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«Mayores Sin Armarios: ¡Historia, Lucha y Memoria!» es el lema de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB) este año, reconociendo a los mayores LGTB+ en el 50 aniversario de los disturbios de Stonewall como propulsores del cambio.

Con el fin de visibilizar a estas personas, mostrar su dura realidad, conocer sus dificultades y saber cómo han vivido los cambios legales y sociales a lo largo de su vida Vicky Moreno y Gabriel Cabañas han entrevistado a Federico Armenteros, presidente de la Fundación 26 de Diciembre que conoce su realidad de primera mano.

“La finalidad de la fundación es la atención residencial e integral de las personas mayores, preferentemente lesbianas, gais, transexuales y bisexuales”. Federico habla de preferente porque según sus declaraciones la base de la organización es “ayudar a las personas que no se sientan tampoco en su sitio, sea cual sea su orientación sexual».

Una discriminación multiplicada

La discriminación a la que se enfrentan estos mayores va mucho más allá del denominado edadismo o ageismo (su marginación y rechazo derivados del estigma que rodea a la vejez). Se encuentran con el reto de combatir una discriminación interseccional, viviendo un doble estigma por ser mayores y ser del colectivo, que se triplica si hablamos de mujeres y es mucho más intenso aún en el caso de los mayores trans.

Los mayores del colectivo son completamente invisibles, algo que Armenteros corrobora explicando la situación vivida en el Consejo Sectorial de Personas Mayores del Ayuntamiento de Madrid. «Nos metimos para decirles a todas las organizaciones y asociaciones que los mayores del colectivo existimos, y muchos se quedaron alucinados. Es lo mismo que en el Orgullo, parece que solo salimos durante él y cuando termina desaparecemos».

El presidente de la fundación también afirma que el logro del que se sentirá más orgulloso será la apertura de la residencia. «Vamos a ser un referente para que esto se pueda copiar en otros territorios del Estado. Es lo que tiene la visibilidad. Es poder.»

Una situación social insostenible

Viven apartados y son invisibles. La gran mayoría han sido violados, abandonados, despreciados y odiados desde la infancia, lo que les ha llevado a presentar shocks postraumáticos, depresiones, bipolaridad… y caer en el alcohol y las drogas para aguantar la situación. «Necesitan mucho esa atención, porque nunca se les ha dado. Hay más de 70000 personas solas, mayores de 80 años. ¿Dónde están? Tiradas» – relata Federico.

Uno de los principales problemas son los bajos ingresos, afirmando Federico que «los mayores LGTB+ son un colectivo muy pobre”. Esto se debe a las bajas pensiones. Las no contributivas son bajas por cuidar a sus padres y madres a tiempo completo o por haber estado en la cárcel predemocrática, mientras que en las contributivas la escasa cantidad se debe a haber trabajado como autónomos toda la vida dada la falta de contratación externa.

Ante tales circunstancias la fundación va a establecer en el Ensanche de Vallecas un chalé destinado a salud mental, cedido por el Ayuntamiento de Madrid. Es uno de sus programas, un servicio que demandan porque como nos explica “nosotros tenemos que ser la organización que tiene que dar respuesta a todas las necesidades de todo el colectivo mayor. Que son muchas, porque no hay nada. Los Servicios Sociales tienen que cambiar«.

Según J. Gracia en Los derechos humanos y la posición social de las personas mayores LGBT. Un supuesto específico: los malos tratos, (12), se ha de realizar una intervención de tres ejes: formación y sensibilización de los profesionales, creación de espacios propios e intervención en el diseño de programas de apoyo.

La formación y sensibilización de los profesionales se debe llevar a cabo a fin de habilitar las estructuras sociosanitarias, asistenciales y residenciales. Consta de la revisión de documentos y protocolos a favor de la diversidad sexual, el permiso para permanecer institucionalizados con la pareja del mismo sexo y su derecho a tomar decisiones críticas como familia de elección.

La creación de espacios propios busca contar con entornos visibles y seguros para los mayores LGTB+ donde no se sientan incómodos, juzgados, separados del resto ni invisibles, pudiendo compartir sus experiencias e inquietudes, así como mostrarse tal y como son.

La intervención en el diseño de programas de apoyo con perspectiva no heterosexual pretende formar a cuidadoras y cuidadores de mayores con el objetivo de eliminar la LGTBfobia. Se hace especialmente importante formar en todo lo relativo a personas trans, ya que sufren un mayor aislamiento y negativa a expresarse y a acudir a centros sociales y médicos, viendo mermada su salud física y psicológica.

Desde la fundación refuerzan las oportunidades de empleo para esta población. “Atendemos alrededor de 200-250 personas diariamente. Estamos intentando promocionar y ayudar al colectivo trans, para ese cuidado de ayuda a domicilio”. Ello facilita la inserción, salida de la pobreza y bienestar propio, creando a su vez lazos intergeneracionales que aportan la visibilidad a los mayores LGTB+ que no encuentran en otras circunstancias.

Programas de la Fundación 26 de Diciembre

«El sueño que teníamos al iniciar todo el proyecto era una residencia. Constará de 66 plazas de residencia y 28 de centro de día y será la primera de carácter público del mundo». Federico también nos cuenta que «en Madrid somos 160.000 personas mayores LGTB de 65 años y vamos a dar plaza seguramente a 100, por lo que se trata de un comienzo que queda lejano de acabar ahí».

