Asistimos al coloquio de ‘La Llamada’ con Los Javis y Enrique Lavigne

En una tarde llena de risas y lágrimas, los directores y el productor de la aclamada película nos cuentan experiencias y anécdotas sobre la creación del largometraje.

La adaptación cinematográfica del aclamado musical dirigido por Javi Ambrossi y Javi Calvo está protagonizada por Macarena García, Anna Castillo, Belén Cuesta, Gracia Olayo Y Richard Moore. Estrenada en 2017, la película ha resultado ganadora en festivales de cine en todo el mundo, y ha sido adaptada al público internacional como Holy Camp! 

Convertido en un auténtico fenómeno, La Llamada cuenta la historia de cómo María y Susana, dos amigas adolescentes, logran encontrar su camino en un campamento de monjas después de que la aparición de Dios ante una de ellas cambie sus planes.

 

 

Los directores de Paquita Salas y el alabado productor Enrique Lavigne han acudido a los cines Doré este 9 de febrero, dentro de la programación de la Filmoteca Española, para dar un coloquio tras la previa visualización del filme. Desde Código Público os contamos los momentos más destacados de la tarde.

La pregunta más repetida durante el encuentro fue sobre cómo surgió la inspiración para esta historia.

Javi Ambrossi: Tenemos educaciones muy diferentes: yo estudié en un colegio del Opus Dei, mi familia es muy tradicional y de educación religiosa. 

Javi Calvo: Yo no tuve una educación religiosa, aunque mi abuela era muy de santitos. Me parecía incluso exótico el mundo de la religión, las llamadas, y él las había vivido muy de cerca.

J.A. : Me marcó especialmente una historia de la hermana de una amiga de mi hermana, de una familia muy tradicional y religiosa, que le dijo a su familia que había sentido la llamada de Dios y quería ser monja numeraria. De repente su familia, que era del Opus Dei, le suplicó que no lo hiciera. Me marcó mucho porque pensé que si tú has educado a tu hija en algo y eso sucede, hay dos opciones: o que tú realmente no lo creas o que pienses que es malo. ¿Por qué le decían que no? Porque les daba miedo. La idea era escribir al principio una pequeña obra de teatro que hablara sobre una adolescente que recibía clases particulares de un hombre adulto que había tenido una vida muy complicada. Pero de repente, al escribir esto y desarrollarlo, yo me acordé de esto y se lo dije a Javi. Él me recordó lo del campamento y dijimos: «¿Y si canta Whitney Houston?» Fue como una cosa marciana que se sumó a la otra, junto con todo lo que nos preocupaba en ese momento. Con esta historia disfrutamos la música y salió, fruto de juntar nuestras mentes, de la casualidad y del trabajo. 

 

¿Cómo has vivido la experiencia de producir a unos debutantes ante un desafío como este?

Enrique Lavigne: Cuando conocí a Los Javis, no eran todavía Los Javis, pero ya eran Los Javis [risas]. Para mí La Llamada es una película naturalista, que cuenta muchas más cosas de lo que cuenta tradicionalmente un musical o una película melodrama o comedia porque está conectando con la gente de su momento. Cuando les conocí, ellos me trasladaban algo muy honesto, y también su preocupación por el presupuesto. Hicimos la película sin dinero, y no les dije que no teníamos el dinero. Netflix no entró hasta el final y TVE entró, extrañamente apostando por debutantes, y les damos las gracias una vez más.

 

Respecto al tema de las actrices, especialmente Belén Cuesta, ¿cómo fue el proceso de selección?

