Acaba de empezar el año y parece muy complicado saber qué será de nosotros como país a lo largo de los próximos meses, y menos en el 2020. Hace no tanto, Rajoy iba por su séptimo año de mandato y todo parecía apuntar a que iba a repetir como candidato (y como presidente). Ahora, Pedro Sánchez está en la Moncloa y Juanma Moreno ha desahuciado a Susana Díaz de San Telmo. Todo un giro de 180 grados. Por ello, y dada la volatilidad con la que desaparece lo que creíamos asumido, voy a tratar de predecir cómo estará España en, justamente, 365 días.

El 13 de enero de 2020 es lunes. Los informativos arrancan, como ya llevan días haciendo, con las dificultades del recién escogido Congreso de los Diputados para formar Gobierno. Pedro Sánchez convocó elecciones en otoño después de que las negociaciones del PP, con Vox y C´s consiguiesen desalojar a la izquierda de varios ayuntamientos y comunidades importantes tras las municipales y autonómicas.

En dichos comicios, Vox no subió tanto como se pensaba, pero les fue suficiente para que la derecha sumara, aunque Ciudadanos cada vez tiene más reparos para pactar con Abascal, ya que sus socios europeos les están forzando a elegir: o mantienen sus principios y el apoyo de los liberales europeos, o consiguen poder en España y soledad en Bruselas. La configuración del Europarlamento es inédita, por cierto, aunque el resultado era un tanto previsible. La bancada se ha partido en dos: escépticos y europeístas, a los que hay que sumar a algunos partidos de izquierda que sin ser entusiastas europeos defienden el proyecto común.

En 2020 las cosas se han puesto feas por las instituciones europeas, y comienza a escuharse cada vez más alto que la UE no tiene futuro. Esto provoca una contrarreacción de la sociedad europea que decide comenzar a manifestarse en favor de la Unión. Este movimiento, que crece a la par que divide y polariza Europa entre los pro y anti, llega al Reino Unido con fuerza, donde se repetirá el referéndum por el Brexit a finales de este año 2020.

A nivel municipal, Podemos y sus confluencias solo han conseguido reeditar su éxito en las grandes ciudades en Madrid y Valencia. Carmena es alcaldesa de nuevo, y en su gobierno integra a miembros del PSOE madrileño además de los procedentes de su formación. En Barcelona llevan meses sin gobierno. Las cuentas no salen. Nadie apoya a nadie. El independentismo, como de unos años a esta parte, ensucia todos los debates. Y en Zaragoza la pugna interna de Podemos con ZeC perjudicó mucho a la agrupación morada y a la izquierda en general. A pesar de que sus cinco escaños son algo más de lo que decían las encuestas, el fracaso es obvio.

El descalabro de los de Iglesias a nivel municipal y autonómico hace que el sector crítico del partido se rearme. En esas, Errejón, que no consiguió rebatarle la Comunidad de Madrid al PP (donde ha vuelto a triunfar el pacto a tres de derechas), retoma su pugna por el poder en Podemos, una lucha en la que acaba venciendo, aunque dejando de paso el partido muy debilitado. La coalición con IU se rompe y muchos pablistas se integran en un nuevo grupo impulsado por Alberto Garzón que pretende salvar Izquierda Unida de la desaparición.

Este es mi vaticinio. Ahora hagan sus apuestas. Con el procés y la nueva localización de la tumba de Franco ya tal.

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