El cambio que viene

Las elecciones catalanas del 21-D han puesto sobre la mesa una nueva cuestión que hasta el momento solo se había planteado de forma subyacente: ¿es Ciudadanos el nuevo partido de centro-derecha que puede hacer perder muchos votos al PP? E incluso me atrevo a ir más allá con esta pregunta: ¿puede provocar Ciudadanos un relevo en el centro-derecha español similar, pero en sentido contrario, al que se produjo al final de la transición entre UCD y Alianza Popular? Para responder a estas cuestiones me propongo analizar varios factores que nos ha dejado el año 2017 que pueden ayudar a comprender la situación actual.

En primer lugar, cabe plantearse qué tipo de votantes son aquellos que pueden estar provocando esta traslación hacia el partido naranja. Esta cuestión parece, a priori, fácil de responder. La inmensa mayoría de nuevos seguidores de Ciudadanos son jóvenes  e individuos entre los treinta y cincuenta años pertenecientes a una clase media que busca una opción política “centrada” pero alejada de los postulados más inmovilistas defendidos por el PP. En este sentido, hace unas semanas comentaba en un debate de radio del que soy asiduo tertuliano que parecía estar llegando a España un fenómeno que en Europa ya se había vivido hace muchos años: la evolución del votante de derechas desde la derecha “nacionalcatólica” hacia una derecha liberal. Mis compañeros de tertulia no entendieron demasiado bien a qué me refería, y es que en España, por nuestra coyuntura particular durante los años 70 y 80, todo el centro y la derecha quedaron absorbidos bajo el paraguas del PP y nunca se desarrollaron alternativas liberales y centristas de Gobierno a pesar del experimento coyuntural de la UCD. Probablemente, esto sucedió así ya que, tras 40 años de dictadura, el nefasto recuerdo que producía la derecha española entre una inmensa mayoría de ciudadanos obligó a los movimientos más conservadores a integrarse bajo unas únicas siglas con el fin de volver a tener opciones de poder gobernar. Si no, que alguien recuerde la larga travesía por el desierto que vivió AP, y posteriormente el PP, durante los años 80.

Esta fusión conservadora, pese a haber permitido constituir a la derecha un partido más fuerte y sólido que su rival socialista, hecho que se ha visto claramente reflejado en su dominio electoral durante los veinte últimos años a pesar de los ocho débiles años de socialismo zapaterista, sepultó durante mucho tiempo las posibilidades de construir un modelo alternativo de centro-derecha más similar a En Marche! en Francia o a la CDU alemana. En estos países, la derecha “más rancia” ha quedado segregada en sendos partidos -el Frente Nacional y la AFD- que nunca han tenido opciones reales de llegar a gobernar. ¿Podemos estar en España ante esta situación ahora mismo? Probablemente sea pronto para asegurarlo con claridad, pero sí parece intuirse en algunos territorios.

De este modo, esta situación ya ha ocurrido en Cataluña, donde Ciudadanos ha ocupado el lugar del centro-derecha “abriendo en canal” a un decadente PSC y haciendo desaparecer al PP cuyo líder, Xavier García Albiol, parece haber resucitado el espíritu de Vidal Quadras y los maravillosos resultados de su opción de ultraderecha: VOX. Mientras tanto, en otras comunidades autónomas, las encuestas, aunque no reconocen esta situación, sí comienzan a atisbar un importante desplome del PP en favor de C’s. Muy destacables resultan las dos encuestas publicadas por El País y ABC esta semana, que aunque personalmente dudo de su exactitud dando ganador en número de votos -no así en escaños- a Ciudadanos en unas hipotéticas elecciones generales, marcan una clara tendencia a nivel nacional que, indudablemente, irá a más en los próximos meses.

Sin embargo, para lograr este crecimiento, a Ciudadanos no le ha bastado con una buena ración de liberalismo moderado, sino que ha debido recurrir a un segundo y socorrido ingrediente: el patriotismo. Albert Rivera se ha convertido en el nuevo icono de aquellos que buscan sin complejos la exhibición de los símbolos españoles evitando ser vinculados con los oscuros tiempos del franquismo.

Por otra parte, es necesario resaltar que uno de los elementos que ha potenciado, pero a la vez frenado, la expansión de Ciudadanos es la afirmación tajante de su centralismo sin complejos. Aunque no queda del todo claro cuál es la postura del partido, sí que parece claro que defienden la recentralización en algunos ámbitos, principalmente en educación, o la reforma del sistema de financiación autonómica liquidando los actuales modelos forales de Euskadi y Navarra. Estas posiciones, le han reportado una importante ganancia de votos -según las encuestas- en el interior y sur del país, pero también ha condenado políticamente a Ciudadanos a la inexistencia en las comunidades de la cornisa cantábrica, con un marcado carácter cultural propio, donde el partido ni está, ni se le espera.

Lo que sí parece claro es que, frente a los elevados casos de corrupción que han sufrido tanto PP como PSOE allá donde han gobernado más de ocho años seguidos, y frente a las sospechas que manchan los orígenes de Podemos, C’s ha sabido trabajarse una imagen de limpieza y profesionalidad que parece estar siendo una de las mayores garantías que ofrece el partido. Ahora bien, en España la corrupción nunca ha sido “un pecado” que se haya pagado rápidamente en las urnas, y cabe preguntarse hasta qué punto la formación naranja podrá capitalizar el rechazo hacia la misma.

En definitiva, el panorama actual queda muy abierto y en gran medida, las probabilidades de uno u otro escenario dependerán en gran medida de cómo se vayan desenvolviendo ambas formaciones. ¿Sabrá el PP, o mejor dicho Rajoy, aplicar alguna táctica distinta a la hibernación a la que nos tiene acostumbrado? ¿Empezará Ciudadanos a posicionarse con fuerza en el resto del país buscando entrar en Gobiernos Autonómicos? En los próximos meses iremos viendo cómo se desarrolla la situación, y si lo que sucedió en Francia con En Marche! puede suceder, también, aquí en España.

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