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“Si yo no te quiero ¿quién te va a querer? Pues…yo” contesta Nora, uno de los personajes de la saga Mystical, de la autora aragonesa Marta Álvarez. “¿Me podría decir cómo salir de aquí?” “Eso depende, fundamentalmente, de a dónde quieras llegar”, conversan Alicia y el conejo en el País de las Maravillas. “Lo esencial es invisible a los ojos”, nos explica el zorro en El principito. “Son nuestras decisiones, Harry, las que marcan nuestras vidas, mucho más que nuestras capacidades” admite Dumbledore en la mítica saga escrita por J.K. Rowling. Y así podríamos seguir con una larga lista de consejos y reflexiones que podemos encontrar en ese gran género literario que aparentemente va destinado sólo a los niños: la fantasía.

Desde pequeños, hemos adquirido las lecciones importantes por medio de la fantasía. De la mano de entrañables personajes cómo Caperucita Roja, los Tres Cerditos o Hansel y Gretel aprendimos a no fiarnos de las apariencias, a esforzarnos por lo que queremos o  a utilizar la inteligencia para superar dificultades que parecen ser más fuertes que nosotros. Estos personajes son una parte más de nuestra historia, y nos acompañan durante toda la vida, por eso les tenemos tanto cariño.

Y, cuando comenzamos a leer, descubrimos otros mundos a los que nos llevan las páginas de un libro. Mundos que nos emocionan y nos hacen sufrir. Historias que no olvidaremos nunca. Libros que serán para siempre compañeros de viaje, que nos hacen crecer y madurar, y nos acompañan a lo largo de la vida.

Sin embargo, con el paso de los años, nos encontramos con que el género fantástico va siendo desplazado progresivamente tanto por la no ficción como por libros de ficción ambientados en el mundo real, que aparentemente tratan problemas más cercanos a nosotros. Una literatura más “de mayores”, más seria, más racional, y, con frecuencia, mucho más aburrida. Llega una edad en la que parece que la fantasía es un solamente un modo de evadirnos del mundo que nos rodea y de no afrontar los problemas que salpican nuestra vida. Simplemente un género más propio de personas dadas a soñar con los ojos abiertos que no tienen los pies en la tierra.

Pero, como demuestran las frases con las que comienza esta reflexión, no hay nada más lejos de la realidad. La literatura fantástica trata problemas tan reales como la vida, tan cotidianos como el amor, la desigualdad, la discrimiación y un largo etcétera. Prueba de ello es que las obras del género fantástico han estado prohibidas y censuradas en gran cantidad de países, y sin embargo ha habido siempre grandes obras del género fantástico entre las más vendidas. Best sellers que no solo son leídos por niños, sino que hay un gran número de adultos que disfrutan de muchas de estas obras, y las atesoran en un lugar especial en su biblioteca, para poder releer pasajes cuando lo necesiten.

Decía Walt Disney que puedes hacer todo aquello que puedas soñar. Y yo me pregunto ¿A qué edad somos demasiado mayores para soñar?

La literatura fantástica es la que más nos ayuda a poner forma y voz a nuestros miedos, a nuestras esperanzas e ilusiones. Nos ayuda a identificar nuestros problemas y nuestros retos, y a afrontarlos a través de personajes que se ven superados por retos en apariencia imposibles, y que consiguen triunfar sólo con la ayuda de un puñado de amigos y su propio ingenio. Pero ¿quién no ha tenido en la vida un problema así?

Y, lo que es más importante, la fantasía nos da la capacidad de soñar, de imaginar el mundo en el que nos gustaría vivir. Nos da alas para replantearnos muchas de las cosas que, en el mundo real, se dan por hechas. Nos hace ser críticos con el mundo en el que vivimos. Pero, sobre todo, nos anima a luchar contra problemas que parecen imposibles, a intentar superar nuestros límites y a pelear por un mundo mejor. No lo digo yo, lo dice Emilio Carilla en ¿qué es lo fantástico?: al mundo fantástico pertenece lo que escapa, o está en los límites, de la explicación ‘científica’ y realista; lo que está fuera del mundo circundante y demostrable.

Decía Walt Disney que puedes hacer todo aquello que puedas soñar. Y yo me pregunto ¿A qué edad somos demasiado mayores para soñar? Al final, una fantasía puede llegar a ser más peligrosa que una realidad porque, mientras que la realidad es como es, la fantasía nos lleva a lugares insospechados, fuera de nuestro mundo, pero también dentro. Por eso, hoy quiero reivindicar, no solo la literatura fantástica, sino también nuestro derecho a soñar y a hacer realidad todos nuestros sueños, por imposibles que parezcan.

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