La cuestión rohingya

Al menos 623 mil rohingyas han huido a Bangladesh desde agosto, siendo más de la mitad menores. Tratan de escapar de un sufrimiento que la ONU ha calificado como inimaginable. Es un éxodo de miles de personas que quieren salvarse de los abusos cometidos por el ejército de Myanmar, al que muchos han acusado de intentar una limpieza étnica.

Los rohingyas son un grupo étnico musulmán de un millón de personas que viven en Rakhine, al oeste de Myanmar (la antes llamada Birmania). Este país, de mayoría budista, no reconoce a los rohingyas como ciudadanos, sino como inmigrantes bengalíes a pesar de que ellos afirman ser antiguos comerciantes árabes.

Ashraful Azad, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Chittagong, y un experto en la historia de los rohingyas, explica que en la II Guerra Mundial, los británicos dominaban Birmania y armaron a los rohingyas para frenar la invasión de los japoneses que se aliaron a los budistas. Esto llevó a una masacre y una división entre las dos comunidades que habían convivido durante siglos. El ejército, el clero budista y grupos nacionalistas han ido difundiendo durante años la idea de que los rohingyas no eran de Birmania y querían controlar el país. “Ahora, los militares quieren cumplir su sueño, echarlos definitivamente del país”.

Según un  informe de Amnistía Internacional, la situación se deterioró tras las oleadas de violencia entre los budistas de Rakhine y los rohingya en 2012. La actuación de las fuerzas de seguridad cometió muchos abusos a derechos humanos. Miles de hogares fueron destruidos y hubo un desplazamiento masivo. Años después 120 mil personas siguen como desplazados en campamentos sin acceso adecuado a comida, atención médica o instalaciones sanitarias. El gobierno les prohibió salir de esos campos quitándoles libertad de movimiento y los Rohingyas no están autorizados a entrar en las principales ciudades.

En octubre de este año se cometieron atentados en Myanmar que dejaron 9 policías muertos y un grupo terrorista rohingya (Harakat Al-Yaqin) se atribuyó el atentado. Tras esto las fuerzas de seguridad de Myanmar comenzaron una limpieza étnica y cerraron la zona impidiendo que entrasen organizaciones humanitarias, medios de comunicación u observadores independientes de Derechos Humanos.

En el citado informe se analizan las violaciones de derechos sufridas por los Rohingyas desde entonces:

  • Disparos arbitrarios y ejecuciones ilegales

“Los militares disparaban al azar. Si veían a alguien, el helicóptero disparaba”, campesino rohingya de Dar Gyi.

  • Arrestos arbitrarios y detenciones, posibles desapariciones forzadas

“Les esposaron y se los llevaron y la policía no dijo ni pregunto nada. Oímos que están en una cárcel en Buthidaung, pero no sabemos. Desde ese día no hemos tenido ninguna información”, campesino rohingya de Maungdaw Township.

  • Violaciones y violencia sexual

“Ellos tocaron mi cuerpo, incluyendo las partes sexuales”, mujer de 22 años de Ngar Kyu Ya

  • Destrucción de propiedades y casas

“Vi con mis propios ojos cómo los militares quemaban mi pueblo…”, hombre de 38 años de Ngar Chaung que ha huido a Bangladesh

  • Saqueos y confiscaciones arbitrarias de documentos

“Ellos arrancaron mi cadena de mi cuello y se quejaron de que no tuviera suficiente oro”, mujer de Kyet Yoe Pyin

  • Prohibición de acceso a ayuda humanitaria y restricciones de movimiento

“A veces pasamos hambre. Tenemos muy poca comida. Estoy preocupado por mi familia y mis hijos”, hombre rohingya que vive en el área de la operación de seguridad, al note de Maungdaw Township.

FUENTE: Mathias Eick – Flickr

Toda esta situación ha empujado a miles de rohingyas a huir a Bangladesh. Ahí la situación tampoco mejora ya que les falta comida y refugio. En Cox’s Bazar, uno de los distritos más pobres de Bangladesh ya hay 40.000 refugiados rohingya con niveles de malnutrición alarmantes. El ministro de interior de Bangladesh, Asaduzzaman, declaró que la llegada rohingya es un asunto incómodo para Bangladesh: “No queremos inmigración rohingya”.

La consejera de Estado de Myanmar, premio nobel de la paz, también está decepcionando mucho a los defensores de los rohingyas. En una entrevista en BBC negó la limpieza étnica y declaró “yo soy una política: no soy Margaret Thatcher, pero tampoco soy Madre Teresa, y nunca dije que lo fuera”.

La ONU denunció en febrero de 2017 que los rohingya estaban sufriendo una larga lista de abusos como violaciones colectivas, asesinatos incluso de menores, palizas brutales por parte de las fuerzas de seguridad de Myanmar.

Un grupo de investigadores de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos humanos entrevisto a 200 Rohingyas. La responsable del equipo, Linnea Arvidsson, señaló: “No encontramos a ninguna de las 204 personas que entrevistamos que no hubiera sufrido alguna violación. O su casa fue quemada o saqueada, o desapareció un miembro de su familia, o fue asesinado. Esta situación es extremadamente rara”.

Ashraful Azad explica en este artículo cómo varios informes de la ONU sobre la violencia en Myanmar han sido vetados por China y Rusia en varias ocasiones debido a los intereses billonarios que el gobierno de Xi Jinping tiene en Myanmar asociados con su plan One Belt, One Road.

Según este experto, India compite con China por atar lazos con Myanmar y está invirtiendo en su ejército con exportaciones armamentísticas. Además, el país ha mostrado su apoyo a Myanmar sin criticar sus matanzas de masas o el éxodo de refugiados.

Azad denuncia cómo los Rohingyas tampoco han encontrado apoyo en ASEAN, la asociación económica regional, debido a su principio de no injerencia en los asuntos internacionales de los Estado miembros. Solo algunos países musulmanes como Turquía, Malasia, Indonesia y las Maldivas han hecho duras declaraciones contra Myanmar.

Mientras Bangladesh recibe un flujo de refugiados a los que no es capaz de dar protección adecuada por lo que ha acordado con Myanmar la repatriación de cientos de miles de rohingyas. Es, en definitiva, una situación extremadamente dura la que están viviendo los rohingyas y su futuro no es esperanzador mientras el ejército de Myanmar continúe con las violaciones de Derechos Humanos y la limpieza étnica.

Estudiante de Derecho en la Universidad de Zaragoza. Me interesan especialmente los temas de geopolítica, derechos humanos y democracia.

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