El hombre es el único ser humano que tropieza dos veces en la misma piedra. Si no, que se lo digan a Pablo Iglesias. Hace tres meses, cuando se celebraron las elecciones, nada hacía aventurar que el desenlace de este complejo panorama político podía acabar desembocando en unas nuevas elecciones. Sin embargo, salvo sorpresa en las próximas semanas, estoy firmemente convencido de que unas nuevas elecciones generales –y quién sabe si alguna otra autonómica- pueden resultar inevitables. Desgraciadamente, la obstinación en las propuestas políticas y la falta de capacidad de diálogo parecen augurar este negro panorama político.

Para no confundir a nuestro sagaz lector, comenzaré indicando que yo soy de aquellos a los que le hubiese gustado ver una gran coalición entre el PSOE y Ciudadanos –cuando todavía parecían liberales y no habían comenzado a jugar al “a ver quién es más facha”- y que ahora apuestan por un gobierno en minoría del PSOE con un acuerdo programático de izquierdas con otras fuerzas parlamentarias. Este acuerdo, bien gestionado, permitiría la puesta en marcha de medidas sociales tendentes a facilitar el acceso a la vivienda, la natalidad, la conciliación familiar y el cuidado de nuestros mayores que tanto necesita España.

Sin embargo, Podemos ha dejado claro que su prioridad pasa inexcusablemente por la concesión de diversos Ministerios y Consejerías ahí donde apoye al PSOE. Una estrategia que recuerda peligrosamente a la seguida por los Partidos Comunistas de diversos países del este tras la Segunda Guerra Mundial con el fin de infiltrarse en dichos Gobiernos previo paso a la conversión de estos países en satélites de la antigua URSS.

No se puede gobernar a cualquier precio. Podemos tiene la oportunidad de recordarle al PSOE, en cada votación, en cada presupuesto general, cuáles son sus orígenes y sus votantes, sin más ambición que la de representar de la mejor forma posible a sus electores

En este caso, la estrategia parece más básica, se trata simplemente de lograr la supervivencia de Podemos a través de la obtención de puestos visiblemente mediáticos como último “cartucho” antes de convertirse en la segunda parte de Izquierda Unida. Resulta muy complicado convencer a una mayoría de españoles de la bondad de la presencia de Ministros de Podemos en un futuro Gobierno cuando todo el mundo puede prever que los mismos actuarán a modo de “caballo de Troya” dejando en manos del denominado “trifachito” un amplio abanico de argumentos para acusar al Gobierno de bicefalia como ya sucediera hacer años en los tripartitos del PSC y ERC o en el Gobierno gallego de Emilio Pérez Touriño.

Por si fuera poco, imaginemos que se lograse dicho acuerdo. Se logra la formación de un Gobierno y diversos Ministros de Podemos acceden a su cargo. ¿Alguien tiene alguna duda de que con el clima de tensión y hostilidad que se ha sembrado por parte de la formación morada durante estos meses, sería cuestión de tiempo que Sánchez se viese abocado a la convocatoria de unas elecciones por una ruptura interna de su gabinete?

En definitiva, no se puede gobernar a cualquier precio. Podemos tiene la oportunidad de recordarle al PSOE, en cada votación, en cada presupuesto general, cuáles son sus orígenes y sus votantes, sin más ambición que la de representar de la mejor forma posible a sus electores y a su programa electoral. De lo contrario, recomendaría a Pedro Sánchez que se someta a nuevas elecciones. Con el riesgo que ello conlleva. Con el riesgo –y los sudores fríos que me produce- de poder llegar a ver a Pablo Casado de Presidente del Gobierno.

Por último, no quería despedirme antes de las vacaciones de verano sin dar su correspondiente “ración de estopa” a los “cínicos naranjas”. Esperemos que unas nuevas elecciones lleven a Albert Rivera a una dimisión certera y a Ciudadanos a un levantamiento de los vetos para llegar a acuerdos con el primer partido de este país. En un momento en el que las trincheras ideológicas, tras 90 años de profundo marcaje, deberían estar más que superadas, la irrupción del neofranquismo casposo de Vox y la ambición personal de un incapaz como Albert Rivera nos han llevado a un clima político deleznable en la parte derecha del tablero político. Es hora de que “la nueva política” –que tiene mucho de muy vieja- se dé cuenta de que su función es mejorar la vida de los españoles, no la de sus líderes políticos.

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