Henrietta y la inmortalidad

Famosa foto de Henrietta Lacks sonriente y con las manos en la cintura

Famosa foto de Henrietta Lacks sonriente y con las manos en la cintura

La historia de Henrietta Lacks

Henrietta no entendía muy bien a su médico y su médico no creía que tuviera que hacerse entender. Dada la ansiedad que todas esas palabrejas médicas podían generar en sus pacientes, buena parte de los médicos creían contraproducente informar detalladamente a sus pacientes de su estado de salud. Henrietta, como muchos otros de esos pacientes, era analfabeta y quizá no entendiera su diagnóstico en toda su dimensión. Lo que sabía era que aquel nudo que había palpado dentro de sí tenía por nombre una palabra aún hoy muy temida: Cáncer.

Tenía 30 años y hacía solo 4 meses que había dado a luz a su quinto hijo. Había pasado su infancia como recolectora de tabaco en la plantación familiar y se había trasladado con su familia cerca a Maryland en busca de trabajo. Era una mujer afroamericana, descendiente de esclavos, en los Estados Unidos de la segregación racial. El diagnóstico y el tratamiento lo recibió en el ala correspondiente a su color de piel, en el Hospital Johns Hopkins.

Genetic privacy: We must learn from the story of Henrietta Lacks ...

Henrietta Lacks

El tumor de Henrietta llamó la atención de su médico, Howard Jones, que nunca puso en su conocimiento que lo extraído en la biopsia se usaría con fines de investigación. Entre febrero y agosto de 1951, Henrietta recibió el tratamiento con radio habitual para estos tipos de cáncer, yendo y viniendo del Jonhs Hopkins a casa, pero empeoraba. El 8 de agosto de ese mismo año solicitó su ingreso en el hospital. El 4 de octubre, con 31 años, murió a causa de una insuficiencia renal. La autopsia reveló quela metastasis había expandido tumores por todo su cuerpo. Entre el primer diagnóstico y el fallecimiento habían transcurrido solo 9 meses.

La inmortalidad

Existen evidencias de que algunos animales, como los elefantes, son conscientes de la muerte e, incluso, de que la ritualizan. Este es un tema aún controvertido, ya que algunos científicos mantienen que la percepción de la mortalidad es exclusiva de los humanos. En estos (nosotros) nos consta que la conciencia de que la vida propia tiene un final y el miedo que esto genera han influenciado en desarrollo de las civilizaciones desde distintos enfoques. Así, hemos significado la inmortalidad de multiples maneras a lo largo de la vida. Un ejemplo sería inmortalidad a traves del arte ( o las obra por la que hayamos podido ser reconocidos en vida) como forma de mantenernos en la memoria colectiva. No desapareceremos del todo hasta que nos olvida la última persona. Aunque esto pertenece más al ámbito de la filosofía.

Desde un punto de vista biológico, todos los seres vivos somos potencialmente inmortales. Lo somos en tanto que tenemos capacidad de perpetuarnos en el tiempo. Eso siempre y cuando nada acabe o bien con nosotros o bien con esa capacidad de eternizarnos. En el caso de la vida unicelular, esta infinitud es evidente. Cuando una bacteria se divide por mitosis y da lugar a otras dos, éstas no dejan de ser en buena medida la misma célula de la que provienen. De la misma manera, los pluricelulares no somos sino la continuidad de quienes nos precedieron. Aunque con muchos matices.

A lo largo de la evolución, la característica consistente en estar formado por muchas células ha aparecido de forma independiente en múltiples ocasiones. Esto implica, además de que no todos los seres vivos compuestos de más de una célula provengamos del mismo antecesor unicelular, que ser pluricelular lleva asociadas ciertas ventajas evolutivas. Una de las ventajas más claras es la de dejar de competir por los recursos con células semejantes a ti  y comenzar a cooperar para mejorar las posibilidades de supervivencia. A partir de esta cooperación se desarrollan roles: las células se dividen las tareas.

