como la menstruación o lo que atañe a la vagina.

Algunos piensan que la regla es sangre sucia. En realidad es todo lo contrario. La sangre de la menstruación es tejido endometrial sin ninguna suciedad anexa.

También se cree que la vagina es una zona que necesita mucha limpieza. La vagina es, según el psicólogo clínico y sexólogo Fernando Villadangos, el lugar más limpio del cuerpo, en contraposición a la boca, por ejemplo.

Debido al prejuicio anterior, también se cree que la vagina huele mal. A no ser que la persona sufra de una infección, la vagina huele a lo que debe oler y no a perfumes artificiales.

Hay quien dice que la vagina no puede expulsar aire ni nada que parezca obsceno. La vagina es un órgano, no una aplicación a medida, y de hecho sí que puede expulsar gases, entre otras cosas.

Existe la falsa creencia de que se pierde mucha sangre durante la menstruación. Si se mide la sangre con una copa menstrual, realmente es menos de lo que se piensa, generalmente hablando. Aunque sí es cierto que la cantidad de sangrado varía según la persona.

Se piensa que los ciclos menstruales constan de una duración y fecha determinadas: al final de cada mes. Esto depende de cada persona, aunque la media es entre 3 días y una semana y uno cada mes.

La opinión general de las personas piensa que la regla es dolorosa. Es un proceso que engloba múltiples factores. Hay personas que sufren cólicos, con o sin ovarios poliquísticos, y el dolor es insoportable. En otros casos, la regla implica malestar general, dolor abdominal y descenso del hierro y la presión arterial. Está sujeto a la persona y a sus circunstancias. Lo que es cierto es que el estrés no ayuda a mermar las molestias.

Hay quien dice que no se puede practicar sexo con la menstruación. Es perfectamente viable practicar sexo con o sin penetración, así como masturbación durante la regla si las personas implicadas se sienten a gusto con ello. Incluso es más placentero en algunos casos por la liberación de endorfinas, pudiendo mitigar el dolor.

Los prejuicios más antiguos hablan de que las mujeres fértiles son impuras o las vírgenes son puras. La pureza es un concepto impersonal. Por lo que tener el periodo o “perder” la virginidad no las hace más dignas. La dignidad va implícita en el ser.

Los multiorgasmos son la capacidad de llegar al clímax sexual en más de una ocasión durante la misma sesión de sexo. Y hay muchas mujeres multiorgásmicas.

Resulta que los hombres, tras el orgasmo, necesitan un tiempo de descanso, mientras que algunas mujeres pueden tener muchos seguidamente.

Muchas mujeres piensan que esto es algo fruto de la juventud, sin embargo un estudio realizado por la Universidad de Texas, estipula que el rango de edad donde las mujeres presentan multiorgasmos es entre los 30 y los 50 años.

Cuando una mujer padece frigidez significa que durante la penetración no obtiene sensaciones eróticas, en otras palabras, no lo disfruta.

La frigidez puede venir de nacimiento o desarrollarse con los años. Su aparición puede deberse a:

  • Traumas infantiles
  • Una estricta educación donde se ha desvalorizado la sexualidad
  • Falta de autoconfianza
  • Torpeza o brutalidad del compañero
  • Ausencia de sentimientos por la pareja sexual
  • Malformación o disfunción genital
  • Consumición de antidepresivos, somníferos…
  • Algunas enfermedades (diabetes, esclerosis en placas…)

La solución a este problema debe tratarse directamente con el ginecólogo, sin embargo, padecer frigidez puede afectarnos no solo a las relaciones sexuales sino al entorno social y al íntimo.

Pensar que no eres capaz de satisfacer a tu pareja por padecer este problema, o que tu pareja piense que es culpa suya, puede derivar en discusiones e incluso el propio pensamiento de dejar de tener deseo o atractivo sexual, pudiendo dar lugar a una baja de la autoestima.

Cuando hablamos de “tener sexo” lo primero que se nos viene a la cabeza es el coito, la penetración entre dos o más individuos.

Sin embargo, desde el punto de vista de la sexología, tener sexo es el equivalente a tener relaciones sexuales.

Se puede definir una relación sexual como el contacto físico entre personas fundamentalmente con el objeto de dar y/o recibir placer sexual, o con fines reproductivos. La relación sexual abarca muchas posibles actividades o formas de relación entre dos personas y no se limita solo a coito o penetración.

Por lo tanto, cualquier contacto que produzca excitación y su consecuente placer sexual puede ser considerado “tener sexo” sin ser necesaria la penetración o el orgasmo: Caricias, besos, sexo oral…

Se piensa que el deseo sexual de una mujer acaba tras la menopausia, pero en realidad éste es otro mito más, ya que no tiene por qué disminuir el deseo sexual.

