Sí, voy a hablar de Cataluña y España alejándome de sesudos análisis jurídicos, balances económicos y de ensayos políticos. Voy a hablar de una forma sencilla, dejando a un lado la grandilocuencia y la técnica. Como una persona joven que está viviendo una época convulsa en su país. Donde probablemente harán falta muchos cambios en el futuro, pero como ya he dicho no los voy a enunciar. Antes una cuestión, ¿para qué cambiar a lo grande si no cambiamos nosotros también? Me refiero a la gente de a pie, a los más vulnerables que sufren con este tema.

Hemos sido testigos de campañas de odio, todas te decían qué comprar, dónde ir o incluso cómo reaccionar si nos hablaban en catalán. Tenían la intención de hacernos pensar que en Cataluña todos son iguales, olvidando que es una región plural. Por supuesto desde el otro lado también ha habido, llegando a desarrollar una app que avisaba sobre los negocios que atendían en español. Lo he llegado a sufrir en mis propias carnes cuando aquellos niños se burlaron de mí al dirigirme a ellos hablando en castellano. A sus espaldas llevaban mochilas con la estelada cosida, se fueron cuchicheando entre ellos. No es que fuesen los mayores insultos que he sufrido en mi vida, lo que me entristeció fue que unos niños llevaran tanto odio a cuestas. Con la misma facilidad con la que sostenían las mochilas sobre sus espaldas. Es un error caer en el rencor por los actos estúpidos de otros; hay gente buena y mala en todos los ámbitos.

Las calles se han llenado de violencia, destrozando coches, asediando edificios, acosando a políticos en sus propias casas, gente siendo agredida por la policía o por otras personas, otras se encontraban añorando una dictadura para vergüenza de muchos y asaltando diversas sedes políticas. Ni siquiera la vida privada se ha librado de esto, hemos visto la división entre familias, amigos y compañeros de trabajo, las amenazas a personas que piensan distinto… Una larga lista de lo peor que podemos ser es lo único que hemos mostrado ante el mundo. Duelo a garrotazos. Gente normal, con vidas corrientes en un trance visceral en algo en que no pueden actuar. Parece que todos sus problemas han desaparecido, España o Cataluña los necesita. Algo así como la señal de Batman. Cada uno es libre de colgar una bandera de España, una estelada, una señera o cualquier otra en el balcón de su casa. Por encima de todas las cosas, las libertades democráticas deben permanecer, aunque poco o nada se haga por la formación de un nuevo estado o la unidad de España. Esta última ya está suficientemente garantizada, no hacen falta mártires.

Sacamos nuestro nacionalismo exacerbado a pasear, enfrentando uno con otro. Para mí, la bandera de mi país no me molesta, ya que viene de una Constitución democrática que se ha visto amenazada por unos pocos. Por lo que simboliza esta y por lo que nos ha dado, yo sí la sacaría. No por una simple necesidad de envolverme en ella, sino como apoyo a un sistema que ha costado el trabajo de muchos. Y la sangre y libertad de muchos españoles que lucharon por una sociedad mejor. Para mí, es una muestra de unidad, busca representarnos a todos.

Pensemos lo que pensemos, estéis más o menos de acuerdo conmigo o con vuestros semejantes, por encima de ideologías y juegos políticos somos seres humanos. Podemos ser distintos, sin embargo, debemos convivir. El hecho de ser humanos libres nos diferencia de una masa uniforme que simplemente sigue a un líder. Poseemos capacidad de razonar, de crear, de juntarnos a colaborar y a mejorar, como siempre hemos hecho. No nos debemos creer todo lo que nos dicen y hacer de ello nuestra guía vital, no nos dejemos involucrar en la dinámica del rechazo. Me explicaré lo mejor que pueda.

 Tenemos una cultura común, que se complementa con las variaciones que hay en Cataluña. A esta llegaron miles de personas de toda España en busca de una vida mejor, era una de las regiones más adineradas. Estos influenciaron gran parte de la cultura de la región en las décadas siguientes. Sería imposible imaginar la música sin la rumba catalana o sin las canciones de Estopa. Por supuesto, con el tiempo fueron aprendiendo catalán, integrándose ellos y sus hijos. Se consideran catalanes a pesar de que hablan con cierta nostalgia de su región de nacimiento o de sus familiares que se quedaron. No quiero olvidar la existencia de grupos que cantan en catalán, como Manel, que son excelentes compositores. O otros que vienen de allí, dejando su música para el mundo como Love of lesbian o Joan Manuel Serrat ¡menos mal que existen! Suerte que se dediquen a la música, aún queda gente que lo hace fácil.

