Hace unos meses escribía en este mismo medio acerca de la llegada de Vox a nuestras vidas. Sin embargo, aunque entonces trataba de relativizar el fenómeno, he de reconocer que me equivoqué. Y quiero dar gracias a La Sexta y a Susana Díaz en primer lugar por haberme ayudado a equivocarme. Como alertaba en dicho artículo, la sobreexposición mediática de un problema que todavía no existía, iba a provocar un crecimiento de Vox que todavía podía evitarse.

Ahora, y a diferencia de lo que se está leyendo y escuchando en la mayoría de medios, creo que nuevamente se está adoptando un enfoque equivocado para una nueva consecuencia del descontento social existente en nuestro país. La noche de las elecciones andaluzas, mi conclusión del resultado fue que, nuevamente, ni el PSOE ni el PP habían entendido nada. A pesar de las “alertas antifascistas” y de los carnets de gran demócrata que va repartiendo “el bueno” de Pablo Iglesias, alguien debería preguntarse por qué coño Vox sacó doce escaños en Andalucía, o por qué las encuestas para el próximo mayo en la Comunidad de Madrid arrojan para Vox hasta veinte escaños sobre un Parlamento de ciento treinta y dos.

El viernes pasado, el Consejo de Ministros aprobaba el Real Decreto Ley para modificar la Ley de Arrendamientos Urbanos. Una medida muy necesaria pero que claramente resultará ineficaz para normalizar el mercado del alquiler en el corto y medio plazo. Más allá de la regulación legal, es necesaria una política estatal, con una fuerte dotación presupuestaria, dedicada a la promoción de vivienda pública en régimen de alquiler que alcance no solo a las rentas más bajas, sino a un porcentaje importante de las clases medias, aunque ello implique detraerlo de otras partidas presupuestarias. Parece mentira que, nuevamente, gobiernos socialistas no aprendan de los errores del pasado y sigan sin tomar nota de quién les votó entonces. González no gobernó durante catorce años por casualidad, sino por la capacidad de sus Gobiernos para transformar un país de alpargatas en el referente mundial en calidad de vida.

Mientras tanto, seguimos perdiendo el tiempo en discutir, en exclusiva, a todas horas y en todo medio, si las medidas de igualdad son suficientes, si las demandas del colectivo LGTBI se encuentran suficientemente satisfechas, o si debemos decir “el portavoz o la portavoza”, “el gilipollas o el gilipollo”. Cuando la izquierda sigue sin tomar nota de quién es su votante y se pierde en debates estériles haciendo bandera en exclusiva de causas que no son principales, el votante se siente huérfano y queda a merced de cualquier oportunista que propone reinventar el agua caliente. Y con esto, no quiero decir que no sean temas que no haya que tratar, pero en su contexto y en su justa medida. Lo primero es lo primero.

Por si fuera poco, hoy por hoy el PSOE tiene sus federaciones regionales plagadas de elementos que dicen representar a sus votantes aunque hace tiempo que procuraron representar mejor sus intereses y ambiciones personales. Sí, Javier Lambán, esto va por ti. Después de la caída de Andalucía, todos “los barones” que han sido incapaces de posicionar y generar riqueza en sus respectivas Comunidades Autónomas para hacerlas atractivas hacia al exterior, incapaces de frenar la sangría de jóvenes emigrantes, temen ahora por su futuro.

Por último, y porque no quiero hablar solo de jóvenes, hablemos de dependencia. El que debería haber sido el tercer gran pilar de nuestro estado del bienestar, junto a educación y sanidad, ni está, ni se le espera. Durante el segundo mandato de Zapatero se puso en marcha esta ambiciosa Ley sin asignar para ello consignación presupuestaria suficiente. Vaya error en un país que envejece por momentos y en el que la asistencia domiciliaria a muchos de nuestros mayores, donde una red de buenas residencias públicas o concertadas para la tercera edad, surgen como retos imprescindibles para el futuro del país.

En fin, amigos de la izquierda, tomen nota de por qué Vox gana votos, y dejen de rasgarse las vestiduras la noche electoral. En mayo, ya será tarde.

P.D.: Con asuntos como los mencionados no sería preciso perder ni un minuto en las tonterías catalanas. Mi artículo da fe de ello. Aprender a gestionar la situación política también debería ser un reto para cualquier político.

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