E. L. : Seguro que las habéis visto en miles de premios, pero cuando hicieron esta película ninguna tenía ningún premio.

J. A. : Teníamos amigos en común , y Javi había trabajado con ella en “La casa de la portera”, que era un sitio de teatro. Cuando fui a verles estaba Belén, y desde ese día la tenía en mente siempre. Un día ella me pidió trabajo, porque trabajaba en un bar de camarero, y le dije que se viniera conmigo. Empezamos a trabajar juntos y la veía y pensaba: “Esta chica tiene un talento excepcional”. Un día se puso a llorar mucho porque no podía más con su vida, y la acompañé a un almacén que había en el restaurante. Empezó a llorar desconsoladamente, y entonces lo vi claro. Le dije: “Te juro que Javi y yo vamos a escribir un papel para ti que va a ser inolvidable, que te va a dar todo, y que nunca vas a tener que volver a trabajar en algo que no te gusta”. Y lo sentí como si fuese verdad. Nos pusimos a escribir y fue mágico. 

 

¿Cómo surgió la creación de La Llamada?

J. A. : Primero conseguimos que el director del teatro Lara nos dejara el hall para dos días sin saber lo que íbamos a hacer. Pensábamos que íbamos a hacer un microteatro como el que habíamos hecho hace unos meses, pero llegamos a casa y dijimos: “¿Para qué vamos a hacer un microteatro que ya hemos hecho?” Además, tampoco teníamos dinero. Iba a trabajar de camarero, luego le recogía a él, escribíamos hasta las 9 de la mañana, luego dormíamos… Durante dos o tres semanas lo escribimos.

J. C. : Nosotros siempre hemos vendido humo muy bien, y ya teníamos el reparto hecho antes de tener el guion escrito. El día que vinieron a la lectura del guion, llamó a Llum Barrera, que era la primera Bernarda, y nosotros aún estábamos imprimiendo los guiones.

J. A. : Otro acontecimiento que hizo que La Llamada fuera por otro camino, es el propio hall del teatro Lara, que es pequeño y tiene una escalera. Estábamos escribiendo la obra, íbamos por el principio, a ver dónde la íbamos a hacer. Lo analizamos, lo medimos, y cuando estábamos viendo la escalera, dijimos: “Tiene que cantar, y tiene que aparecer esta escalera, tenemos que utilizar todos los recursos que haya”. Y allí,  en esa misma visita técnica, dijimos: “¿Y si canta la canción más bonita de amor incondicional que jamás ha existido que es I Will Always Love You?”

J. C. : Luego dijimos: “Y va a haber humo y una batería, y una banda en directo”. Pero la señora del teatro dijo: “No, hay una alarma de incendios, tienes a una señora al lado de una batería, en la sala caben 50 personas, no vas a tener una banda en directo, y no va a haber humo” [risas]. Al final lo conseguimos, había humo todas las semanas, batería… Nunca dejéis que os digan que no, las cosas se pueden hacer si peleas. El ensayo general en el hall del teatro Lara fue tal desastre… Trajimos a unos amigos a que la vieran y las caras al salir eran de desconcierto. Era un acto de fe. No dejéis que eso os desmotive. Un mal ensayo general es un buen estreno.

 

Los Javis durante el coloquio

 

El tema de la religión siempre provoca debates, ¿cómo lo habéis vivido?

J. A. : En general no se trata con violencia o con enfado, sino que creo que la película y la obra lo plantean con mucha cercanía y sentimiento. Hemos tenido de todo. Siete años después, seguimos recibiendo mensajes cada día, desde monjas y sacerdotes que a raíz de la película o la obra lo han dejado y gente que gracias a ella ha salido del armario, o lo contrario, que gracias a la película han sentido la llamada de Dios. O de repente gente que te dice: “Gracias, a mí también me habla Dios con canciones”. Siento que al haber crecido como persona homosexual en un colegio del Opus Dei el desarrollo está muy tocado, y siempre me intriga mucho cómo hubiera sido yo si me hubieran dejado crecer libremente. Sería un ajuste de cuentas, entre comillas, para saber qué pasaría si nos hubieran dejado crecer en libertad.

J. C. : En el teatro se juntaban un grupo de monjitas o de seminaristas, un grupo de amigos gay, una despedida de soltera y una familia, y todos aplaudían. Unos, que una quisiera irse con Dios y otros que Susana se hubiera enamorado de Milagros. Que durante dos horas pudieran aplaudir juntos estas opciones, me parece lo subversivo de La Llamada.