La literatura, soy una enamorada de Mercè Rodoreda y su novela “La plaza del diamante”. Es de las cosas más bonitas que he leído en mi vida, os lo recomiendo. Otro escritor, Jordi Serra i Fabra, con libros de obligada lectura para niños y adolescentes. Es tarea difícil encontrar a alguien que no le conoce. En este párrafo sobre cultura caben también las tres mellizas y la bruja aburrida. Borrarlas sería borrar los buenos momentos de mi infancia. Gaudí, que es fascinante, nunca habrá alguien capaz de superarlo en genialidad. Su obra es fascinante, está todavía a día de hoy en auge, incluso su gran obra inacabada, la Sagrada Familia.

Se puede hablar incluso de televisión, “la televisió és cultura” como dice la sección del gran programa apm? Aunque se produzca en catalán, desencadena carcajadas en toda la geografía española. El programa Polònia, que sigue la senda de la famosa producción “Vaya semanita”, que refleja una sátira de la política tanto autonómica como nacional, atreviéndose con la internacional. ¿Quién no ha compartido un vídeo de cualquiera de estos 2 programas?

Barcelona, ciudad cosmopolita donde las haya, plural y que queda bien desde cualquier plano. Por la que todos hemos llorado tras los atentados, Barcelona es poderosa. Brilló para el mundo entero hace 25 años, hoy necesita más que nunca recuperar ese esplendor. Otra capital que tengo el gusto de conocer es Tarragona, imposible perderse entre sus ruinas romanas y sus calles. Todo esto contrasta con la zona del Delta, donde parece que el tiempo va de otra manera, que alberga especies que atraen expertos de todo el mundo hasta allí. Cataluña es diversa desde todos los ángulos.

El ocio, donde incluyo tradiciones como la sardana o los castellers. La fuerza de los castellers es algo que cautiva desde el primer momento, que refleja la unidad y el trabajo. La sardana, con su dificultad, es algo imprescindible. Por supuesto, hay cosas más modernas que se combinan a las tradiciones, especialmente en Barcelona. Festivales como el Primavera Sound Festival o el Sónar a la vez que se producen eventos más íntimos. Para todos los gustos. Hasta fútbol, con un gran equipo como el Barcelona FC vanagloriado en todo el mundo con su eterno rival, el Espanyol bastante más humilde. Contrastes como en todas partes, para todos los públicos y sensibilidades.

Numerosas empresas eligieron Cataluña para asentarse, siendo un ejemplo mundial a la vez que eran admiradas en el resto de España. Fabrican productos que nos gustan tanto a grandes como a pequeños, ¿quién no se ha tomado nunca un Cacaolat o un trozo de fuet Casatarradellas? Hay un espíritu emprendedor allá donde miremos, empiezan desde el principio a desarrollarlo. Se encuentran allí numerosas Universidades tanto públicas como privadas que son de las mejores de España, a los que muchos miramos con admiración. Si es posible, queremos estudiar allí, es uno de mis sueños.

Mi vida sería distinta sin los veranos en San Carlos de la Rápita, sin toda esa gente que veo todos los años. Desde niña, en la costa catalana lucía el sol en verano. Son muchos recuerdos compartidos con la familia. Allí descubrí la gastronomía catalana, que tiene para todos los gustos. También he podido escuchar hablar en catalán, pudiendo ahora llegar a entenderlo dándome cuenta de lo bonito que puede ser. Y lo parecido que es al castellano, a pesar de las variaciones que existen.

Nos necesitamos, es imposible verlo de otra forma. Pase lo que pase, siempre os llevaré en el corazón.  Dejemos los enfrentamientos a un lado, dentro y fuera, pongámonos a trabajar para reformar lo que no nos gusta. Es más lo que nos une que lo que nos separa. Convivamos, es triste ver tanta tensión, espero volver a veros como siempre os vi. Sin duda, amigos para siempre, lo que somos capaces de hacer unidos no podemos igualarlo por separado.

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