La alarma ya estaba echada, el 28 de agosto el Ayuntamiento de Madrid tenía como objetivo desalojar el Centro Social La Ingobernable. La respuesta popular estuvo a la altura, cientos de personas se congregaron en las puertas del Centro Social para impedir el desalojo por parte de la policía. Primera batalla ganada pero La Ingobernable sigue en pie de guerra contra el alcalde de Madrid, Martínez-Almeida, que amenaza con desalojar el Centro en cualquier momento.

 

Breve historia de La Ingobernable

La historia de La Ingobernable se remonta al año 2014, a finales de la alcaldía de Ana Botella. Por entonces, el edificio situado en el Paseo del Prado era un centro de salud. Ana Botella decidiría cerrarlo y cederlo de forma gratuita durante 75 años a la Fundación Ambasz, con el fin de que abriesen un museo de arquitectura. En definitiva, un edificio público pasaba a estar en manos privadas. El olor a podrido era mayor, la fundación estaba creada por Miguel Ángel Cortés, quien fue Secretario de Estado de Cultura durante la primera legislatura de Aznar. El típico capitalismo de amiguetes de concesiones por aquí y favores por allá al que tanto nos tiene acostumbrado el PP madrileño. El proyecto del museo se quedó paralizado, fue entonces cuando un grupo de personas, de los que algunos venían de otras experiencias como el Patio Maravillas, consiguió liberar el espacio dando al nacimiento de La Ingobernable.

Con el tiempo La Ingobernable se convertiría en el referente de los Centros Sociales. En el año 2015, Manuela Carmena salía alcaldesa con Ahora Madrid gracias al empujón y espíritu del 15-M. El Gobierno municipal revertiría la concesión del edificio a la Fundación Ambasz. Sin embargo, la llegada de Manuela Carmena no supondría el alivio esperado. La Ingo y el Ayuntamiento no llegarían a ningún acuerdo por la concesión del edifico. La Asamblea de La Ingobernable no estaba dispuesta a renunciar a su autonomía política al servicio de los ciudadanos. Finalmente, para desgracia de la izquierda, el pasado 15 de junio el PP, con apoyo de C´s y VOX, volvía a la alcaldía de Madrid. Su alcalde, Martínez-Almeida, entraría al Gobierno municipal blandiendo el discurso de eliminar cualquier legado de los años del cambio en Madrid.

 

La Ingobernable: espacio para la Contracultura

Tras haber contextualizado la situación ¿Por qué es necesario defender un espacio como La Ingobernable?

La Ingobernable, al igual que otros Centros Sociales que hay por todo el Estado, es un espacio donde las ciudadanas y ciudadanos pueden empoderarse. Por un lado, tenemos un lugar donde ejercer otro tipo de política: mediante una organización horizontal, la autogestión y una Asamblea como instrumento de toma de decisiones; las personas podemos dirigir nuestra vida política. Por otro lado, en un mundo cada vez más individualista por el capitalismo, los Centros Sociales son una alternativa donde se conforman otro tipo de relaciones sociales basadas en el respeto y la solidaridad. En definitiva, La Ingobernable es un lugar para la Contracultura; es la praxis de que otro tipo de organización político-social es posible. Por eso, no es casualidad que bajo el techo de La Ingo hayan nacido u operen colectivos como la Comisión del 8-M, Fridays for Future o el Movimiento contra las Casas de Apuesta.

Ligado al concepto de contracultura, aparte de ser un espacio netamente político, también hay hueco para el arte. La música, la danza, el cine, la pintura… Se congregan en los Centros Sociales como alternativa a la cultura hegemónica y dominante, alejándose a las lógicas del capital y del arte como industria/empresa.

Los Centros Sociales son una alternativa donde se conforman otro tipo de relaciones sociales basadas en el respeto y la solidaridad. En definitiva, La Ingobernable es un lugar para la Contracultura; es la praxis de que otro tipo de organización político-social es posible.

Tal como señalaba Zygmunt Bauman, nuestras ciudades (los problemas locales) tienen que hacer frente a problemas globales, tales como la gentrificación o la contaminación. Cuestiones que resultan difícil de abordar a nivel local por no tener las herramientas necesarias; medidas que tendrían que venir a nivel estatal o supraestatal. Por ello, los Centros Sociales suponen un bastión de lucha para los grandes retos globales.

 

Los retos de los Centros Sociales

Primero de todo, señalar que no todos los Centros Sociales son lugares okupados, muchos de ellos son sitios de particulares abiertos a la ciudadanía o concesiones por parte de los ayuntamientos, medida que exigía La Ingo, tal como hemos señalado antes, y que debería generalizarse por el Estado. Aunque sin duda el movimiento okupa se enfrenta a una fuerte estigmatización: se les culpa de arremeter contra la propiedad privada, de ser parásitos, violentos o, mi favorita, “piratas urbanos”. Los medios e instituciones, responsables de esta imagen, no hacen o no quieren entender los motivos de okupar. La clave es preguntarse ¿Quién okupa y para qué?  Veamos algunos datos reveladores sobre la okupación y vivienda:

Las viviendas ocupadas sin contrato representan un 0,34% del total en todo el Estado. Lo decía el estudio del Institut Cerdà en 2017, financiado nada menos que por Banc Sabadell (…) de ese 0,34% de casas ocupadas pertenece a bancos, fondos buitre y grandes empresas. Y la cifra de ocupaciones supuestamente conflictivas, unas 8.500 en todo el Estado, es absolutamente ridícula al lado de las más de 700.000 familias que han sido desahuciadas en la última década (expulsiones, por cierto, que en el 65% de casos han sido protagonizadas por bancos rescatados). Palomera, J. 26/05/2019. Okupas: el gran montaje de la derecha populista. CTXT.

La Ingobernable como otros lugares okupados tienen el problema que sobre el papel tienen las de perder (Véase el caso del pueblo okupa, Fraguas). Es importante resaltar que la ley no siempre va acorde a las necesidades sociales, por ello, que sea ilegal no implica necesariamente que sea inmoral. Y más en un país asolado por la especulación, donde se han desahuciado familias por culpa de bancos, donde los alquileres altísimos son imposibles de pagar para los jóvenes y donde nuestra mayor crisis financiera se debió al pelotazo y burbuja inmobiliaria. Por ello, solo puedo repetir la consigna de “cuando vivir es un lujo, okupar es un derecho”. La Ingobernable es la punta de lanza contra la especulación de la vivienda. Un problema para el poder porque supone una alternativa real a nuestro sistema. Por todo eso y por más, me solidarizo con La Ingobernable.

¡Somos Ingobernables, somos Indesalojables!

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