¿Adictos al odio?

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Ser adictos al odio puede ser algo más natural de lo que realmente pensamos.

Hace unos días fuimos conocedores de la trágica noticia sobre el fallecimiento de Verónica Forqué, que decidió quitarse la vida, por motivos que a día de hoy desconocemos.

Lo más fácil es quedarse en la superficie y lamentarse por lo sucedido, pero creo que el comportamiento que como sociedad hemos manifestado, nos debe provocar mucho más que dolor.

Es fabuloso que, debido a que ocurran acontecimientos de este tipo, se abran por fin las tapaderas de las cajas dónde se guardan los temas sobre los que no queremos hablar.

Esto ha sido así, y en España hace mucho tiempo que se tomó la decisión de no hablar de las cosas de las que no sabemos hablar.

No sabemos expresar estas emociones, y no me extrañaría nada que ahora tú, como lector de estas líneas, estés reconociendo que nunca has podido hablar de lo que sientes con tus padres o profesores.

El tema de “no nos han enseñado a gestionar lo que sentimos” ya esta muy escrito y no voy a centrarme en eso aquí, pero creo que el tema nos puede ayudar a llegar a mejores conclusiones.

Ya está bien, creo que en algún momento tenemos que tomar las riendas de las cosas, y dejar de buscar al culpable de todos nuestros males, para convertirnos en el héroe de nuestra soluciones.

Y es que este reciente famoso suicidio, si realmente ha servido para algo, aparte de aportar de la libertad necesaria a la persona que lo necesitaba, es para aseverar que somos muy cobardes y para nada vamos a reconocer nunca el error en nosotros mismos.

Minutos después de que se conociera la muerta de Verónica, se podían leer comentarios en las fotos del perfil de Instagram de su hija, del tipo: “Por qué no cuidaste a tu mami”

Si pasabas un rato por Twitter, poco tardaron en aparecer los controladores de contenido, los catedrático en comunicación, los doctores en “buenas prácticas” en los medios.

Todo eran críticas a Masterchef, y ya muchos otros aprovecharon para seguir esputando el odio acumulado con T5 y su tele realidad.

Grandes textos y palabras rebuscadas en diccionarios de sinónimos, para repetir una y otra vez que el culpable es el que hace televisión. Qué están artos de programas reaccionarios, dónde ponen “al límite” a sus concursantes.

Entiendo que esto debe responder a la moda de los “Coach”, dónde ahora resulta que cualquiera puede hablar sentando cátedra, aunque su único curriculum sea el de tomar café a la misma hora en el bar de la esquina.

Siento decir que esto no funciona así, un suicidio no ocurre solo porque un programa de televisión te lleve “al límite” o porque cuatro “trolls” despotriquen de tu trabajo bajo un nombre falso y una foto de Google imágenes.

Los que son capaces de llegar a conclusiones tan simples, es que nunca en la vida han tenido o se han acercado si quiera a saber lo que es un problema de salud mental.

Hace tiempo leí que el cerebro humano está programado para procesar con mayor atención las malas noticias que las buenas noticias, lo que está relacionado con el instinto de supervivencia. Puede que debido a esto seamos adictos al odio.

Sabiendo esto ¿No somos también culpables del contenido que se crea para nosotros? Al final, el rey de la televisión es el espectador, y sin espectadores…ya sabemos todos lo que ocurre, no hace falta hacerse un máster para saber que lo que no se ve, se acaba.

No pretendo con estas letras hacer rey al programador de televisión de turno y convertir en demonio a la audiencia, pues como ellos mismos dicen y se sienten orgullosos, en la televisión actual “hacemos pornografía de las emociones” y a la gente le gusta. Se aprovechan de que somos adictos al odio.

La televisión se alimenta de lo que está en tendencia. Como si de un influencer se tratase, el programador de televisión sabe lo que quiere el público y lo exprime hasta que no le queda más jugo. ¿Podemos acaso reprochar el trabajo de una persona solo porque a ti no te guste?Los gustos en televisión se demuestran con datos de audiencia, y estos son los que son, por mucho que te guste más o menos, no son cuestionables.

Otra cara de la moneda sería analizar porque ahora estamos viviendo un auge extremo con el mundo del podcast, y cuales son los que más están “llegando” y porque, pero eso es otro artículo…