Recuerda, del mismo modo, que los han acusado de crear guetos al intentar dar visibilidad a estas personas. Al contrario, la residencia cuenta con la finalidad de dar a conocer realmente a estos mayores, poder acompañarles, acercarse a su situación y todo de una forma pública, con un programa de voluntariado muy operativo, sin necesidad de ahorrar toda la vida para ello.

Buscan también ser una fundación tutelar, un lugar seguro.»Con el tema de la tutela también estamos muy atentos al maltrato. Porque hay mucho maltrato hacia al mayor”. Así, tras años de dedicación a su familia se ven en la calle, sin apoyo y a merced del engaño, la violencia y la soledad. Es por ello que desde la fundación se llevan a cabo diferentes programas y encuentros, motivando a las personas mayores a participar porque “no se les reconoce. Viven aisladas y solas con miedo a envejecer y les cuesta mucho aceptar ayuda».

Es por esto que crearon el programa de teleasistencia y el de ayuda a domicilio, puesto que «no quieren ir a los centros de día porque no se les reconoce. No van a los centros municipales de mayores, tampoco, porque no se sienten». No llaman porque la primera dificultad que tienen ellos es ser reconocidos. Nadie les llama ni les visita, ya sean familiares o vecinos. Muchos dicen: yo tengo miedo a morir y que os enteréis por el mal olor”. En la Fundación 26 de Diciembre trabajan cada día para que eso no pase , buscando «ayudar a las personas a que tengan una vivencia de su orientación de lo más normalizadora y de lo más cotidiana que sea».

Además de los mencionados como el voluntariado y la tutela se encuentran las actividades “No Comas Solo, no Comas Sola” y “Los Domingos de la Abuela”, cuyo objetivo es ayudar a crear esa conexión y sacarlos del aislamiento. Del mismo modo, son ya 6 años los que lleva el grupo de teatro “Menudo cuadro” en el programa de animación socioeducativa, unido a los programas de vivienda compartida con 20 personas autónomas o con alguna dificultad conviviendo en 5 pisos cedidos por el Ayuntamiento de Madrid.

Trabajan para la inclusión con el programa de instituciones penitenciarias, que incluye a grupos de personas condenadas por violencia de género. «Próximamente todas las personas condenadas por homofobia van a pasar por aquí» explica Federico refiriéndose a los delitos de odio. Además, contarán con la ayuda de psicólogos y terapeutas y recibirán una formación.

«Estamos intentando con el Ayuntamiento y con la Comunidad de Madrid que haya un módulo de diversidad para poder implementarlo». Son las palabras de Federico hacia el programa de formación para trabajar con mayores diversos. No se pueden tampoco olvidar el programa de petición de asilo / refugio y el de ocio. «En el primero las personas jóvenes que vienen a pedir dicho asilo o refugio conviven con la persona mayor favoreciendo el conocimiento intergeneracional, y en el segundo se encargan de todas las facetas del mismo dirigidas a personas mayores LGTB+».

Una historia mucho más complicada

Las personas mayores del colectivo se han tenido que enfrentar a un contexto histórico y social mucho más complicado que el de los jóvenes: han vivido en pleno Régimen Franquista con la Ley de Peligrosidad Social vigente, en definitiva, con una mentalidad menos abierta respecto a lo que suponía pertenecer al mismo.

Al preguntarle cómo vivió y qué supusieron para él las primeras marchas a favor del colectivo en nuestro país, así como si le influyeron a la hora de decidir salir del armario el propio Federico nos responde lo siguiente: «Yo no estaba, yo era muy homófobo. Dio la casualidad que me encontré con una manifestación al salir del metro en Vallecas, vi todas las pancartas y me fui corriendo. Eran todo lo que nos habían dicho: gente mala, guarros, promiscuos, invertidos…»

La principal consecuencia de este tipo de educación es que «muchos no asumen su sexualidad ni han salido del armario, aunque todo el mundo de su entorno familiar lo intuye. Incluso mayores a los que les han dejado meter a sus amantes, parejas… en casa no se atreven a reconocerlo».

Leyes a medio camino

Tratando de ahondar en la legislación relativa al ámbito y su opinión al respecto obtenemos esta respuesta: «Ya hay leyes en la Comunidad de Madrid, falta el desarrollo de una ley a nivel estatal. Las leyes son muy bonitas, pero son un brindis al sol. Luego no hay reglamentación ni hay economía, por lo que no pueden desarrollarse». Además, cierra su respuesta alegando que «el gobierno es diverso, y como tal debe dar respuesta a toda la diversidad».

Sueños cumplidos y caminos por recorrer

Para Federico el colectivo ha cambiado mucho respecto a cómo era en su infancia y adolescencia. «Veo que tiene más referentes. Yo en mi infancia no podía ver nada, porque el que era estaba en la cárcel. De hecho, me enteré de que Lorca era gay siendo bastante mayor». También afirma que «ahora mismo se tienen todas las herramientas para que las personas del colectivo asuman su sexualidad. Otra cosa es que la gente sepa, quiera o pueda usarlas». No obstante, también alega que queda un largo camino por recorrer porque faltan entre otras cosas organizaciones LGTB+ infantiles y juveniles. 

Retomando la cuestión de los logros de la fundación, Armenteros cierra la entrevista con un mensaje motivacional: «Desde que he hecho este proyecto estoy convencido de que todo lo que sueñas se puede cumplir. Con tal de que te lo creas puedes mover el mundo, y lo mueves». 

1 pensamiento sobre “La realidad de los mayores LGTB+

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