“Culo veo, culo quiero”: La idealización de lo que no es nuestro

(Cudillero, Asturias)

(Cudillero, Asturias)

Qué poco apreciamos lo nuestro, y cuánto nos gusta lo de los demás. Los españoles sabemos de primera mano lo que significa el dicho “culo veo, culo quiero”. Una expresión que nunca fue tan acertada como hoy en día. ¿Quién no ha preferido alguna vez vivir fuera de su país porque considera que otros son más bonitos o, simplemente, mejores que el suyo? La idealización de lo externo, de lo que no es nuestro, es habitual que nos ocurra, pero no debería impedirnos apreciar lo que tenemos. ¿Realmente somos conscientes de los impresionantes lugares que tenemos en España? ¿O es que no lo sabemos, y por eso no lo valoramos?

España cuenta con numerosos paisajes idílicos y espectaculares parajes naturales, que no tienen nada que envidiar a otros de Italia, República Dominicana, Inglaterra, Noruega o, incluso, Estados Unidos. La isla de Burano y la costa Amalfitana en Italia, Estocolmo en Suecia, o la ciudad de Brujas en Bélgica son ejemplos de lugares con vistas fantásticas, cuyas casas de colores suponen un atractivo turístico importante. Pero España también cuenta con este tipo de estampas, pueblos preciosos que destacan en toda Europa y en el mundo. Ejemplos de ello son Cudillero, en Asturias; Villajoyosa, en Alicante; el barrio de Triana, ubicado en la ciudad de Sevilla, las casas del Onyar, en Girona; Albarracín, en Teruel; o Risco de San Juan, en las Palmas de Gran Canaria.

Lo mismo ocurre con espectaculares vistas de parajes naturales y acantilados de nuestro país. El Fiordo Lysefjord, en Noruega, el lago Moraine, en el Parque Nacional de Banff en Alberta, Canadá; las cataratas de Iguazú, en Brasil; o el Parque Nacional de Los lagos de Plitvice, en Croacia, son un espectáculo para la vista. No obstante, el norte de la Península Ibérica también tiene increíbles vistas que ofrecer: el Parque Nacional de Los Picos de Europa, en la cordillera Cantábrica; los Montes de San Sebastián, en el País Vasco; la playa del Silencio y el Lago de Somiedo, en Asturias; Los Urros, en Cantabria; Ordesa y Monte Perdido, en Aragón; Aigüestortes y Lago de San Mauricio, en Cataluña; o las Islas Cíes y Rías Baixas, en Galicia.

(Ordesa y Monte Perdido, Aragón)

Las redes sociales han contribuido en cierta manera a que esto ocurra. Estamos tan acostumbrados a ver solo lo mejor de las cosas de los demás: los mejores conjuntos, los mejores viajes, las mejores vistas, las mejores experiencias… Que tendemos a idealizar todo lo que tiene el resto, a querer lo que no tenemos y, sobre todo, nos olvidamos de valorar lo nuestro. Irse de viaje a lugares exóticos es muy atractivo y vivir en otros países es una experiencia única. Hay que saber apreciar lo bonito de otros sitios, pero sin olvidarnos de apreciar los paisajes de nuestro país como se merecen.

Admirar lo que no es nuestro y querer conocer diferentes ciudades, países, continentes, es una condición natural del ser humano, la curiosidad de descubrir nuevos lugares y culturas. Pero eso no tiene que impedir que disfrutemos y sepamos valorar nuestras tierras. Idealicemos lo nuestro, lo que nos pertenece.