Tras meses de espera arrancan los motores. El escenario ya está listo y los primeros acordes comienzan a salir desde la Expo de Tel Aviv.

La primera en poner el escenario a funcionar fue Chipre. Pese a dar el show que esperábamos con Replay, Tamta ha quedado diluída al tener la sombra de Eleni Foureira y su Fuego. La cantante, que monta una auténtica performance en el escenario con cambio de vestuario en directo, no ha conquistado a la prensa acreditada, y se ha quedado a medio gas. Es una de las favoritas que se han desinflado en esta primera ronda de ensayos de Eurovisión 2019.

Después le llegó el turno a República Checa. Si lo de Tamta ha sido descarado inspirándose en Foureira, lo de Lake Malawi es descarado. La actuación recuerda mucho a la que ofrecía hace un año Mikolas Josef en Lisboa. Tres marcos donde se desarrolla la escenografía, al igual que haría Mikolas. Pese a todo, su carisma, el tono alegre y el color, hacen que sea una actuación divertida y fresca, donde no se aprecia la inspiración de la otra escenografía.

Finlandia también decepcionó. Su canción, que a priori partía con altas expectativas por ser diferente, se ha quedado muy diluida. Primero, porque vocalmente deja mucho que desear. Sebastian Rejman tiene, además, dos personas en el escenario, que sin duda, decepcionan porque hacen perder el foco en la actuación.

Polonia, el toque más folk de la edición, presenta su candidatura con unos vistosos trajes típicos de Polonia y un manto, se pasan la puesta en escena subidas en una plataforma que gira desde donde cantan. Sin duda, un gran directo, visualmente impactante que le hará ganar muchos puntos en Tel Aviv, y quién sabe si colarse en la final.

Eslovenia ha pasado sin pena ni gloria durante su primer ensayo. Intentando crear una escena íntima, se quedan a medio gas porque no logran que exista una química que haga que el espectador se quede y no huya al baño durante su actuación. Lo tiene muy complicado si quiere pasar a la final.

El espíritu de High School Musical ha llegado a Eurovisión. Montenegro ha montado una coreografía de fin de curso en el escenario. Pese a tener una canción simpática, y con buenas voces, la actuación dificilmente pase la semifinal. Eso sí, si dependiera de la sobreactuación, tendrían un gran puesto.

Joci Papái vuelve a Eurovisión de la mano de Hungría. Con una actuación impecable, con una atmósfera muy cuidada y con unos visuales preciosos, Hungría se marca un buen pase y emociona a todos. Es la prueba de que menos es más.

Bielorusia ha sido otro de los países que han dado la sorpresa. Con una puesta en escena llena de cajas sacadas del backstage, Zena da a su candidatura la frescura y la fuerza que la canción necesita. Además, ha estado vocalmente perfecta. Tiene grandes papeletas para poner rumbo a la final.

Pese a que a veces las baladas pueden hacer que el público se aburra, no es el caso. Serbia se ha marcado una actuación gloriosa con una Nevena que ha estado perfecta tanto en las formas como vocalmente. Además, tiene unos visuales que acompañan a la canción y la refuerzan.

Bélgica ha sido la gran decepción de la actuación. Con una puesta en escena bastante caótica a lo que nos esperaríamos con la canción. Ha puesto en escena una atmósfera más íntima de lo que quizá le vaya a la canción, y esto ha hecho que se quede descafeinado. Recuerda mucho a Blanche.

Llega la ecentricidad, llega el turno de Australia. Kate Miller vuela con dos bailarinas sobre el escenario y hace de la puesta en escena lo grande de su canción. Lejos de caer en la solemnidad que una voz como la suya suele tener en Euovisión, Australia hace volar a su cantante. Pero, ¿gustará al público europeo?

Islandia ha conseguido una puesta en escena que hace que o te guste o te horrorice a partes iguales sin término medio. Es una propuesta alternativa, que juega mucho con la pirotecnia, que no tendrá problemas en pasar a la final.

Potugal lo tiene difícil. Es una propuesta muy complicada, muy alternativa, que deja frío. Pese a todo, es imposible no reconocer la capacidad vocal de Conan Osiris, que se marca un buen pase.

Vuelve Grecia. Una canción preciosa, bien defendida y una puesta en escena tan colorida y ecléptica van a hacer que Grecia pase sin ninguna duda a la final.

Fantasía es lo que define a San Marino. Serhat nos ofrece una actuación petarda, que por la posición en la que actúa, hará que pase sin esfuerzo a la final. ¡Qué sería de Eurovisión sin estas canciones!

 

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