Paco Campos / EFE

Paco Campos / EFE

Semanas antes, las provocaciones por parte de ciudadanos habían avanzado y crispado al movimiento hasta tal punto de devolver la unión al colectivo, que desde hace tiempo venia disgregándose debido a no tener un enemigo común. En este caso el enemigo común es la ultraderecha, la cual encarna VOX y que Ciudadanos y el Partido Popular han permitido acceder a las instituciones, para así estos poder tomar el poder.

Es muy difícil pensar que un partido liberal vaya a ir de la mano de la ultraderecha, pero lo cierto es que ciudadanos ya ha cedido ante varias presiones de este e incluso gobiernan juntos gracias a un pacto en Badajoz o acordaron los presupuestos económicos de Andalucia. Vox conseguía imponer sus medidas en materia de Memoria Histórica, Igualdad e Inmigración.

El veto a Ciudadanos por parte de la organización del Orgullo cobra mayor sentido cuando observamos las constantes humillaciones de Vox al colectivo LGTBI. Todos recordamos las famosas declaraciones de Rocio Monasterio, donde se reafirmaba en la idea de celebrar el Orgullo LGTBI en la Casa de Campo y declaraba semejante barbaridad: «Me reafirmo, si no se respetan ciertas condiciones, tienen que ir a un lugar donde no se agreda a los madrileños».

Además Ciudadanos se negó a firmar un documento político, donde se comprometían a no pactar con partidos que atentasen contra la comunidad LGTBI, y por tanto no podían tener carroza en el Orgullo.

Todos recordamos aquella foto de Colón y sus autores, y es que Ciudadanos se manifestó con grupos ultraderechistas como Falange Española de las JONS o España 2000 y utilizaron a la comunidad LGTBI para tapar ese esperpento y sinsentido, esta técnica recibe el nombre de Pinkwashing. Incluso Santiago Abascal criticó a Albert Rivera por llevar la bandera LGTBI, en vez de la de España. Una oda al cinismo y al mercantilismo.

Esta misma semana Ciudadanos presentaba una propuesta de ley para legalizar la gestación subrogada y lo planteaba como un derecho que reclama la comunidad LGTBI, cuando esto no es así. El colectivo LGTBI nunca ha pretendido mercantilizar el cuerpo de la mujer y siempre ha estado en contra de los llamados ¨vientres de alquiler¨. Una nueva formar de utilizar al colectivo para sus demandas.

El sábado Ciudadanos volvió a realizar la única técnica que conoce para hacer política, la provocación. Utilizaron la celebración del Orgullo LGTBI para trasladar el foco, que se situaba en sus posibles pactos con Vox, al más burdo victimismo. Esta situación muestra a Ciudadanos como un ¨mártir¨ ante la sociedad. En vez de realizar autocrítica o mostrar un perfil reflexivo, deciden ir en contra de la evidencia y mantener su discurso de bilis y más puro odio. Todos pudimos ver como el sábado Inés Arrimadas gritaba: ¨Estamos aquí¨ en vuelta en banderolas de Ciudadanos y banderas de España, de hecho, la presencia de la bandera LGTBI era casi inexistente en sus filas. Inés no grito en contra de las terapias de conversión o en contra de las declaraciones de Vox, grito:  ¨Estamos Aquí¨.

Hoy hemos conocido, gracias a Diaz Ayuso, que el pacto firmado entre el Partido Popular y Ciudadanos contiene todos los puntos exigidos por Vox, es decir, la eliminación de leyes LGTBI o ceder datos de inmigrantes a la Policia, entre otros. Debemos recordar que Rocio Monasterio ya exigió derogar el régimen sancionador de la CAM que penaliza vejar o maltratar a una persona por su orientación sexual. Un total desmantelamiento de las instituciones. Saquen sus propias conclusiones.

Finalmente me gustaría otorgar especial importancia a las declaraciones de Inés Arrimadas, donde califica a los activistas LGTBI de ¨fascistas¨. Una tremenda falta de respeto y memoria para aquellos y aquellas que vivieron la represión, el encarcelamiento, la tortura o la muerte en manos de verdaderos fascistas. Los verdaderos fascistas son con los que se sientan a ¨tomar café¨ o a los que conceden el integro poder sobre la memoria histórica y devuelven el nombre de franquistas al callejero español. Aquellos que ensalzan la dictadura o niegan su represión. Sean azules, verdes o naranjas. Stonewall fue el inicio y aún no hemos llegado al final. Hoy, el colectivo LGTBI esta más unido que ayer, pero aún necesita dejarse de luchas individualizadas e internas y remar, como hizo el sábado, hasta el bien común. Gracias a todxs lxs que el sábado  se movilizaron y dijeron aquello que nos une: ¨Ni un paso atrás¨. No sois fascistas, sois valientes. Gracias.

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