Para hablar sobre cine, es necesario que nos subamos en la máquina del tiempo o, si preferís, directamente en el mismísimo DeLorean.

Viajemos a esos maravillosos años que vivimos hace décadas, y rememoremos ese cosquilleo que, espero, todos hayáis sentido en el estómago alguna vez en vuestras vidas. Hablo de esos días cuando anunciaban el bombazo de que, al fin, iban a llegar a la cartelera las que serían las películas más taquilleras de los tiempos, al nivel mismo de El rey León, el mítico Titanic, o sagas como El Señor de los Anillos, Star Wars, Piratas del Caribe o incluso la de nuestro mago favorito; Harry Potter.

En cuanto éramos partícipes de la proximidad de este tipo de estrenos, nos preparábamos para esa larga fila que íbamos a tener que hacer para conseguir una entrada en buen sitio.

A día de hoy, resulta difícil evitar rememorar el cosquilleo que nos recorría en esos previos momentos a la obtención de nuestra entrada, y ese sentimiento de  alivio que sentíamos una vez acomodados en nuestra butaca, a veces en no tan buena posición.

Pero ¿qué ha pasado? ¿Por qué hace años que no vivimos esto? Tras reflexiones, conversaciones, e incluso discusiones con mi gente, he llegado a la conclusión de que todo viene impulsado por el cambio que hemos experimentado, paralelo al de nuestro entorno, y que difícil retorno tiene.

La oferta

Cómo es lógico, cuando una industria se convierte en tendencia, los recursos se orientan a su explotación; de tal modo que vivimos un fenómeno de masificación a gran escala en poco tiempo.

Hace décadas, las películas se emitían en el cine contadas veces por semana, con colas sin fin para ver películas tan esperadas como Siete novias para siete hermanos allá por los 50, o Grease y Tiburón un par de décadas después; con un precio irrisorio dado en pesetas que, a día de hoy, resulta difícil de asimilar.

Afortunadamente, los más jóvenes contamos con estos testimonios gracias a las anécdotas que nos han ido contando nuestros mayores.

Al principio, esta masificación no fue un problema ya que la inversión inicial, ante una demanda incipiente y una moda que lo impulsaba, permitió a la industria crecer sin dificultades. El cine pasó de ser entendido como un excepcional privilegio de pocos a convertirse en una actividad rutinaria más entre la clase media.

No obstante, los años fueron pasando y en la actualidad, una oferta que se ha acomodado en lo más alto resulta algo excesiva en la mayoría de ciudades de España.

Este punto, hay que encuadrarlo con las características de cada barrio o comunidad pero, en términos generales, tener más de un cine, con más de dos sesiones por película, todos los días de la semana, resulta cuanto menos excesivo, ya que la experiencia nos ha demostrado que hay días en los que el cine está vacío y, si decides entrar, solamente te acompañará el hombre del piano.

Cuestión económica

A pesar que nunca haya sido «gratis», cuando hablamos de precio tenemos que dar un gran salto temporal; en concreto, hasta llegar a la crisis de 2008 y sus consecuencias.

Aquí presenciamos un punto de inflexión en el que, por lo menos, nuestras cabezas «cambiaron el chip», empezaron a reconsiderar en qué invertir sus ahorros y, consecuentemente, a escatimar en eventos ociosos (también categorizados como prescindibles).

El ocio pasó a un segundo plano, y el precio se convirtió en la excusa por defecto.

Que quede claro que esta «excusa» es totalmente respetable ya que está en la filosofía de cada generación y de cada persona, decidir en qué invertir sus ahorros, sean cuales sean.

Antes de esta etapa, ya surgieron iniciativas protagonizadas por El día del espectador que, a pesar de actuales debates sobre su obsolescencia, se mantienen vigentes a día de hoy con el objetivo de acercarse al público menos pudiente.

Más recientemente, por parte de diversas compañías como Cinesa, también se ha intentado hacer frente a este problema, principalmente mediante descuentos a socios, o jornadas especiales como la fiesta del cine, en la que pasamos a pagar prácticamente un tercio del precio habitual de la entrada.

Incluso la Federación de Exhibidores de Cine de España (FECE) ha comentado en diversas ocasiones iniciativas que tiene en mente para evadir este handicap.

Pero, ¿es este el verdadero problema? ¿Debe bajarse más su precio? ¿Es esta la principal pregunta que debemos hacernos? Cuestiones abiertas que siempre estarán ahí para todos los gustos y opiniones.

La tecnología

Desde hace tiempo, hemos ido presenciando un desarrollo tecnológico en todos los ámbitos de nuestra vida que, inevitablemente, ha ido teniendo su repercusión en la industria cinematográfica.

Por ejemplo, las largas colas de las que antes hablaba, ya solo se ven para recoger palomitas. Muy positivamente, hemos evolucionado en las grandes ciudades (no en todas) a cines en los que puedes adquirir tu entrada y reservar tu asiento directamente con el ordenador.