 

¿Qué pretende transmitir?

E. L. : Es una película que se ha convertido en clásico en muy poco tiempo, y eso pasa con pocas películas. Creo que la falta de pretensiones, la naturalidad y la honestidad con la que está hecha es lo que va a hacer que crezca tanto en nosotros como en vosotros.

J. A. : Tiene un componente inspirador, más que crítico. Te anima a hacer lo que ya sabías que tenías que hacer. La filosofía que intentamos tener Javi y yo, que queríamos ser actores. Ser directores y guionistas es nuestro plan B, y habla del plan B por encima de todo. Ahora, si dijeran que podría ser actor, diría que no, porque mi plan B es mejor que el A. Creo que se transmite en el texto, que igual lo que no pensabas nunca que fuese a ser lo mejor, resulta serlo.

J. C. : La película nunca te queda como tú la imaginaste, pero cuando la ves piensas que irremediablemente tendría que ser así.

 

No se nota casi el cambio del texto hablado a las canciones, ¿cómo lo habéis hecho? 

J. C. : Casi todas son en directo y muchas, las que nos son en directo, las regrabamos con cada respiración de cada actriz para que el hecho de que fuera un musical tampoco diera esa sensación de artificio, sino que fueran canciones muy cercanas. Fue ir hilando muy fino lo que queríamos contar para que no fuera un musical al uso, sino que fuera una historia que te llegara al corazón. Me acuerdo que “Si esto es fe” es el salto más fuerte que hay, porque empieza a cantar ella sola. “Estoy alegre” se lo cantan la una a la otra, y más o menos hay una excusa. En “Si esto es fe” se pone a cantar su pensamiento, su emoción. La decisión creo que fue acertada. Le dijimos a Pilar Robla, nuestra directora de producción, que iba a cantar en directo, y dijo que era imposible, que a ver cómo lo hacíamos… Y yo le dije que lo había visto en el making of de Los Miserables, y que íbamos a ver cómo lo hicieron. Me di cuenta de que se ponían un pinganillo y fuera había un señor con un piano que iba tocando. Y es lo que hicimos.

 

Hay una frase en la obra que es «Lo hacemos y ya vemos». ¿Qué significado tiene en vuestras vidas?

J. A. : Hay días que ni me acuerdo, que tienes tantas ganas de hacerlo bien, tanta responsabilidad, ya ves que estás moviendo una maquinaria tan enorme, que a veces es como “lo hacemos y ya vemos”. Sí, ya, pero te viene la persona de detrás y te dice que no, a ver dónde está esto, porque hay 200 personas detrás de ti que tienen que hacer real lo que tú te imaginas, y necesitan tiempo. Al final, lo transmito como: «Voy a intentar hacerlo lo mejor que sepa, sin intentar conseguir nada, sólo intentar estar contento yo».

J.C. : Y que lo que hagas esté mejor o peor, que exista es mejor que que no exista. Hecho está lo que tenía que hacerse. “Lo hacemos y ya vemos” va de eso. Si tienes una historia, cuéntala sin miedo a que te salga bien o mal.

J. A. : Si alguien quiere hacer una película, que lea “Mi primera película: toma 2”, el texto de Sam Mendes. Cuando me dijo Enrique que era el momento de hacer la película, al principio dije que no, y después de leerlo dije que sí.

 

¿Habrá segunda parte?

J. C: Había un epílogo, precisamente, en el que se respondía a esa pregunta.

J. A. : Lo encontramos el otro día el guion, y dice: «Lo voy a subir a Instagram». ¿Pero cómo vas a subir el epílogo a Instagram? [risas].

J. C. : Si hubiera una segunda película, la podríamos hacer. A mí me gustaría. 

J. A. : A mí me encantaría. 

J. C. : Pero dentro de un tiempo.

J. A. : No creo que tanto, pero en nuestra mente está. Evidentemente, tendría otro enfoque y se centraría en temas diferentes. Qué fue de ellas, después de cinco años, o de diez.

J. C. : O de veinte.