La verdad sobre las relaciones abiertas

Al final de la película Con faldas y a lo loco, se produce una de las mejores escenas en la historia del cine. Jack Lemmon, completamente desesperado y sin saber que otra evasiva darle a Joe E. Brown, le anuncia que no es mujer tal y como él pensaba: “No me comprendes, Osgood. Soy un hombre” y este, más allá de replantearse la situación, sentencia un “bueno, nadie es perfecto”.

Desde la ironía, esta épica respuesta representa cualquier situación amorosa surrealista que no tiene cabida en la mayoría de las mentes, digamos “normales”.

Según la Real Academia Española, se entiende por Ocio el “tiempo libre de una persona” o bien “las obras de ingenio que alguien forma en los ratos que le dejan libres sus principales ocupaciones“. Y es que, hoy en día, se ha puesto muy de moda emplear este ingenio para acudir a extremos ilógicos, especialmente en tema de relaciones amorosas, conllevando que todos los pilares de dichas relaciones sean discutidos.

¿Cuáles son estos pilares? Está claro que cada persona puede tener unos concretos; pero, por lo general, se suele repetir el amor, la comunicación, el respeto, la fidelidad…y cualquier otro que se encuadre dentro de la indispensable estructura monogámica que fundamenta las relaciones en nuestra sociedad.

¿La fidelidad? Nada, nada.  La fidelidad parece no estar dentro de estos principios esenciales. Hemos avanzado en la sociedad y este pilar, históricamente infranqueable, ¡es leyenda!

Exactamente igual que Will Smith en la película.

Si en cambio, decimos de vulnerar la comunicación, el respeto o cualquier otro principio; todos nos llevamos las manos a la cabeza (muy al estilo de “El grito” de Munch). Con la fidelidad no pasa lo mismo, es muchísimo más cool saltarse este principio que otros, ¿no? Y encima, si lo puedes justificar apoyándote en un movimiento que está de moda ¿qué puede salir mal?

RELACIONES ABIERTAS

Oír este adjetivo persiguiendo a la relación es tendencia, pero da mucha pereza.

No tiene ningún sentido, ni creo que pueda salir bien en ninguno de los escenarios posibles. Igual en otro planeta habitado por extraterrestres, en una película de ciencia ficción, o en un mundo de unicornios y brujería sí, pero en la sociedad actual, es de locos.

De locos, pero de manicomio.

Las bases utópicas que definen este tipo de cuestiones se centran en argumentos tales como “no importa lo que haga, porque mi corazón es tuyo”.

WTF? Dan ganas de pegarse un tiro.

Hace falta estar muy mal de la cabeza para creer algo así. Si tienes ganas de jarana, es porque ese corazón tan completo que dices tener, está demasiado modernizado (y además, te gusta más la fiesta que a un tonto un lápiz).

Punto.

Por el contrario, muchas personas están seguras, o al menos eso dicen, de que tener una relación abierta fortalece la confianza, refuerza el sentimiento de amor y aporta solamente aspectos positivos en la relación.

Si que es cierto, que las relaciones abiertas van un paso más allá de la infidelidad. Vamos a darles ese punto positivo (porque es el único que tienen). El que se las inventó, pensó que ya era hora de dar un paso más y dejar de sostener una relación basada en la mentira y el encubrimiento. Y vio la luz, se le encendió la bombilla. Lo más fácil para ello era crear una situación que convirtiese lo inmoral en “súper mega guay”.

-Mira que “open mind” soy, tengo una relación abierta con mi novia.

-No tengo novia; sí que suelo quedar diariamente con alguien, pero es más una relación abierta.

Lamentable.

A mí me parece que el creador de esta figura emocional se pasó un poco con la imaginación. Pero bueno, es una realidad que esta idea ha sido muy acogida en determinados perfiles de personas, y está experimentando un crecimiento notable en el mundo.

¿A caso los más conservadores nos hemos quedado anticuados en un tipo de relación que hace aguas?

Otro de los argumentos que emplean los defensores de este tipo de relación (que, a mí personalmente, me hace mucha gracia), es el alegato de que otros animales no tienen relaciones monógamas.

Estos iluminados (porque no tienen otro nombre), defienden algo así como que el ser humano se ha quedado un paso atrás: el resto de sabios animales han sido mucho más inteligentes que nosotros a la hora de gestionar sus bonitas relaciones amorosas. Porque ojo, la relación de amor entre las ballenas es preciosa. Y no digo nada de la que hay entre las tortugas.

No obstante, estas personas no se han dado cuenta de que no somos monos, gatitos o pumas que corren felices por la selva. Además, si tanto defienden este argumento, que esperen a reencarnarse en un animal de estos. A ver qué tal, oye.

Aún con todo, existen unos animales con los que los más monógamos se sentirán identificados.

Sí, los pingüinos (no voy a entrar en esas teorías que defienden a los shakespearianos caballitos de mar que mueren de amor si son separados de sus parejas). Estos animales, son el símbolo más puro del amor fiel y del romanticismo en su máximo esplendor.

Quién pudiera ser pingüino…

Por último, el hecho de que una persona trate de asegurar y mantener su actual relación de pareja, y mientras tanto quiera experimentar con otras personas sin exclusividad alguna, demuestra un alto grado de temor a quedarse solo y a no encontrar a otra persona que le aguante como lo hace su pobre pareja.

Esto define rasgos de las personas que quieren apostar por este tipo de relación: mostrando debilidad, aversión al riesgo y miedo al cambio. Vamos, que son un poquito cobardes.

Para ir terminando, lanzo una pregunta que me inquieta en este tema.

Si crees que tienes una relación abierta ¿estás convencido de que tu pareja es consciente? Porque si es así, más allá de que tu “pareja” haya dicho que sí a la propuesta (por decir algo), no creo que le agrade mucho ese tipo de relación. Y si le agrada de verdad, lo más posible es que entonces le de igual lo que hagas con tu vida.

En todo caso, asegúrate de que tu pareja no sea un mono viviendo en el cuerpo animal equivocado, y compra entradas para el zoo en la “Penguin Zone“, porque es el único sitio donde vas a ver amor del bueno.

 

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