La educación publicitaria es hipócrita

La crítica a la publicidad y su objetivo de hacernos sentir carne de cañón para hacer más dinero está en todas partes. Universidades, charlas informativas, documentales, informativos, periódicos… hay infinidad de análisis en los que se muestran los efectos nocivos del trato de ganado que nos da la publicidad como colectivo.

Un ejemplo es este artículo de Yolanda Domínguez, experta en comunicación. No coparemos este artículo de referencias, pues el objetivo de hoy no es evidenciar los efectos nocivos de la publicidad, sino comentar la hipocresía que hay en la educación. Sobre todo, en la universitaria.

Como ya hemos mencionado, en el mundo adulto las malas prácticas de la publicidad son conocidas por todos. Últimamente, las casas de apuestas han protagonizado esta polémica. Su desregulación permite que estos establecimientos se sitúen en los barrios más desfavorecidos y lancen anuncios agresivos para fomentar el juego.

Pero, ¿se combate esto en la universidad? La respuesta es no: simplemente se explica cómo llevar a cabo estas prácticas. Lo vemos en los apuntes de las asignaturas relacionadas con la publicidad, gracias a diversos documentos consultados en el famoso banco de apuntes on-line Patatabrava.

Hay una idea muy utilizada en la mayoría de los casos: “persuasión”. Se presenta, sobre todo, a la hora de definir el mensaje publicitario. Los apuntes recogen ideas y recursos para “persuadir al público objetivo al consumo”. Se invita a conocer las motivaciones del consumidor para explotarlas por un beneficio económico.

No estamos afirmando que toda publicidad sea mala, ni que exista ningún tipo de conspiración con respecto a la publicidad. Eso sí, llama la atención que, siendo todos conscientes de los efectos nocivos de la publicidad intrusiva y masiva, se llame a utilizarla en los futuros publicistas.

Existe, entonces, una desconexión entre la responsabilidad social y la Universidad. Si tan concienciados estamos todos de lo peligrosa que puede resultar la mala publicidad, ¿por qué no educamos a los futuros publicistas para que eviten estas prácticas? En la formación publicitaria se incita, por lo general, a los alumnos a crear necesidades en la población.

Ya estamos viviendo los efectos de publicitar productos sin tener en cuenta los efectos negativos que pueden producirse sobre la población. ¿No les viene nada a la cabeza cuando hablamos de malas prácticas en la publicidad o efectos negativos en la población? Miren este vídeo.

De poco servirán las campañas de concienciación sobre los anuncios o una utópica futura regulación del mercado publicitario si no se corta el problema de raíz. Y es que el problema está en la formación.

Siguiendo con el ejemplo anterior, 888poker, una marca de prestigio internacional, ideó una campaña agresiva. Si este es el ejemplo a seguir (a nivel de resultados), alentado por la educación publicitaria, que incita a ser intrusivos en la población, ¿cómo será la publicidad en el futuro?

Siempre nos queda algo en lo que confiar: los estudiantes. No podemos encajar a todos ellos como personas simples que absorben y expulsan la formación que se les da. Debemos confiar en que los mismos alumnos acabarán dándose cuenta de esta situación (si no lo hacen ya) y evitarán las malas prácticas por iniciativa propia.

El objetivo de este texto es poner sobre la mesa la hipocresía que suscitan dos fenómenos sociales actuales: la concienciación sobre los efectos nocivos de la publicidad y el auge imparable de ésta en sus versiones más agresivas. No hablamos de conspiraciones, ni damos por hecho que la publicidad irá a peor cien al por cien, o que todos los futuros publicistas serán malintencionados.

Lo que sí debemos tener en cuenta es que si no se educa a las personas para ser profesionales más responsables, las malas prácticas volverán. Una regulación publicitaria es necesaria, y más cuando titanes como las casas de apuestas encadenan estas prácticas, y sirven de ejemplo a futuros publicistas, alentados por una educación que nos trata como ganado.

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