Una de las divisiones de rol más clara es la de la reproducción frente a la supervivencia. Y es que, de alguna manera, no existimos sino es para reproducirnos. Para perpetuar nuestros genes (y nuestra especie) en el tiempo. De esa misión se encargan las células germinales: óvulos y espermatozoides. El resto de células, las somáticas, se encargan de protegerlas, alimentarlas y realizar todas las tareas necesarias para completar la misión reproductiva. Desde esta perspectiva somos inmortales, o al menos lo es una parte de nosotros que contiene toda la información básica de lo que somos. Las células somáticas constituyen lo que a priori identificariamos con nosotros mismos, la mayor parte de nuestro cuerpo. Estas tienen una misión determinada y una durabilidad aparentemente relacionada con el tiempo que puede llevarnos esa misión. Luego, las células germinales continuan su viaje en nuestra descendencia y nuestro cuerpo, muere.

Ética e investigación a lo largo del siglo XX

El entierro de Henrietta en el cementerio familiar tuvo lugar a penas 5 años despues de los Juicios de Núremberg.  En estos se había juzgado a los médicos que, bajo el nazismo, se habían aprovechado de las leyes promulgadas por Hitler para realizar experimentos con enfermos y en los campos de concentración. En experimentos con judios, gitanos, enfermos y discapacitados no se aplicaron ninguna de las normas de experimentación ética (humana y animal) ya existentes en alemania. Los avances médicos de muchas de estas investigaciones son innegables. En algunos casos se describieron enfermedades cuyos nombres aún rinden tributo a alguno de estos médicos. Suele plantearse el «Juicio de los Doctores» de Núremberg como un evento determinante en el desarrollo de la ética médica durante el siglo XX. Si bien este y el «Código de Núremberg» resultante tuvieron una alta relevancia, nada cambió de la noche a la mañana.

En Estados Unidos, el país que ejerció de juez en Núremberg,  tuvo lugar el «Experimento de Tuskegee» hasta 1972. En este estudio y durante cuarenta años, se siguió el desarrollo y los efectos de la sífilis en hombres negros. A estos hombres se les ofreció a cambio de su participación tratamiento médico, transporte, comida y seguro de defunción. El problema radicaba en que carecían de consentimiento informado y, cuando hubo tratamiento, solo se les administró placebo con el objetivo de continuar estudiando la progresión de la enfermedad hasta la muerte de los pacientes, que generalmente ocurría por fallo multiorgánico. El experimento tuvo lugar a lo largo de 40 años. Cuando saltó a la prensa fue cancelado en menos de 24 horas. El Código de Núremberg tenía para entonces 25 años.

Photo of Tuskegee study subject having blood drawn.

Photo of Tuskegee syphilis experiment subjects in Davisville, Ala.

Arriba toma de sangre de uno de los sujetos del estudio Tuskegee. Abajo sujetos del estudio de la sífilis en Davisville, Alabama. Ambas del archivo nacional de EEUU.

Casos como los de Núremberg o Tuskegee constituían claras violaciones de los derechos humanos y la ética. Hay que señalar que, además, en ambos el racismo tuvo un papel determinante. Pero el caso de Henrietta era menos evidente. Su médico había tomado una muestra de su tumor sin consentimiento. De forma sistemática Howard Jones mandaba este tipo de muestras a George Gey, un científico que intentaba generar cultivos celulares humanos durables. El objetivo de Gey era conseguir una forma de experimentar en células humanas sin los problemas éticos de la experimentación en humanos. Había hecho multiples pruebas con las muestras que le proporcionaba Jones. Sin embargo, las células en el mejor de los casos morían al poco de empezar a multiplicarse. Las células de Henrietta no solo empezaron a multiplicarse sino que pronto se ganaron el apodo de inmortales.

La inmortalidad de las células de Henrietta Lacks (HeLa)

El cultivo quedó nombrado con la primera sílaba del nombre y el apellido de la donante involuntaria : He(nrietta) La(cks). Esta es sencillamente la forma en que se nombraban todas las muestras en el laboratorio de George Gey, quien no se guardó este avance para sí. Tampoco lo registró con intención de obtener un beneficio económico, sino que se dedicó a compartirlo con todo aquel que se lo pidiese. A raíz de esta distribución empezaron a generarse lineas experimentales y a publicarse sus correspondientes artículos. Mientras se las cultivase, seguían creciendo. Gracias a ellas, se desarrollaron tecnicas de cultivo que permitieron cultivar otros tipos de células humanas, abriendo aún más el campo de la biología celular. Pero de todo esto, la familia Lacks no tuvo conocimiento alguno hasta demasiado tiempo despues.

