¿Sería coherente que el señor Sánchez le propusiese a Zelenski aceptar la dominación rusa a cambio de la brumosa promesa de una autonomía?


Mis lectores y lectoras habituales, si es que alguien me lee, más allá de mis progenitores, familiares y amigos a los que apunto con una pistola a la cabeza, sabrán del gusto que tengo por el folclore, la cultura popular y el habla españolas. Y es que, aunque los acontecimientos más recientes en materia de política internacional sucedan más allá de nuestras fronteras, aquí contamos con refranes, dichos y expresiones que los enmarcan y aún explican adecuadamente.

Visto lo visto estos últimos días, quiero rescatar, para este escrito, el famoso refrán de “detrás de la cruz, está el diablo”; expresión que refleja la profunda hipocresía de la que hacemos gala en este país. Con toda la que tenemos liada (pandemia, guerra, huelga de transportistas), a Pedro Sánchez no se le ha ocurrido nada mejor que dar un volantazo y reconocer que la propuesta marroquí sobre el Sáhara Occidental, propuesta que aboga por un estatus de autonomía dentro del Reino de Marruecos, es la más realista. Éramos pocos y parió la abuela. No es algo nuevo que los líderes del PSOE incumplan sus promesas de apoyo a la independencia del Sáhara Occidental una vez llegan a la Moncloa (lo hizo Felipe González, lo hizo Zapatero y lo hizo ayer el propio Pedro Sánchez), pero sí que escandaliza que el presidente haya decidido renunciar explícitamente a uno de los compromisos históricos de la izquierda en España, más todavía cuando las bombas de Putin siguen robándoles el sueño y la vida a los ciudadanos ucranianos.

 

Un conflicto nuestro

Me gustaría recordar que el Sáhara Occidental, antigua provincia española, fue también invadido, en este caso por Marruecos, en 1976; desde entonces, ambos países mantienen un conflicto intermitente sobre el que la ONU ya se pronunció en 1991, pero que no ha avanzado prácticamente nada hasta hoy. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó aquel lejano año, por unanimidad, la resolución 690, que apoya “la celebración de un referéndum de autodeterminación para el pueblo del Sáhara Occidental”, referéndum que no se ha llegado a producir todavía por el boicot constante por parte de Marruecos. La legalidad internacional, esa que tanto se ha citado últimamente para hablar de la guerra en Ucrania, que estipula, específicamente, que el pueblo saharaui tiene derecho a decidir sobre su futuro, acaba de ser enviada al vertedero de la historia por Pedro Sánchez. Donde dije digo, digo Diego y doctores tiene la iglesia.

¿Qué tiene un ucraniano que no tenga un saharaui o cualquier otro migrante? ¿Sería coherente que el señor Sánchez le propusiese a Zelenski aceptar la dominación rusa a cambio de la brumosa promesa de una autonomía? Estas son solo algunas de las preguntas que me hacen empuñar la pluma hoy.

 

La hipocresía como política exterior

A estas alturas, sin embargo, ya no me sorprende constatar la hipocresía de nuestra política exterior. Una semana después de la invasión de Ucrania, se hicieron públicas las grabaciones de un cámara de Televisión Española en las que se veía a cinco policías apalizando a una persona que acababa de cruzar la valla de Melilla. No pretendo entrar en debates sobre el tema de las fronteras, pero he de confesar que me llama ligeramente la atención – “solo ligeramente” – que en el corto espacio de una semana se hable de la necesidad de ayudar a los refugiados ucranianos y se apalice a un migrante. Igual soy yo el que no acaba de captar los matices, es probable que se me esté escapando un detalle importante, pero a mi entender, ¿cómo se come que, cuando los ecos de las declaraciones de Sánchez y Von der Leyen a favor de los que huyen de la guerra, resuenan altos y claros en nuestras cabezas, cinco degenerados hinchen a golpes a un refugiado?

Este año se cumple el cincuenta aniversario del estreno de El Padrino; dios me libre de comparar a Pedro Sánchez y a Michael Corleone más allá de por su atractivo físico; empero, seguro que a más de uno le habrá venido a la cabeza la escena final de la película al constatar la reciente toma de decisiones del presidente del gobierno. Pues eso, detrás de la cruz está el diablo. Ah, y por cierto: ¡Sáhara libre!

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2 thoughts on “La dictadura de la hipocresía: Pedro Sánchez y el Sáhara Occidental”

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