A vosotros, abuelos

Abuelos. Seguro que solamente con escuchar esa palabra se te viene una sonrisa a la cara. Tal vez porque están ahí, pero hace días que no les ves o que no hablas con ellos. Quizás porque ya no están, pero les tienes presentes a diario, en cada decisión que tomas.

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Abuelos. Seguro que solamente con escuchar esa palabra se te viene una sonrisa a la cara. Tal vez porque están ahí, pero hace días que no les ves o que no hablas con ellos. Quizás porque ya no están, pero les tienes presentes a diario, en cada decisión que tomas. Pero seguro que sonríes.

Hay personas que piensan que te jubilas porque ya no puedes aportar nada a la sociedad, porque ya no sirves. Pero es tras la jubilación cuando una persona comienza a desarrollar uno de los trabajos más importantes de su vida: el de transmitir su experiencia a hijos, sobrinos, nietos y, en ocasiones, también biznietos. Personas que no siempre muestran interés, que a veces protestan diciendo que son “batallitas”, pero a los que estas lecciones se les quedan grabadas muy dentro.  Puede que un día, dentro de muchos años, dirán “qué razón tenía mi abuelo”. Esa frase que resume todos los errores que cada uno debe cometer antes de darse cuenta de que puede aprender mucho de los fallos de otros.

Han vivido el tiempo suficiente para saber que hemos evolucionado mucho, pero que igual que en el pasado hubo épocas mejores y peores, en el futuro también las habrá, y que las cosas que parecen fáciles, no siempre lo son

Los abuelos son, aunque pocas veces lo reconozcamos, el verdadero sustento de una sociedad.  Muchas veces son niñeras por horas, son siempre, sobre todo las abuelas, las mejores cocineras, las que ponen, no solo la receta sino también el cariño y la paciencia para hacer que un plato sea especial. Y también el amor para hacer ese postre que saben que te gusta, o ese que tus padres no suelen darte. Son también los abuelos los que nos animan siempre, los que a veces intentan que los padres sean un poco menos duros, incluso menos exigentes de lo que fueron ellos con sus propios hijos, pero que también, cuando es necesario, saben regañar y castigar.

Siempre han sido también los encargados de transmitir experiencias e inquietudes. Ellos han vivido el tiempo suficiente para saber que hemos evolucionado mucho, pero que igual que en el pasado hubo épocas mejores y peores, en el futuro también las habrá, y que las cosas que parecen fáciles, no siempre lo son. Y, aunque a veces les cuesta vivir en una sociedad tan diferente de aquella en la que les educaron y tan llena de cambios, intentan entender el mundo en el que vivimos.

Para cada uno de nosotros, nuestros abuelos conforman una huella que no se olvida nunca, que nos conecta con el pasado y también con el futuro. Con ese día en el que seremos nosotros los que transmitamos muchas de las cosas que nos han llegado, esa parte de la herencia inmaterial que son los recuerdos. Por eso quiero que hoy dediquemos un momento a pensar en ellos, a los que están a una llamada de teléfono y a los que están un poquito más lejos, pero cuyo cariño y amor permanecerá siempre con nosotros. Por ellos, en gran parte, somos lo que somos.

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