¿Dónde quedaron los pueblos?

La verdadera situación de los grandes olvidados durante la pandemia

El Covid – 19 ha cambiado drásticamente la vida tal y como la conocíamos. El Estado de Alarma y el confinamiento han supuesto el cierre de establecimientos, colegios, fábricas y el parón de todo tipo de actividad social. Las ciudades se han paralizado, sin coches, sin ruido, han quedado vacías. La economía nacional ha sido, sin duda, la más afectada durante estos meses, pero ¿Qué ha pasado en las zonas rurales, las grandes olvidadas?

 

La incidencia del virus en la denominada popularmente como España vaciada (no vacía) ha sido gradualmente menor en comparación a los focos urbanos. Durante la primera ola, nadie hablaba de lo que ocurría en las zonas rurales. Esto no quiere decir que, ya ante las situaciones precarias que se tenían antes de la pandemia, el coronavirus no haya afectado a su economía. Por eso mismo, este artículo va a reflejar la situación real de la pandemia, pero desde el punto de vista de un pueblo de 1.100 habitantes.

 

Alcolea de Cinca, bautizada así por el paso del río Cinca, es una localidad perteneciente a la provincia de Huesca, dentro de la comunidad autónoma de Aragón, uno de los focos rurales y agrícolas de España. Durante los meses que duró el Estado de Alarma, los establecimientos que dependían de la gente de la localidad se han visto con el agua al cuello.

 

Los autónomos, al igual que en el resto de España, han tenido que cerrar sus negocios. Perdieron durante meses su única fábrica de ingresos, así que tuvieron que reinventarse. Las peluquerías pasaron a ofrecer servicios a domicilio para las personas que, por sus condiciones físicas, no se pueden valer por sí mismas. Mientras, los bares y restaurantes tuvieron que modificar su método de trabajo. Al convertir la totalidad de sus transacciones en pedidos a domicilio, muchos han perdido la mayor parte del género. Pese a las ayudas institucionales, las cuales aseguran que llegaron tarde, este tipo de establecimientos no han conseguido estabilizar perfectamente la situación y remontar esta caída es algo para lo que aseguran no estar preparados.

 

Las tiendas de alimentación, por su parte, son las únicas que se han podido beneficiar del confinamiento. La imposibilidad de comprar en los supermercados – a unos 20 minutos de la localidad– ha hecho que los ciudadanos se acojan casi en su totalidad a sus servicios. Por ello, estas tiendas también se han tenido que adaptar en tiempo récord al incremento exponencial de la demanda y a las condiciones sanitarias pertinentes. Incluso han distribuido pedidos a domicilio para las personas mayores con gran factor de riesgo al contagio.

 

La agricultura y ganadería no se han visto demasiado afectadas en lo que a la pandemia se refiere, pues sus recursos son los básicos para la supervivencia, siempre necesarios. Esto no significa que sus condiciones sean las adecuadas para proveer la alimentación de todo un país.

 

Pese a las ayudas (PAC), la situación en el campo es ya de por sí demasiado precaria. La agricultura y la ganadería son el sector primario, el necesario y vital, pero, a su vez, el menos ayudado por las instituciones. El gran y continuo problema reside en que los recursos que producen las zonas rurales no se quedan en el territorio, sino que las grandes empresas se los llevan a los focos urbanos, quedándose los propios productores sin el producto, ni el beneficio. La escasez de los recursos derivada de este proceso de comercialización lleva a que cada vez más las nuevas generaciones ni se replanteen quedarse a vivir en los pueblos, dándose la masificación de ciudades y, como consecuencia, la España vaciada.

Por otro lado, la fijación de los medios de comunicación durante el verano ante el coronavirus en los pueblos aragoneses –incluso algunos culpándoles directamente de la segunda ola–  no ayuda a quitar esa mala imagen de las zonas rurales que se ha generado con los años en España.

 

Cada vez hay menos personas que se encarguen del trabajo en el campo. Antes de que sea demasiado tarde, debería considerarse una de las prioridades por parte de las instituciones mejorar y promover la vida en los pueblos. Solo así se conseguirá repoblar las casi ya fantasmas zonas rurales. Siempre debemos tener presente que, sin el sector primario, una sociedad no está capacitada para sobrevivir.