En realidad, muchos sexólogos animan a las mujeres a disfrutar del sexo más plenamente, ya que no corren riesgo de embarazo y probablemente ya conozcan perfectamente a su cuerpo como para probar cosas nuevas o disfrutarlo con más intensidad.

Muchas mujeres, ante la desinformación sexual que existe, desconocen su cuerpo y sus capacidades, por eso muchas han caído en el mito de que en la primera vez no pueden quedarse embarazadas.

Lo cierto es que cada vez que una mujer mantiene relaciones sexuales vaginales con un hombre puede quedarse embarazada incluso si el hombre eyacula fuera de la vagina pero cerca del orificio.

Por otro lado, el pre-semen también lleva espermatozoides y éste sale mucho antes del orgasmo. Por ello se afirma que la “marcha atrás” no es un método eficaz.

Al contrario de lo que muchas parejas piensan, una mujer sí se puede quedar embarazada si tiene sexo durante la menstruación.

Además de poder tener sexo durante la menstruación, también se puede llegar al orgasmo y por supuesto, una mujer puede quedar embarazada.

La menstruación no deja de ser un periodo hormonal donde se expulsan los óvulos que han sido producidos pero no fecundados, pero esto no significa que todos los óvulos sean inservibles, puede que haya algunos que aún puedan ser fecundados.

Orientación sexual

Todas las mujeres existentes en el mundo, al igual que los hombres, pueden tener distintas y variadas orientaciones sexuales.

Sin embargo, es cierto que en cuanto a la orientación sexual, la mujer lleva arrastrando durante siglos una gran cantidad de estigmas y mitos sobre su género. Aquí encontramos algunos:

Existe un mito que dice que las mujeres son más felices cuando tienen hijos y que por ello, tienden a tener parejas masculinas.

Esto es totalmente falso. Los estudios revelan que los hijos (por mucho que se les quiera) causan estrés y existen mujeres solteras y matrimonios sin hijos que se sienten más satisfechos que las familias convencionales.

Obviamente la felicidad y satisfacción familiar para la mujer depende de la personalidad y forma de pensar de esa mujer, ya que hay madres a las que el estrés que les proporcionan sus hijos se ve compensado después con todo lo que les aportan.

El mero hecho de tener un hijo es una responsabilidad enorme que no debe tomarse a la ligera, quienes van a criar al niño, sus padres (o madres) deben sentirse preparados para el desafío.

Otro muy recurrente hoy en día es que las mujeres no necesitan descargar sus necesidades sexuales tan a menudo como los hombres.

Error. Contrario a mucho pensamiento popular, mujeres y hombres sienten deseo sexual por igual y la frecuencia con la que uno y otra descargan sus necesidades sexuales depende más de la persona que del género.

Consecuente con esto, muchos hombres sobre todo en la etapa de la adolescencia, piensan que las mujeres no se masturban, ya que según lo que ellos creen, no tienen el mismo deseo sexual.

Para algunas chicas incluso, el hecho de que se masturben es “algo malo” como si de alguna forma las pusiera en una situación bochornosa.

Pero la masturbación no es solo común, sino también recomendable, tanto para hombres como mujeres, ya que es una manera de explorar sus cuerpos y conocerse a sí mismos.

Muchas personas piensan que la ausencia de himen es prueba de que la mujer no es virgen, y aunque este mito esté comenzando a desmentirse, aún se piensa que es cierto.

Existen muchas maneras por las que una mujer ha podido perder el himen, algunas mujeres no lo pierden hasta el momento del parto si, en su caso, el himen es muy flexible.

La pérdida de la virginidad es algo más psicológico que físico, y el himen solo es un tejido de piel que se encuentra en la vagina y que se ha podido perder o no mediante relaciones sexuales u otras situaciones o accidentes.

Otro argumento para decir que una mujer siempre se decanta por una pareja masculina está en el sexo, ya que se piensa que la mujer obtiene el orgasmo mediante la penetración.

Lo cierto es que es únicamente el clítoris el que le proporciona el orgasmo a la mujer, ya sea por estimulación indirecta (penetración) o directa (masturbación, sexo oral…).

También se puede sentir placer mediante el sexo anal y éste no tiene relación alguna con el clítoris. Ésta es una práctica sexual con la que muchas mujeres disfrutan, aunque no todas.

Existe también el trigasmo, un orgasmo sincronizado en el cual se estimulan 3 zonas de placer al mismo tiempo: el clítoris, el punto G y el ano. Este término fue creado por la sexóloga húngara Ava Cadell.

Otro estigma sexual es el que imponen otras personas al considerar que las mujeres que practican sexo anal o sexo oral (lo que viene siendo sexo fuera de los convencionalismos sociales) son unas pervertidas.

Pero una vez más son prejuicios infundados, ya que todo depende de la persona y de lo que le guste hacer en su vida sexual.

