El feminismo ha contribuido a que nos replanteemos los roles de género tradicionales. Así, se crean nuevas formas de vivir tanto la feminidad como la masculinidad. En este artículo, haremos un breve repaso por ese concepto que ahora se denomina “nuevas masculinidades”.

Todos hemos asumido desde pequeños ese discurso sesgado que afirma, entre otras cosas, que los hombres no lloran. Que hay juguetes para niños y para niñas. Que está bien que los niños interaccionenn entre ellos a través de la violencia. Sin embargo, cada vez nos estamos dando más cuenta de todos los errores que ello supone.

Gracias al movimiento feminista, los roles de género con los que nos hemos criado están desapareciendo. Abrazamos que el género es una realidad fluida, en la que ya no caben planteamientos tan estrictos. Las “nuevas masculinidades” aceptan que aquello que antes considerábamos únicamente “femenino” puede entrar dentro del género masculino. El maquillaje, la ropa, las muestras afectivas, la sensibilidad… son cosas que hasta hace bien poco se atribuían únicamente a las mujeres y que los hombres no debemos reprimir en nuestro concepto de “masculinidad”. El huir de la feminidad inherente en nuestro género lo convierte en tóxico.

Incluso podemos ver cada vez más gente que debido a este proceso ya no se integra en esa masculinidad o feminidad típicas, y que consideran que no están conformes con ningún género. Es lo que llamaríamos persona no-binaria.

Una de las propuestas más polémicas al intentar acabar con la masculinidad tóxica la encontramos en el último anuncio de Gilette. En el spot se animaba a los hombres a ser la mejor versión de ellos mismos que pudieran reconociendo en ellos mismos y en el resto de hombres comportamientos que debían cambiar.

La campaña, al igual que todo lo relacionado con este concepto de nuevas masculinidades, levantó muchísimas ampollas entre la población mascculina. La principal queja era que “ya no se nos deja a los hombres ser hombres”. Nada más lejos de la realidad: lo que se propone es que busquemos otras maneras de ser hombres alejadas de algunos de nuestros patrones tóxicos de conducta tradicionales.

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