Estamos en campaña, supongo que se habrá dado cuenta usted también, ¿verdad? Desde hace unas semanas hemos asistido a un fenómeno hasta ahora bastante desconocido para la política española. Me estoy refiriendo al fichaje de personajes de la mal denominada “sociedad civil” como parte de las listas de algunos partidos. En junio de 2018 el Presidente Sánchez optó por formar un gabinete con una alta presencia de personas provenientes de la Sociedad Civil que destacaban en sus respectivos ámbitos profesionales por su bagaje y trayectoria.

Así, nombres como Pedro Duque, María Luisa Carcedo, Dolores Delgado o José Guirao se han convertido en Ministros del actual ejecutivo gozando de una buena valoración por parte del electorado. Se cumplía, de este modo, aquel dicho popular de que “el Ministro de Sanidad tenía que ser un médico”. Este movimiento ya tenía un acertado precedente en el fichaje de Ángel Gabilondo –Catedrático de Metafísica y exRector de la UAM- como candidato socialista a la Comunidad de Madrid, hecho que evitó una debacle en las autonómicas similar a lo ocurrido en el Ayuntamiento con Carmena y Carmona. La incorporación de profesionales de reconocido prestigio se convertía así en un valor seguro para la recuperación y nuevo liderazgo electoral del PSOE.

En esta campaña, los partidos de la derecha han optado por jugar a la misma estrategia con un resultado un tanto diferente. En primer lugar, estas formaciones parecen haber confundido los términos. Cuando se habla de incorporar perfiles de la “Sociedad Civil” a las candidaturas de un partido político, en el ideario común se visualiza la idea de contar para un proyecto político con profesionales solventes en su sector, y no necesariamente famosos de dudosa solvencia profesional. Es por ello que fichajes como el de Suárez Illana, Daniel Lacalle, Juan José Cortés, Cayetana Álvarez de Toledo o la retahíla de exmilitares incorporados a las filas de Vox no destacan sino por ser mediáticos por su escoramiento ideológico hacia el “hooliganismo” político pero en ningún caso por ser reconocidos profesionales en sus ámbitos profesionales.

Para ejemplo, un botón. La semana pasada asistíamos a la agria polémica desatada en torno a las declaraciones del Adolfo Suárez Illana sobre el aborto. Hasta ahora, muchos pensaban en este personaje como un referente que por compartir nombre y apellido con quien presuntamente “nos trajo la democracia” estaríamos ante un nuevo linaje de grandes políticos. Nada más lejos de la realidad. Este político que por cierto, de independiente tiene poco ya que concurrió en 2003 como candidato del PP a la Presidencia de Castilla La Mancha contra José Bono, ha demostrado ser una nueva rémora en la campaña del PP.

Analicemos otro de los grandes fichajes de Ciudadanos, Marcos de Quinto. Dentro de la deriva ideológica y estratégica de “los cínicos naranjas”, alguna mente brillante dentro de la formación pensó que atraer a sus filas a un ejecutivo cuyos dos grandes logros han sido “cepillarse” a la plantilla de las embotelladoras de Coca-Cola y tributar en Portugal sería un atractivo para potenciales votantes. Nuevamente, se equivocaron. ¿En serio alguien identifica a semejante personaje que representa todos los estigmas negativos hacia el empresariado español como un candidato con cierto “sex-appeal” político? La respuesta es no.

Por último, no podíamos terminar sin hacer una referencia a mis amigos de Fuerza Nueva… digo de Vox. Perdonen el lapsus, tanto franquismo junto en forma de militares “nostálgicos”, historiadores fachas y toreros rancios me habían recordado brevemente a Blas Piñar.

En conclusión, no han entendido nada. En las derechas creyeron que sociedad civil era incorporar “fachas sin carnet” a las listas del partido y el resultado es que se han encontrado con una serie de “jarrones chinos” que no tendrán más opción que ponerse a merced del líder de la formación para evitar resquebrajarse. El 28 de abril será necesario aclararles esta pequeña confusión.

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