Existen miles de gustos y de fetiches y no por ellos se debe juzgar a nadie. El sexo debería dejar de ser un tema tabú y también debería estar vacío de prejuicio.

Los límites sexuales deben imponerlos las personas implicadas en la determinada relación sexual, en vez de estar condicionados por el resto de la sociedad.

Prejuicios hacia la mujer según su orientación sexual

“Si una mujer es poco femenina, se junta con más chicos que con chicas, le gusta llevar el pelo corto como los chicos o no se maquilla ni se pone tacones, seguramente sea lesbiana”.

Ya de por sí existen prejuicios hacia las personas por su orientación sexual, prejuicios que vienen precedidos muchas veces por los roles de género.

En cuanto a las mujeres, que una mujer sea “poco femenina” no la convierte en lesbiana, y claro, todo también depende de lo que entienda cada uno por “femenino”.

La feminidad es todo aquello que se asocia con el género femenino, ¿acaso una mujer por no ser heterosexual o por haber nacido con un género biológico diferente al que se identifica deja de ser mujer?

Para que una mujer sea femenina, basta con identificarse con el género femenino, no se es más o menos mujer por cumplir los roles de género.

Por otro lado, estos roles también condicionan las relaciones. Por ejemplo, no es tan raro que a una pareja de dos chicas se les pregunte “¿cuál es el hombre de la relación?”.

Obviamente no se suele preguntar de una manera tan directa e insensible, pero para muchas personas parece vital conocer el rol de cada una en la pareja, quién es la activa y la pasiva, y se olvidan de que existen personas versátiles.

Es como si existiera la necesidad de distinguir sus roles.

“Si eres lesbiana es porque no has probado una buena polla”.

Es realmente repugnante escuchar este tipo de frases en pleno siglo XXl. La orientación sexual de cada persona la condicionan una serie de factores biológicos y cognitivos del entorno que rodean a cada persona (según concuerdan los actuales expertos).

Nadie elige su orientación sexual, simplemente se determina y se desarrolla a lo largo de nuestra vida, por lo que ninguna “buena polla” le va a hacer cambiar de parecer a una mujer lesbiana.

La simple creencia de que el miembro viril tiene cierto poder para condicionar de alguna forma a las mujeres no es solo egocéntrico y machista, también es erróneo.

Otros prejuicios comunes es decir que las mujeres bisexuales tienden a quedarse con una pareja masculina, y esto también es falso, todo depende de la persona y de las circunstancias que se presenten en su vida.

O el hecho de que una mujer transexual se sienta atraída por otra mujer. Los más insensibles dirán “que para eso se hubiese quedado como hombre”.

Pero la identidad sexual y la orientación sexual son cosas diferentes.

Una cosa es que yo me identifique con un determinado género y otra muy distinta es lo que, como persona, me atraiga.

Lo que se espera de una mujer

El rol de la mujer en nuestra sociedad está estrechamente ligado con lo que se supone que es “femenino”.

Aunque como ya hemos mencionado anteriormente, ser femenina no tiene nada que ver con maquillarse o ser delicada, aún es extraño para muchos una mujer amante del fútbol o con un estilo de vestir “masculino”.

Al igual que existe un rol femenino, existe uno masculino, uno que indica que los hombres deben ser más brutos y descuidados.

Cuando una mujer sigue los estándares que se le atribuyen al hombre, se la juzga, lo mismo ocurre si un hombre sigue los ideales atribuidos a la mujer.

Desde niñas, a las mujeres se nos enseña que “lo normal” es que juguemos con muñecas, a lo típico de cocina y limpieza.

Además cuando una niña intenta jugar con niños generalmente se la rechaza o en los propios deportes no se la cuenta como un jugador más.

Luego las niñas crecen y entran en esa etapa que tanto miedo le da a cualquier padre o madre: la adolescencia.

Esta etapa la puede definir una sola palabra: hormonas.

Las hormonas comienzan a hacer que los cuerpos tanto de niños como de niñas maduren, pero ambos lo viven de forma totalmente diferente.

Como ya hemos dicho antes, una mujer también tiene vello corporal, a veces incluso la misma cantidad que un hombre. Pero la sociedad ha estipulado que una mujer debe estar depilada, una mujer con vello corporal NO es algo agradable de ver.

Hoy en día existen hombres que se depilan, pero lo hacen porque quieren, muchas chicas en la actualidad también eligen no depilarse pero esta decisión va a hacer que consigan muchas críticas.

Las hormonas, aparte de generar cambios físicos también generan cambios emocionales, es la etapa en la que para muchos empieza a despertar el instinto sexual.

Y claro, si te gusta una persona, lo lógico es querer gustarle a esa persona.

En este punto no importa la orientación sexual que una chica tenga, casi siempre va a pensar en arreglarse acorde con lo que le han enseñado desde pequeña que le gusta a los demás: lo “femenino”.

