"El señor Puigdemont se ha propuesto destrozar el que se supone que es, o era, su partido político. El PDeCAT"

Quería ir más allá. Dejar Cataluña hecha unos zorros, crear un conflicto innecesario entre una parte de la sociedad catalana y el resto de la sociedad española, y burlarse, descaradamente, de la Unión Europea y de los principios y valores que ésta defiende no debe ser suficiente para saciar las ansias de protagonismo de Carles Puigdemont. El prófugo, como digo, está sediento de atención por parte de todos nosotros, los ciudadanos, de los medios de comunicación, de algún que otro líder europeo que quiera dedicar un segundo de su tiempo en fijarse en un tipo cobarde que abandonó, a la primera de cambio, a ese “pueblo de Cataluña” que un día dijo defender.

Por todo lo anterior, el señor Puigdemont se ha propuesto destrozar el que se supone que es, o era, su partido político. El PDeCAT.

Lo seguimos el fin de semana pasado a través de los medios de comunicación. El señor Puigdemont, huido de la justicia de España, aniquilaba, entiéndaseme la retórica, a Marta Pascal, la que hasta el domingo pasado era la cabeza visible del PDeCAT. Dicen que el prófugo tomó esa decisión porque desde que el PDeCAT decidió apoyar con sus votos en el Congreso la moción de censura que llevó a Pedro Sánchez a La Moncloa, la confianza de Puigdemont en Pascal se rompió. Pasaba, -Pascal-, de ser una compañera de causas inconstitucionales a ser una disidente, una traidora a la cuál había que despojar de todo poder dentro del partido.

Lo cierto es que la decisión del señor Puigdemont fue del todo menos democrática. Bueno, fue una decisión propia de un tirano. El prófugo, o sea, el tirano, toma las decisiones desde Alemania, Bruselas o desde dónde esté disfrutando en ese momento, y sus secuaces en Barcelona, la ejecutan.

Puigdemont se siente fuerte, cree haber cogido aire tras la decisión de un tribunal regional de Alemania de no aceptar la Euroorden cursada por el juez Llarena y no extraditarlo a España por rebelión. A todo esto, el prófugo ya ha anunciado su intención de crear una opción política, un experimento que pueda presentarse a las próximas elecciones al que ha llamado “la Crida Nacional” y que busca aglutinar a todo el independentismo catalán. A todo. Algunos analistas han apuntado que los movimientos que traza Puigdemont tienen un único objetivo: acabar con Esquerra Republicana, sus socios de Gobierno, y de rebelión contra el Estado.

Con Pascal fuera de juego y con el control del PDeCAT, el prófugo busca integrar al partido en la llamada Crida Nacional, disolverlo en su capricho electoralista como se disuelve un azucarillo en un café.

La verdad es que lo de rebautizar a la corrupta Convèrgencia en el “Partido Demócrata de Cataluña” no ha tenido mucho éxito. Intentar hacer olvidar a la sociedad toda la corrupción de la familia Pujol cambiándole el nombre a la locomotora y poniendo en su presidencia y dirección a Artur Mas tampoco fue una gran idea.

No sé qué pensarán el resto de mis conciudadanos, pero para mí, Puigdemont hace tiempo que dejó de ser noticia. El último capítulo que le queda por escribir en su trayectoria política es el de su ingreso en prisión, en España, por ser uno de los principales artífices del golpe de Estado que se perpetró en Cataluña allá por el mes de septiembre del año 2017.

Por el momento, quiero ser optimista y pensar en que algunos ciudadanos de Cataluña que han sido estafados y engañados por los sediciosos, despierten y se den cuenta que ni Puigdemont, ni Torra, ni Junqueras ni cualquier otro político independentista va a conseguir materializar las promesas que les hicieron. Porque mientras los independentistas siguen anclados en el monotema, siguen insistiendo en su estéril desafío al conjunto del Estado, a la Constitución y a la legalidad vigente, la Educación, la Sanidad, los servicios sociales, las pensiones, los alumnos en barracones, en definitiva, los temas realmente importantes, de calado para el día a día del ciudadano, siguen en stand by, congelados, paralizados, y todo porque unos pocos irresponsables que gobiernan en Cataluña, han decidido seguir bloqueando a su Comunidad Autónoma y a sus ciudadanos.