Por otra parte, Internet (con su perseguido mundo pirata) y la aparición de HBO, Netflix, o canales similares que permiten que tengas a tu alcance películas recientes por un coste muy asequible (o incluso inexistente), hacen que sea difícil defender la asistencia a cines salvo en ocasiones que verdaderamente merezcan la pena.

Cuando alguien te dice que tienes que ver una peli en el cine o cuando echan otra que querías ver desde hace tiempo, valoras ir; pero el resto y mayoría de veces, esperas prudente a que la saquen en la tele (o en estos canales), y ahorrar dinero.

  Cultura y política

A día de hoy, la afirmación de que el cine se ve afectado por los vaivenes y competencias políticas, resulta innegable.

Constantes noticias sobre la reciente bajada del IVA, promesas sobre esta industria que quedan en saco roto y otros aspectos en la línea, muestran que una parte del impulso del arte del cine, se encuentra en la política de este país.

Por otra parte, España en su cultura ha ido evolucionando hacia generaciones en las que, por el motivo que sea, ya no apetece pasar dos horas frente a la gran pantalla mientras se pueda estar en cualquier otra parte: desde comer pipas, tomar cañas o dar paseos por el parque hasta quedarte en casa viendo la tele o empanado en tu sofá.

Muchas veces, he buscado ese acompañante de cine para alguna peli, y he ido sola al final ya que he recibido la repetida respuesta de “Déjate, que está muy caro y la sacan en dos días en la tele» y al rato me han preguntado algo así como «¿Salimos esta noche a tomar unas copas?”. Y es que, hoy en día, la gente joven prefiere irse a un bar a beber y tomar copas, antes que ir al cine.

De inicio, no comprendía esta excusa ya que la mayoría de actividades -a excepción de todas aquellas amebas que se quedan en casa ahorrando o no consumen en los bares- entrañan un tiempo parecido y un coste similar: al final por dos horas, te gastas un mínimo 6€ en copas al igual que en cervezas, en una cena o en el cine. Por lo que el repetido argumento del elevado coste no me parecía del todo acertado a no ser que, en realidad, dicha excusa superficial solo encubriese el verdadero motivo de no querer ir desencadenado por el cambio de cultura y por la verdadera apetencia de socializar en vez de acudir al cine.

No obstante, ahora mismo entiendo, e incluso justifico, esta negación por el gran motivo que viene a continuación.

La calidad

El peor problema de la industria, desencadenado por los factores anteriores y por lo súper explotadas que ya están todas las historias habidas y por haber, es que ya no hay nada qué merezca la pena ver en la cartelera.

Me acuerdo con nostalgia de esa sensación que antes comentaba y hace tanto que no repito. Vivir durante semanas esperando una película que solo servía ver en el cine (era imposible que te saciases por cualquier medio distinto a la gran pantalla). Y luego rememorarla y rememorarla hasta el infinito y más allá.

Esta sensación duraba durante días en los que no paraba de repetir, en mi cabeza, esas escenas que me habían encantado, y su maravillosa e inspiradora Banda Sonora Original con la que, de fondo, quería estudiar, hacer deporte, comer y hasta ducharme.

En los últimos años, he querido ir varias veces al cine y no lo he conseguido, porque no había absolutamente nada destacable que ver, a pesar de existir alrededor de ocho salas por cine, con tres emisiones en cada una, y con un cine cada cuatro manzanas, salvo alguna ciudad como mi querida Soria, que solo cuenta con uno.

Y digo “he querido ir” porque, a pesar de que me considero una persona amante del cine y fiel defensora de que merece la pena pasar dos horas frente a la pantalla pese a su “elevado” coste; la cartelera de estos últimos años no me ha hecho fácil poder satisfacer mi gran pasión.

Las películas cuentan historias repetidas que ya conocemos; añaden pequeñas variaciones en hilos argumentales prácticamente idénticos, más efectos especiales y actores más nuevos; lo cual, a mí personalmente, no me supone ningún valor añadido.

No quiero decir que no haya ninguna película buena, solo que por cada diez malas, hay algo pasable. Esto, acompañado de todos los factores comentados anteriormente, hace que sea más recomendable gastarse el dinero en tomar algo con colegas y familia, antes que dejarse los cuartos para ver algo que te deje un sabor de boca amargo.

Me parece triste, ya que el cine es una de las mejores ciencias que existen. Entre otras cosas, este arte te permite evadirte a cualquier otro mundo, conocer otras culturas, historias, personajes y relaciones que nunca podrías haber imaginado.

Por ello, si queréis seguir mi consejo, dejad el cine para ocasiones que verdaderamente merezcan la pena, ir a socializar con amigos y brindad porque algún día no muy lejano, algún director vuelva a tener una brillante idea que pueda compartir con nosotros (o adapte algún libro nuevo y original) y nos pueda hacer recuperar esa ilusión que hemos perdido hace tanto tiempo.

Brindad también invocando que algún día la relación calidad-precio sean aceptable para todos, haya equilibrio entre la oferta y la demanda, verdaderas ganas de disfrutar en el cine, y por supuesto, que la gente no grite en él y tire bebida y comida al cubo de la basura.

 

 

 

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