Por supuesto no está mal querer verte bien cuando vas a quedar con alguien que te gusta, pero cambiar tu estilo solo porque crees que así vas a gustar a esa persona, es mostrar algo que realmente no eres. No solo engañas a esa persona, también te engañas a ti misma.

Luego llegan los eventos sociales, el botellón, las salidas a discotecas, o simplemente dar una vuelta.

Si eres una chica y haces cualquiera de estas actividades, lo más probable es que en tu casa tengáis la discusión sobre “la hora”.

“Llega pronto”, “ven acompañada a casa”, son las más comunes, aunque tampoco faltan las miles de advertencias sobre los chicos y los desconocidos.

Por supuesto, es lógico que tus padres se preocupen por tu seguridad, pero si eres un hombre, seguramente no te tengan tan protegido como a una chica.

Tienen miedo de que a sus hijas les pase cualquier cosa, que las violen, las secuestren…

Algunos padres se pasan la noche en vela hasta que sus hijas vuelven a casa o les están poniendo mensajes cada rato para estar seguros.

No es de extrañar tampoco viendo la cantidad de casos que existen (precisamente de secuestros y violaciones), pero no deberíamos salir con miedo a la calle. Tenemos derecho a vivir sin el miedo de salir heridas en cada momento.

Y luego en la vida adulta también se tienen una serie de expectativas sobre la mujer. La principal es la pareja.

Un novio formal, que lleve al matrimonio tiempo después y por supuesto, tener hijos. Cualquier modo de vida distinto es inconcebible.

Obviando el tema de las parejas homosexuales que por desgracia a estos problemas se les añadirán algunos más, si nos centramos en una mujer con pareja masculina, vemos lo siguiente: se espera que sea la mujer la que haga las labores de la casa en la convivencia.

Sobre todo, esto es opinión de las personas más mayores, fruto de una educación antigua. Piensan que, si ella no cocina ¿quién va a alimentar a esa futura familia?

El trabajo de ama de casa es un trabajo muy duro, y no está remunerado. No hay nada de vergonzoso, seas hombre o mujer, en querer ocuparte de tu casa y tus hijos.

Pero cuando se trata de una pareja heterosexual, donde ambos trabajan, se espera que sea ella quien se encargue de todo. Pero la realidad es que el cuidado de la casa y de los hijos es cosa de dos.

Existe una falta de educación muy clara en la sociedad respecto a muchos temas, y aunque se traten estos temas aún hay muchas cosas que se desconocen o de las que no se informa correctamente.

Volviendo al periodo hormonal anteriormente mencionado, es también cuando aparece la menstruación.

Es algo totalmente natural, como ya hemos comentado, pero se trata como un tema tabú. Muchas chicas os identificaréis con esta situación:

Puede que te venga la regla en un momento inesperado, y tienes la necesidad de pedirle una compresa o un tampón a una compañera.

¡Pero nadie debe enterarse! Porque si se enteran, es muy probable que comiencen a reírse. Aunque ni en ese momento ni nunca entenderás el porqué, parece que tener la regla es algo gracioso.

Por esto mismo no es raro que en los institutos haya una especie de red de tráfico de compresas, donde por mensaje entre unas y otras se intenta encontrar alguna compañera que te salve el día.

Puede parecer algo cómico, (visto desde cierto punto, tal vez lo sea) pero es una realidad el hecho de que algo tan natural se oculta por miedo a que se burlen de ello.

Luego por supuesto tenemos la educación sexual, donde como mucho, puede que te enseñen cómo poner un preservativo.

Pero no te hablan de las distintas ETS que puedes contraer si no lo usas, o que puede que contraigas mediante un simple beso.

No se mencionan las distintas clases de preservativos que existen aparte del condón, y tampoco te mencionan que existen tanto para hombre como para mujer.

Por no hablar de que, en caso de que se hable de masturbación femenina, se hará alusión a la masturbación vaginal pero el clítoris se convertirá en un órgano ignorado. Y la realidad es que la mayoría de mujeres se masturban atendiendo al clítoris, que es el auténtico foco de placer.

Y sobre todo en el sexo, te hablarán de que una mujer debe estar preparada físicamente y estar desarrollada, pero casi no te hablarán de la preparación psicológica.

Cualquiera, hombre o mujer, no debe estar preparado solo físicamente, tiene que ser consciente de todo lo que implica psicológicamente el sexo.

Debes estar seguro o segura de querer hacerlo, de con quién y de qué manera.

Es un paso más en tu evolución como persona, no una prueba que superar para demostrarle nada a nadie.

En definitiva, las mujeres cada vez estamos rompiendo más estigmas y estereotipos, luchando por demostrarle al mundo lo que valemos y por abrirles a todos los ojos para que dejen de lado sus prejuicios.

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