La quimera de la felicidad

Desde tiempos inmemorables, el concepto de “felicidad” se ha situado en el epicentro de la vida individual y social del ser humano, y si no que se lo pregunten al dueño de Coca Cola, que ha utilizado la quimera de la felicidad como valor asociado a su legendaria marca.

Hoy, 20 de marzo, se celebra el Día Internacional de la felicidad. Por eso, en Código Público hemos querido dedicar un artículo especial al estado de ánimo más anhelado por excelencia.

Ser independiente, libre; tener hijos, no tenerlos; tener mascotas, no tenerlas; estar enamorado; tener pareja o parejas, ser un single; sentirte querido;  tener dinero, no tenerlo; estudiar, trabajar, trabajar y estudiar; viajar; aprender; leer; escuchar música; ir a un concierto, al cine, a pasear, a hacer deporte; no hacer nada; ir al baño más de una vez por semana; perder kilos, engordarlos; conocer a tu ídolo, ayudar a los demás, olvidar, recordar… ¿A ti qué te hace feliz?

Desde tiempos inmemorables, el concepto de “felicidad” se ha situado en el epicentro de la vida individual y social del ser humano, y si no que se lo pregunten al dueño de Coca Cola, que ha utilizado la quimera de la felicidad como valor asociado a su legendaria marca. Son muchos los pensadores que han trabajado y trabajan para desvelar cuáles son los secretos de la felicidad y cómo alcanzarla. Y es que, que tire la primera piedra quien no se haya preguntado alguna vez qué es la felicidad.

Aristóteles, allá por el siglo IV a. C., concedía a la felicidad la cualidad de “bien supremo del hombre”; su maestro Platón abogaba por conseguir la felicidad por uno mismo. Sin embargo, otros como Kant, defendían la idea de la felicidad como un deber prioritario del ser humano. Por otro lado, nuestro Ortega y Gasset se decantaba por definir la felicidad como la confluencia de lo que deseamos ser y lo que somos en realidad.

Pero no solo los filósofos han reflexionado sobre este virtuoso estado. En el resto de campos del escenario cultural, me atrevería a decir, del escenario social,  la felicidad –o su ausencia– son el tema principal, la esencia y la razón de ser de todas las historias de escritores, poetas, compositores, cantantes, bailarines y demás artistas que se nos pasen por la cabeza.

›Cientos de canciones utilizan la «felicidad» como eje temático de sus letras. Es por eso, que después de «amor», «corazón» y «verano», la siguiente palabra para jugar al mítico juego de Furor es «felicidad»

 

La Música es la disciplina artística universal que mayor felicidad suscita. La Música emociona, provoca escalofríos, frenesí.  Por ello, ahí va un pequeño homenaje a todos aquellos artistas que con sus canciones “siempre están dispuestos a alegrarnos el día”, como Loquillo.

El neurocientífico Jacob Jolij, hace un par de años, eligió Don’t stop me now, de Queen, como la canción más feliz de la Historia. No seré yo la osada que diga lo contrario de esta maravilla.

Los “chicos malos de rock” apelaban al amor, como fuente de felicidad en su canción Happy.

Ariel Rot cree que la “felicidad es una golosina, demasiado fina para algún paladar».

En la verbena del pueblo todos hemos cantado este tema de la Cabra Mecánica: “Felicidad, qué bonito nombre tienes…”

Y cómo no, no podemos olvidarnos de la mítica Felicitá de Albano y Romina Power.

Si me pidiesen una definición para este concepto tan antiguo, sin duda alguna, me quedaría  con esta del maestro Sabina: “La felicidad no es un estado de conciencia, sino los momentos irrepetibles de la vida”.