File:Multicolor fluorescence image of living HeLa cells.jpg

 Fluorescencia Multiculor de células HeLa vivas. De 8x57is.

Lo que había permitido que las HeLa fuesen cultivadas con éxito era lo mismo que las hacía inmortales. El resto de células que se habían cultivado en el laboratorio de Gey habían sucumbido al conocido como límite de Hayflic. Este límite es un seguro ya que cuando una célula se ha dividido en múltiples ocasiones la acumulación de mutaciones y estrés la hacen potencialmente peligrosa. Por ello, al alcanzar este límite se ponen en marcha los mecanismos de muerte celular programada. Además del estrés y las mutaciones, en las sucesivas divisiones, los cromosomas de estas células pierden parte de sus telomeros (unas estructuras que protegen al ADN). Por tanto, cuanto más se divide una célula más potencialmente peligrosa se vuelve para el organismo. Al mismo tiempo, es más posible que acabe siendo eliminada de forma natural.

El cancer de Henrietta era muy agresivo y parte de esta agresividad radicaba en que sus células cancerosas contienen la enzima telomerasa. Esta enzima reconstruye los trozos de telomerasa perdidos tras cada división, impidiendo el efecto Hayflick y la posibilidad de que los mecanismos de control actúen y la eliminen. Estes es el mismo mecanismo que permite que nuestras células germinales sean potencialmente inmortales. Más tarde se pudo determinar que genética especial, la capacidad de sintetizar telomerasa, de las células HeLa había sido provocada por la infección del Virus del Papiloma Humano 18 (VPH 18). Este virus suele provocar el desarrollo de cánceres como el que se llevó la vida de Henrietta al insertar su genoma en nuestras células para sus propias fines. La telomerasa fue descubierta por Elizabeth Blackburn.

Una fuente de conocimiento… y de dinero

Una de las investigaciones más tempranas en la que se emplearon las células de Henrietta fue la que permitió obtener la vacuna de la Poliomielitis en 1955. La vacuna fue desarollada por Jonas Salk y fue empleada para la campaña de erradicación de esta enfermedad. La necesidad de producir en masa la vacuna supuso que las HeLa empezasen a cultivarse también de forma masiva. Este fue el momento en el que Gey perdió realmente el control de quien tenía, cedía o vendía células HeLa. Pero, sobre todo, fue el punto de partida para la comercialización posterior de los cultivos celulares. Los viales que primero Gey había repartido sin problema entre sus colegas de forma gratuita ahora viajaban a todo el mundo por encargo y previo pago.

Las células HeLa, que se habían originado por la infección de un virus, permitieron encontrar la cura para otro. Tras esta, también han permitido importantes avances en cáncer y SIDA. También han permitido describir los efectos que la radiación o los compuestos tóxicos tinen sobre las células humanas. La telomerasa se ha descrito como la causa de inmortalidad en varias lineas cancerosas, y ha permitido avances en medicina oncológica pero tambien en los estudios frente a los efectos del envejecimiento.

Las HeLa se han reproducido y, consecuentemente, evolucionado tanto en los últimos 70 años que se ha determinado que constituyen por sí mismas una especie: Helacyton gartleri. Pero más allá de sus células, Henrietta ha conseguido la inmortalidad: la biológica a través de sus descendientes y la histórica a través de una aportación (que nunca tuvo conocimiento de hacer) a la ciencia. Esta última, el reconocimiento de la mujer detrás de las células, ha tardado quizá demasiado.

Rebecca Skloot publicó un libro1 contando la historia de Henrietta, sus células y, sobre todo, el efecto que tuvo en su familia descubrir que parte de ella era comerciada y empleada en diversas investigaciones por todo el mundo. El conocimiento sobre la comercialización de las células alimentó la sensación en la familia de que esas células habían sido robadas, aunque todo el mundo dijese que provenian de una donante. Mientras algunas empresas obtenían importantes beneficios económicos con el comercio de las células de Henrietta, su familia carecía de seguro médico. Hasta 2013, cuando la publicación del libro hizo que la historia cobrase relevancia,  la familia no tuvo nigún tipo de control sobre las células de su madre y abuela.

La familia Lacks posa junto a un cartel en honor a Henrietta.| Nature

La familia Lacks posa junto a un cartel en honor a Henrietta. De Nature.