El único freno, la única medida que conocen el político, el financiero o el notable, cuando alcanzan cotas perversas de poder, es el miedo a la prensa libre. Esta frase no es mía, sino del siempre genial Arturo Pérez-Reverte; e ilustra perfectamente lo que quiero expresar en estas líneas.

El lugar que eligió Pérez-Reverte para proclamar esta obviedad fue, paradójicamente, la entrega de los premios de periodismo que otorga el diario ‘El Mundo’, periódico que cambió de director en enero de 2014 por capricho, precisamente, de un político: Mariano Rajoy Brey. Bendita casualidad.

Bajo mi punto de vista, en España convivimos en armonía dos tipos de ciudadanos: los críticos y los borregos. Esta radiografía sociológica no está basada en un minucioso análisis de la realidad social de nuestro país; sino que nace de una serie de experiencias y observaciones personales que me han empujado compartirla con aquellos que tengáis a bien leer estas líneas.

Los borregos existen, y su posición es tan legítima como la que tenemos aquellos que lo cuestionamos absolutamente todo. Ellos son libres de seguir creyendo en políticos mentirosos, corruptos e indignos y en medios de comunicación politizados, sectarios y manipuladores; pero a mí no me van a contar entre ellos. No voy a ser cómplice de seguir manteniendo un statu quo caduco y anacrónico. Un statu quo completamente contrario a los valores en los que creo y a las convicciones que me hacen ser quien soy. Mis valores y mis convicciones no tienen precio.

» Manipulando que da gusto.

Quienes nos han gobernado hasta ahora han tenido siempre un firme propósito -quizás el más firme de cuantos se hayan propuesto-, que no es otro que el de poner palos en las ruedas de la prensa libre. Los informadores independientes son incómodos para el poder, no sucumben al interés particular ni partidista y combaten de forma activa la manipulación y la censura. Y precisamente por esto hay quien se ha servido de los medios de comunicación públicos para utilizarlos a su antojo, como medio de propaganda del gobierno de turno, haciendo del adoctrinamiento su bandera. Y parece que el cambio de gobierno no va a suponer un cambio en este sentido.

Los medios públicos han de ofrecer una información plural y no ser un instrumento al servicio de los políticos. De ahí que TV3 haya hecho la campaña más efectiva y adoctrinadora en favor del proceso independentista catalán y de los partidos que lo apoyan; o que RTVV haya tenido que cerrar después de un ERE ilegal, de un descontrol presupuestario absoluto y del escándalo de que su Director General acosara sexualmente a las trabajadoras del ente público valenciano.

» El caso de RTVE.

Llevamos meses y meses viendo cada viernes a los trabajadores vistiendo de negro como protesta por la manipulación de la información que emitía la televisión pública de todos los españoles. Y en este punto me quiero detener para hablar del juego de sillas que hemos sufrido estos días. Un juego de sillas que no pretende dotar de imparcialidad e independencia a RTVE, sino cambiar de TelePP a TelePSOE. El mismo juego de siempre. Ana Pardo de Vera, periodista con la que no coincido casi nunca, lo explicó perfectamente en este tweet.

La sed de los políticos por tener su parcela de poder en el mundo mediático acaba en el mundo audiovisual. También han de beber de la prensa escrita. Tienen la osadía de pretender decidir qué periódico publica qué, cómo y cuando. Y lo hacen hasta el punto de presionar a los propietarios de los diarios para cesar a sus directores. Lo repugnante no es que se lo propongan, sino que haya quien se pliegue a sus deseos y acceden.

Ojalá algún día alguien pretenda construir una radiotelevisión pública, de todos y para todos, imparcial y con información veraz. Ojalá algún día los políticos aparten sus zarpas de nuestros medios de comunicación públicos. Ese día llegará.

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